el viento que cambia de dirección…

Un día… uno cualquiera, te dicen te quiero, y te lo crees. Te dicen que te entienden, que te comprenden, y sientes que es verdad.

Un día, te dicen que puedes contar con él para cualquier cosa, y te sientes bien, te sientes más tranquilo… porque sabes que está él ahí. Que te ayudará, que te apoyará.

Te sientes seguro. Sientes que puedes afrontar cualquier problema, que todo saldrá bien. Y aunque no salga, sientes que él te dará la mano y conseguirás superarlo en un momento.

Y eso aunque esté lejos.

Un día, uno cualquiera, escuchas un te quiero, y te sientes indiferente. No sientes que sea así. Es como si oyeras llover, y estuvieras  dentro de la casa, junto al hogar.

Ese mismo día, te dicen que puedes contar con ese mismo “él” de ese otro día… y te sientes solo. Te dicen “cuídate”, y no sientes la necesidad de cuidarte. Suena a una fórmula de despedida, o de bienvenida. Sientes que el beso de despedida es… un emoticón sin vida, sin alma.

Ese día, ves que aunque el del tiempo dijo que haría sol, hay nubes negras.

Ese día te dice que “puedes contar con él” y te sientes solo y vacío. Y tienes miedo. Y sientes que, en la primera ráfaga de viento, caerás y no sabrás levantarte.

Rememoras… y no encuentras un momento preciso en el que las cosas cambiaron.

Y como siempre, acabas sintiéndote culpable por si hiciste algo mal…

Acabas sintiéndote culpable por sentirte como un lingote de hielo.