La otra fiesta en el parque (III)

La otra fiesta en el parque (I)

La otra fiesta en le parque (II)

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Iba caminando despacio. Se entretenía con cualquier cosa que encontraba en el camino. Con un niño, con una flor, con el canto de un pájaro, ese que le gustaría saber su nombre, pero que en realidad se la traía floja.

Se sonreía. Estaba hablando mentalmente y pensaba que él siempre había cuidado mucho su lenguaje. Por eso se sonreía al escucharse así mismo diciendo esas frases que su madre hubiera calificado de “poco apropiadas”.

Vio su banco a lo lejos.

Se paró a mirarlo.

Había otros muchos bancos libres… quizás fuera buena idea sentarse en otro distinto. Incluso mirando en sentido contrario.

Pero no.

Hoy no.

Al fin y al cabo, hoy, la razón de estar allí, era él. Sí. Era él otra vez.

Con paso lento, fue hacia su asiento habitual.

Seguía sin poder levantar los hombros.

Al final llegó.

Se sentó.

Dejó la bandolera a su lado.

Sacó el libro… no recordaba siquiera como lo había metido en la bandolera. No tenía ese momento en su cabeza.

Había perdido la marca.

Daba igual.

Miró a su alrededor, pero no fue capaz de fijar su mirada en nada.

Bajó la cabeza.

Cruzó los brazos… con el libro en una de sus manos… y se puso a mirar al suelo.

Se fijó en sus zapatos. Tenía que tirarles. No se había dado cuenta hasta ese momento que estaban tan asquerosamente estropeados.

Dobló las rodillas hasta meter los pies debajo del banco, para no ver su calzado.

Y perdió la noción de dónde estaba, de que hacía. De por qué, y para qué estaba allí. No recordó el deseo de saber como acababa la trilogía de Libertad Morán, como acababa Sara, como le iba a Pilar, y esa nueva chica que había aparecido y que ahora mismo no se acordaba del nombre.

No tenía ni hambre.

Levantó un instante la vista. El parque se había quedado prácticamente vacío. Todos se habían ido a sus casas a comer Solo unos chavales, a lo lejos, estaban sentados en la hierba y comían unos bocatas.

De repente notó como si alguien le cogiera el libro de sus manos…

– Está bien este libro.

Giró su cabeza. Él estaba allí.

Se incorporó un poco, sin levantarse… puso su cuerpo en tensión… estaba confuso… era él… ¿estaba soñando? ¿estaba confundido? Había escuchado su voz… no recordaba haberla escuchado nunca… o sí… no estaba seguro… no era una voz maravillosa, pero ¿era su voz?

Lo miró fijamente…

Era él…

Alargó el brazo…, quería tocarle…

Le tocó… le rozó el brazo…

Era él… ¡¡¡Era él!!! No era un sueño… no…

Levantó la mirada… casi no se había atrevido a hacerlo…

Era él…

Parecía más delgado, hoy no se había afeitado, llevaba el pelo desordenado, pero esta vez no era desorden estudiado…

Había cambiado mucho… pero era él… era su mirada… eran sus ojos, ahora les recordaba… sí, sí… era él…

– Hoy sí que te hubiera aceptado esa tarta que me ofreciste el otro día.

Lo seguía mirando… no podía decir nada… al final acertó a abrir su bandolera… y mirar si llevaba algo de comer… ¡¡Mierda, no llevaba!! Solía llevar alguna cosa, algún dulce.

– Pues… no tengo nada…

Un hilillo de voz,  solo un hilillo salió de su garganta…

– Te vi antes en el autobús, pero no pude saludarte… cuando bajé ya te habías ido.

No supo como salieron esas palabras… no era consciente de haberlas dicho… pero se las escuchó…

– No era yo. Yo estaba en casa. Era mi hermano. Se parece mucho a mí. Te vi desde la ventana.

– ¡ah!

Juanjo no sabía que decir… todas esas cosas que hacía apenas unos minutos se repetía hasta la saciedad… ahora de nuevo se habían evaporado.

– ¿Me has seguido?

– No… no hubiera podido.

– ¡Ah! – seguía sin saber que decir, parecía un memo, o esa impresión se daba a si mismo.

– ¿Cómo te llamas?

– Juanjo. ¿y tú?

– Eduardo.

– Encantado…

Y alargaron la mano los dos, y se la estrecharon. Aunque Juanjo hizo un gesto como para erguirse un poco y darle dos besos… pero al final… entre los gestos de cada uno contradictorios y no muy decididos, hicieron un saludo medio de  manos, medio de besos… una cosa rara, salpicado de risas nerviosas, que hubiera hecho las delicias de cualquier espectador externo a la escena.

– Te estuve esperando.

– Lo sé

Juanjo se quedó pensativo…

– ¿Lo sabías?

