De vampiros y otras especies chupadoras…

Estos días están de moda los vampiros. Creo que de hecho, estamos oyendo hablar de vampiros desde hace varias semanas.

Y es que la siguiente peli de Crepúsculo, se acerca.

Unos comparan los vampiros de antes con los de ahora. Comparan a Robert Pattinson con Christopher Lee. O comparando a Remus Lupin con Jacob Black, hombres lobo los dos… uno compañero de Harry Potter, y otro rival del vampiro antes citado… por el amor de una mujer…

Y cuidadín… que se acercan unas cuantas series de vampiros. Incluso alguna española. Y las que fueron ya hace unos años…

Pero el caso es que todos parecen estar de acuerdo en que los vampiros son malos de la muerte, pero que a todos gustan. Porque los elegidos para dar vida a los vampiros en la  pantalla, la grande y la chica, anda que no son guapos… guapos. Guapos… y malos. Extraña y atractiva combinación. Porque suele ser… el guapo es tonto o malo. El feo es listo o bueno. Calla que me acabo de acordar de una excepción… que Ryan Phillippe, haciendo de sesudo investigador, más listo que… que… que el más listo del lugar… sisisisisisi. (Ahora que lo pienso… ¿y todavía no he colgado fotos de este chico? Tengo que buscar una cuantas… sisisisisisisisi.)

Ya me he dispersado… y mira que me lo dice siempre Robin… pero ¡Qué coño! Me gusta dispersarme… sisisisisi.

Pues como iba diciendo, estos días hablamos del atractivo que tienen estos malos de cine. Como si los vampiros no estuvieran a nuestro lado todos los días.

¿Qué es un vampiro? Un tío que te chupa la sangre. Que se aprovecha de ti. Y que al hacerlo, te obliga a vivir de una determinada forma.

Fijaos si no hay matrimonios así. Uno de ellos vampiriza al otro. Se aprovecha. Uno de ellos tiene como finalidad satisfacer sus necesidades, llámese miedo a la soledad, al que dirán… incapacidad para vivir solo, o para hacerse la comida. Son relaciones en las que uno de ellos suele estar continuamente haciendo chantaje emocional al otro.

O fijaos en esas parejas en las que uno se aprovecha del dinero de la otra. O de su posición social. O esas parejas en las que uno elimina de un plumazo la vida anterior del otro, borrando a sus amigos del mapa, a su familia. Y obligando a su pareja a seguir las senda que él marque.

Fijaos… fijaos en los ligues de una noche. Sip. El cazador-vampiro, y la presa-víctima. El cazador es capaz de prometer y prometer… desde amor eterno hasta un piso en Benidorm. Hasta llegar a la cama. O al sofá. O al coche. O los más cutres, al servicio de la disco. Yo me imagino la escena. Uno pegado contra la pared. El otro enfrente, apretando. Uno con la cabeza girada hacia la derecha. Otro con la cabeza en el lado izquierdo del cuello del otro. Uno muerde. El otro grita. Uno se corre… al otro que le den.

“Te llamaré” dice el vampiro.

Y a la tercera noche, la víctima, cansada de recorrer los garitos en busca de su “amor eterno”, ese que le mordió y le succionó… lo que sea… ejem… es consciente de que fue engañado, que se aprovecharon de él, y que necesita chupar… lo que sea a otro por ahí… para saciar su necesidad, su rabia, su adicción al vampiro primero.

Sisisisisi, pero estáis pensando que vosotros no conocéis casos así. Que esas cosas solo ocurren en los garitos del lado oscuro de la noche. O en los matrimonios aburridos… hummmmmmmmm. O  en los chats de… esos sitios. O en páginas de perfiles…

Pero todos tenéis amigos. ¿Sí? Entonces tendréis algún vampiro entre ellos. Sisisisisi. Uno que se escaquea de pagar el 90 % de las veces. Él que siempre le llaman por teléfono cuando le toca pagar, o que está en el servicio, y algún alma caritativa le paga la ronda, esperando que cuando acabe de hablar o de mear, el interfecto pague la ronda que le tocaba.

Yo recuerdo… recuerdo un hombre que era extraordinario para eso. Sisisisisi. Siempre se acercaba cuando iba a pagar uno. Y siempre conseguía que se oyera esa frase… “ponle lo que quiera, y cóbrame todo”. Cuando jugaba a las cartas o al tenis… y se apostaban la ronda jugando a dobles. Si perdía, casualidad, como ahí no podía escaquearse, no tomaba nada. O un cortito. Y cuando ganaba, “una jarrita de ½ de cerveza con limón, y un pinchito, que se ha hecho hambre”. Este hombre siempre se acercaba al pedir al jefe del bar… para que pareciera que le invitaba el jefe. Así el camarero, al estar con su jefe, no se atrevía a reclamarle el pago de su consumición.

Este hombre, ahora que pienso… no sé si era un  vampiro, o una garrapata. Porque era feo… jajajajajaja.

Pues… los amigos pueden ser también vampiros en cuestiones menos monetarias. Con los problemas, por ejemplo. Jairo tiene un amigo, Eustaquio. Eustaquio le llama, porque ese día está jodido: le ha dejado la novia, diciéndole que es lesbiana. Jairo corre a su encuentro. Pone el hombro. Horas y horas escuchando como Eustaquio pone a parir a su novia. Una y otra vez. Repitiendo y repitiendo las cosas. Jairo escucha estoico. A la semana, Jairo llama a Eustaquio. Está desesperado, porque está agobiado en su trabajo. Está al borde de un ataque de ansiedad. Eustaquio promete llamarle luego, porque ahora está intentando ligar con el vecino del quinto, que se dio cuenta que era gay… y estaba disfrutando de la novedad… y Jairo espera, y espera… Pero hasta que Eustaquio tenga hambre, Jairo no sabrá de su amigo.

A mí, una de las cosas que más gracia me suele hacer es… cuando empiezas a hablar con un  amigo, y te dice: “Cuéntame como estás, que siempre acabamos hablando  de mí”. Y tú te lanzas… este pobre que está preocupado por mí… que dice que le cuente… pues le voy a contar que… estoy con el trabajo a mil, con mi amiga Filomena, que me ha hecho esto y esto…” y de repente, cuando tú llevas dos minutos hablando escuchas estupefacto… “¿Y fuiste al cine ayer? Porque yo vi el otro día “Historias de Filadelfia”. Y tú apenas consigues cerrar la boca, y empezar a escuchar lo bien que se lo pasó viendo esa peli… último estreno… y que fue con Raúl y Guti, y que… pues eso. Mañana seguramente te volverá a entrar ese amigo enfadado contigo porque no le cuentas nada… sisisisisisisisi.

O cuando tú intentas que te pregunten… porque eres tan bobo que no quieres obligar a nadie a escuchar tus problemas… y dices… “es que estoy de un estresado” “Es que mi novio” “Es que mi padre”  y después de esas frases, en lugar de escuchar algo así como… dime… escuchas el ruido de la lluvia en la calle…

Y sí… no sé por qué, pero los chicos con pinta de malotes… tienen algo que atraen. Y los que no tienen pinta de malotes, pero son unos cabrones. Unos desaboridos.

Creo que lo voy a dejar… porque me estoy viendo mordiendo cuellos sabrosos… ¿te dejas morder el cuello por mí? Me voy a cortar las uñas… huy… que me acabo de dar cuenta que las tengo muy largas… sip.