Ahora era Eduardo quien se quedaba pensando como seguir.

– Te miraba desde los arbustos del fondo.

Juanjo no sabía como… no sabía…

– ¿Por qué?

Eduardo le miró a los ojos por primera vez. Era como si quisiera ver dentro de él si hablaba en serio o le estaba tomando a broma. No vio nada de broma, sino ansiedad, y nervios, y espera de una respuesta, incluso vio un poco de cariño, o un mucho… pero ahí no sabía discernir lo que veía de lo que quería ver.

– ¿No es evidente? – y diciendo esto abrió los brazos, como mostrándose.

Juanjo le miró. Le miró de arriba abajo. No vio nada que le produjera rechazo, o que le llamara la atención de una forma extraordinaria, como el gesto de Eduardo parecía indicar que esperaba.

– Yo te veo igual.

– Y… ¿la silla de ruedas?

Juanjo se tapó la boca con su mano libre. ¿Cómo se le podía haber escapado ese detalle? Se maldecía por no haber estado a la altura, por no haberse preocupado por lo que le había pasado… había quedado como un patán.

– ¿Qué paso? – preguntó aceleradamente.

– Un accidente. De coche. Me atropellaron.

– ¿Cuándo?

– El día de tu cumpleaños.

Juanjo se le quedó mirando apenado… no le gustaba que ese día tuviera un significado triste para Eduardo.

– Lo siento…

– No es tu culpa.

– ¡Hola!

Levantaron los dos la cabeza. Indudablemente era el hermano de Eduardo. No podía negarlo. Y también pensó que era el chico que vio salir del autobús. Era muy guapo también. Alargó la mano hacia Juanjo para estrechársela…

– Me llamo Gaby… tenía ganas de conocerte.

– Juanjo ¿Y eso? ¿Por qué tenías ganas de conocerme?– dijo levantándose

– Estaba cansado de venir a traer a Dudu, a pasear por el parque, como si no quiere la cosa, y sentarnos detrás de esos arbustos a mirarte.

Eduardo miró a su hermano como su fuera un asesino en serie. Y de paso se puso como un tomate…  colorado, colorado.

– Venía a buscar a mi hermano; mamá está preocupada – dijo cambiando de tema y mirando a su hermano.

– Dile que no se preocupe- contestó Eduardo – estoy bien.

– Pero deberás ir a comer.

– Pensaba invitarte a comer – atajó Juanjo – ¿te parece?

Eduardo se quedó pensando un rato… miraba a Juanjo… quería ir a comer con él, quería conocerle, pero no podría hacerlo si descubría algún atisbo de lástima.

– No te sientas obligado – dijo al final Eduardo, que aunque no veía nada de eso en Juanjo, nunca estaba seguro de ello.

– No te sientas obligado tú a venir si no te apetece.

– Me apetece.

– ¿Entonces?

Fue Gaby quien se apresuró a contestar, aun a riesgo de recibir otra mirada furibunda de su hermano.

– No soportaría que le invitaras o estuvieras con él por pena, por lástima de encontrarse en una silla de ruedas.

Juanjo se quedó pensando un instante, mientras Eduardo miraba a su hermano como si fuera el mayor enemigo de la humanidad. Gaby solo miraba a Juanjo. Tenía interés en ver como respondía. Y estaba atento a cualquier gesto.

– Y yo no soportaría – empezó a hablar Juanjo, mirando a Gaby – que viniera a comer conmigo por que le di pena el día de mi cumpleaños. O porque hoy le haya parecido patético. O todos esos días que os quedabais mirándome. ¿Crees que a tu hermano le parezco patético?

Gaby quedó conforme. Miró a su hermano, que seguía indicando con el gesto de su cara que estaba a punto de matarlo.

– Entonces… ¿nos vamos a comer? – dijo Juanjo.

Y diciendo esto, se levantó definitivamente del banco y le tendió la bandolera a Eduardo.

– ¿La llevas tú?

– Llama luego a mamá, que no quiero aguantar sus neuras.

– Otras veces las aguanto yo por ti, no te jode.

Gaby se dio la vuelta con una medio sonrisa en los labios y se fue hacia su casa, haciendo un gesto con la mano levantada, sin girarse.

– Conozco un restaurante excepcional por allí. Vamos.

Y dio la vuelta a la silla de ruedas y empezó a empujarla. Eduardo iba a protestar, pero lo que vio en la cara de Juanjo, le hizo desistir.

– ¿Y como tienes las piernas? – preguntó Juanjo, sin darle ninguna importancia ni relevancia al tema, como si le preguntara que le había parecido la última novela de Ruiz Zafón.

– Por cierto… – atajó otra vez Juanjo sin dejarle contestar –  ¿te gusta el marisco? Es que estoy pensando que hoy nos podemos poner hasta el culo de marisco en el restaurante de unos amigos y por 4 duros… ¿te apetece?

– Vamos…, sí, me encanta… pero…

– Como digas algo de que será caro, de pagar o algo de eso, te empujo al estanque. Así que tú verás. Y el color del agua… es como para llamar al baño.

– Vale… me callo.

– Me ibas a contar tu accidente…

– Pues no tiene mucha historia… el caso es que… oye que me acabo de dar cuenta que voy hecho un adefesio, quizás debiera ir a casa a cambiarme de ropa…

– Para mi estás guapísimo… y además yo voy a juego, fíjate que pinta tengo, y mira mis zapatos… y sabes, no veo a nadie por aquí cuya opinión deba ser tenida en cuenta… ¿me estabas contando?

– Pues…

Y emprendieron el camino al restaurante. Juanjo empujaba la silla. Eduardo llevaba en su regazo la bandolera, y el libro de Libertado Morán. Y mientras hablaba… y sin darse cuenta, abrió la bandolera, y lo guardó en ella.

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La otra historia en el parque completa.

¿Nos comunicamos?

“Conversaciones de como has estado”

Aunque parezca mentira, es una búsqueda por la cual alguien ha llegado a “El rincón de tatojimmy”. Hay otras muchas expresiones curiosas, que iré comentando, en este blog o en el subido de tono “Y… vuelven mis dedos a volar sobre el teclado” , porque algunas de las cosas que la gente pregunta a Google ó a Yahoo para llegar aquí, son… un poco subidas de tono… ejem.

Pero esta expresión, me ha llamado la atención. Y no sé si la interpretación que le doy es la adecuada.

A mí me suena a alguien que no sabe como enfrentarse a preguntarle a otra persona, sobre un tiempo que ha estado malo, o enfermo mejor dicho, o que ha tenido algun a tragedia… o que no sabe como iniciar una conversación,  sencillamente, y necesitara buscar ejemplos para inspirarse.

Me ha llamado la atención porque… estamos en la era de la comunicación, y parece que en el fondo es cuando menos nos comunicamos. El otro día leía en el blog de Mr. Closet, que por cierto, no le pude comentar porque no me dejó el blog, y luego me he olvidado (soy lo peor últimamente), que él, cuando empezó el blog, hacía un llamamiento para que todos los que fueran como él se acercaran a su blog para apoyarse y esas cosas. Y se quejaba de que nadie con esas características hubiera respondido.

Y claro, te preguntas… estamos en un blog público, vale. Pero si escribo algo en un comentario… nadie va a saber que he sido yo. Puedo ponerme un nick tan estupendo como Álvar, y en realidad te llamas Iñaki. Pero aún así, aún en el anonimato, cuesta comunicarse. ¿Tenemos miedo de expresar tranquilamente nuestras opiniones?

Yo creo que hay muchas más personas que siguen este blog o el subidito de tono con regularidad. Pero que nunca intentarán interactuar con nosotros.

¿Os habéis fijado en que muchos grupos de personas, aun yendo juntos por la calle, llevan sus MP4 en las orejas, o sus iPods, o lo que sea? No, no me refiero a que cuando van solos lo hagan, sino yendo en grupo.

¿Estamos llegando a un punto en que nos cuesta mantener una conversación? ¿Qué no sabemos charlar con un amigo? ¿Preguntarle?

Esta tarde me voy a dedicar a llamar por teléfono. Sip. Para no perder práctica en charlar.

“Conversaciones de como has estado”

En fin.

¿Qué se os ocurre a vosotros?

Simon Nessman, modelo.

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Es uno de los modelos más cotizados del momento. Es canadiense, y tiene 19 años.

Pero lo más importante… jijijiji, es uno de mis modelos favoritos. Como diría Saiz, es morboso.

Con este sí que sí, me gustaría tomar un café con pastas. Pero… como siempre, no tengo su teléfono para llamarle. Aunque, digo yo, podría ser él el que me llamara ¿no? jijijiji.

Star Trek, la peli.

Tchan tchannnnnn…

Pues fui a ver el otro día…

¡¡¡Star Trek 2009!!!! ó  ¡¡¡Strar Trek XI!! ó ¡¡Star Trek reload!! ¡¡Star Trek!! y ya.

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¡¡Yupi yeahhhhhhhhhhhhhhhhhhh!!

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Así que nos situamos:

Cines Box.

Sala 6

Hora: 22,05

Precio entrada: 6,50 Eur.

Un cuarto de entrada, siendo generosos. Olor a choto en la sala, lo que quiere decir que no ventilaron bien, y que en la sesión anterior hubo mucha gente.

Captain James Tiberius Kirk - Star Trek

Aunque, vamos, que digamos que no va a ser un taquillazo. Hannah Montana, está en una sala mucho más grande. ¡¡Qué pereza!!

Y es que, “Star Trek” es una peli de esas que generan polémica. Tantos fans esperando, que seguro que le sacarán todas las pegas del mundo. Habrá enemigos y defensores acérrimos. Otros muchos, no irán a verla por la mediocridad de las últimas pelis de la saga. Y otros no irán a verla, precisamente por ese fanatismo que despierta en muchos.

Porque mira que hay cosas de Star Trek. Es una serie de televisión, con varias temporadas en diferentes épocas,  son no sé cuantas películas, y con una legión de partidarios que conocen cada detalle de la serie. Con foros, reuniones, webs, concursos, maratones…

Dr. Leonard McCoy - Star Trek

Produce y dirige además, JJ Abraham, a sazón responsable y culpable de otra serie de culto, “Perdidos”. Un cóctel explosivo.

Pero sabéis una cosa… está muy bien. Sí.

Es una película para  pasar un rato. Para disfrutar con la acción, con peleas, con historias increíbles. Con algunas moralejas, porque como siempre, estas cintas siempre tienen una moralidad propia, con unas reglas inherentes a ella. Con juegos de viajar en tiempo… en estos casos es muy fácil sacar pegas porque casi siempre hay detalles que no cuadran. Pero qué más da. Es una peli para sumergirte en la acción y dejar de pensar, relajarte, dejarte llevar. Y si vas con esa pretensión, consigues olvidarte del mundo. Hacía tiempo que una peli de estas de entretenimiento, no conseguía en mí ese efecto.

Nyota Uhura - Star Trek

Los intérpretes no son muy conocidos. Chris Pine, Zachary Quinto, Leonard Nimoy (superviviente de  la serie original), Eric Bana (édste es más conocido, aunque está la verdad un  poco irreconocible), Antón Yelchin (guapo chico éste), encontramos también a Winona Ryder (pero sale poco), y unos pocos más. No es una peli en la que los actores sobresalgan, pero también se agradece que no desentonen. Porque si recordamos a algunos que salen en pelis de acción… ejem.

Pavel Checkov - Star Trek

Y podría sacar pegas a la peli, seguro. Ahora me pongo y saco un ciento. Ya he dicho antes que hay viajes en el tiempo y cosas así. Pero, creo que me debo quedar con la sensación que tuve al verla. Que se me pasó el tiempo volando, que disfruté, y que me dejó muy buen cuerpo. Y con estas pelis, creo que es lo fundamental. Cine entretenimiento.

Así que… al cine.

Vale, os pongo el trailer.

Esas casualidades…

… y esas citas a ciegas… no son citas a ciegas, sino encuentros casuales que luego se repiten.

El otro día vi “Nunca es tarde para enamorarse” esa película pequeña protagonizada por Dustin Hoffman, y Emma Thomson. Los dos protagonistas se encuentran un par de veces, hasta que entablan ya una relación de amistad. Y luego, aún así, quedan en un sitio público a una hora, para… jijijiji… concretar. No saben dónde viven, no saben sus teléfonos, solo conocen pequeños detalles de sus vidas., los detalles que les ha dado tiempo a conocer en apenas unas horas de conversación.

Es un recurso que han utilizado muchas veces en libros y en cine. Lo hemos visto con Tom Hanks de protagonista, con Meg Ryan, con James Steward, con tantos y tantos…

¿Habéis tenido encuentros así? De estas casualidades que al final parece hacerte pensar que, el destino te junta con una persona.

Estas cosas, de todas formas, creo que hacen un poco de daño a los soñadores, a los que creen en el destino. A veces, es cierto, la realidad supera a la ficción. Muchas veces me he sorprendido escribiendo algo que, me ha parecido casi increíble, y que al publicarlo alguien ha dicho algo así como: “Parece la historia de fulanito”. Pero quizás, estar esperando esos encuentros casuales… hace que algunos pierdan otras oportunidades más tangibles. O que se agobien esperando esa señal del destino, que no llega.

De todas formas, la verdad, es algo que creo que siempre gusta experimentar.

A mi me gustaría experimentarlo.

Veamos el destino… si es propicio… si estás leyendo esto, y vives en Burgos, y ves a un tío con muchos kilos de más, con gafas, bandolera, cuarenta y tantos años.  Que va en bus leyendo, en estos momentos una novela de Mary Higgins Clark, o en una cafetería, que me salude… y nos tomaremos un café a la salud del destino.

Fíajte si me encuentro a un joven maravilloso que se acerca a mí y me dice ¿eres tú tatojimmy?

¡Qué haríamos sin estos pequeños momentos de ensoñación… ¡¡ayyyyyyyy!!

Por cierto, la peli está bien, sin pretensiones. Esos pedazo de actores, son unos pedazo de actores… con algunos tics y amaneramientos… pero se los perdonamos. Aunque el mensaje… el mensaje tiene su aquél. Quizás algún día retomemos ese mensaje.