Una buena mañana para correr (3).

Fermín levantó la cabeza, sobresaltado. Un chico le miraba sonriente, desde la superioridad que da el que estuviera de pie, y él sentado. Tardó en centrar la vista… y luego no relacionaba a ese chico con un  nombre. Su cabeza trabajaba a todo ritmo… pero no lograba…

– Hola – dijo apresurado Fermín, para no parecer descortés. Estiró su mano para dársela…

– Anda, dos besos mejor ¿no?

Y el chico se agachó… Fermín medio se levantó… casi chocan… se rieron nerviosos… al final atinaron a darse esos dos besos de saludo.

– Qué lío nos hemos montado en un  minuto – dijo el chico.

– Sí – dijo mirándole fijamente, pero casi sin poder ocultar su nerviosismo… le sonaba… y es que era guapo el condenado también…

– ¿Me puedo sentar? ¿Te importa?

– No, para nada… siéntate… huy… lo que no sé es dónde….

– Espera, voy a buscar una silla… espera, allí veo una… ahora vuelvo.

Fermín no dejaba de pensar… ¡¡Hostia puta!! Joan… el amigo de Gervasio… cómo se le podía haber olvidado…

– Ya estoy aquí.

– Sí…

– No sabes quien soy, ¿a que no?

– Sí… perdona… que… bueno… que no te reconociera al principio… ¿se me notaba mucho?

– Na… no demasiao… ¿como estás?

– ¿Yo? Estupendamente… sisisisisisi… fíjate, estoy de vacaciones. ¿Se puede estar mejor?

– Que suerte… ¿En qué trabajas? Gervasio no me ha contado en que trabajas.

– Na, trabajo director de marketing en una bodega de vinos de la Ribera de Duero.

– ¡Joder!… Pero si eres muy joven…

– El jefe es mi amigo… jajajajaja. Casi me subí al proyecto junto a él. Su familia es de pasta y le dieron money para montar la empresa. Él siempre tuvo ese sueño. Somos amigos de toda la vida… y acabé la carrera y me lancé.

– ¡Qué guay! ¿Y va bien?

– No nos podemos quejar… estamos aumentando … huy… perdona, me acabo de dar cuenta que me voy a enrollar como las persianas… y no quiero aburrirte… ¿a que te dedicas tú?

– Yo estudio. Pero no me aburría para nada lo que me contabas…

– ¿Qué estudias?

– Pedagogía.

– ¡Anda!

– Sí…

– ¿Es vocacional?

– Sí, sí… me gusta enseñar… espero dedicarme a los niños con problemas… Si tuviera pasta me iba a estudiar Psicología a Salamanca… o Madrid… para completar…

– Eso suele ser que has conocido a alguien con problemas…

– Yo mismo… yo he tenido muchos problemas… soy yo mismo el que me sirve de acicate.

– ¡Vaya! ¡Lo siento!… no quería…

– Ya, ya…

– Bueno…

Se quedaron callados un rato. Fermín estaba un poco avergonzado por haberle llevado a decir cosas tan íntimas. Aunque en verdad, lo que le avergonzaba esa el saberlas…

– ¿Sabes algo de Gervasio?

– ¿ein?

Fermín se volvió a quedar descolocado…

– Ya veo que no…

– No… bueno hace unas semanas estuvimos corriendo juntos…

– Vaya…

– Sí, pero desde entonces…

– Sigues pillado por él ¿eh?

– ¿Eh?

– Es que se te notaba la hostia…

– ¿Sí?

– Sí.

– ¡Ah!

Joan le miraba con una medio-sonrisa en sus labios. Si la miráramos a la ligera, podríamos pensar que se sentía superior a Fermín, como si estuviera por encima de él… por encima de las cosas o sentimientos que pudiera tener en ese momento su compañero de mesa… pero si la miramos con más atención, en realidad era una mirada de pena… mezclada con una sensación de animarle, de quitar importancia al desierto por el que parecía estaba pasando Fermín…

– ¿Tú sabes algo de él? Se atrevió a preguntar al cabo de unos minutos Fermín.

Y lo hizo con la cabeza gacha, sin mirar a Joan. Sin atreverse a ver la reacción que iba a tener… no sabía siquiera si quería oír la respuesta…

– Sí y no… – contestó Joan… tampoco muy seguro de cómo contestar…

– ¡Ah! Muy esclarecedor…

– ¡Ains! Es que…

– Joan, vamos a ver… nos presentó un día Gervasio. Eres amigo de él, supongo. Me dices hace unos instantes que se me notaba a la legua que estaba más coladito por él que… que… que… joder no se me ocurre ninguna comparación. Pero me entiendes… o sea que sabías si te sentabas en esta mesa, que Gervasio iba a salir. Porque es evidente que sabes que está de viaje, o que está con su marido, porque a lo mejor está casado, o que ha muerto de un cáncer fulminante. O sea que ahora no te hagas el indeciso, el estrecho. Si te has sentado aquí, si hoy me has buscado, es que querías contarme algo de él, o que yo te contara o regodearte en la simpleza mía de estar jodido desde hace meses, desde que le conocí…

– E…

– Cállate un segundo, please. Déjame acabar.

– Vale, vale… no di…

– Pues eso, cállate un segundín. También podría pensar que quisieras ligar conmigo. Pero… 1º eres demasiado guapo… no entro en el target de que los guapos, guapos como tú se acercaría a ligar. Podría intentar conquistarte con otras armas… pero yo a ti… no al revés, que tú tendrás a quien quieras cada noche. Incluso serán capaces de ir a cuatro patas por el Espolón detrás de ti en pelota picada, si les pones esa condición para que puedan besar tus pies esa noche. ¿Te dedicas a los señoritos de compañía? Una pasta podrías ganar… Voy al grano que me lanzo y esto está quedando un poco confuso.

– B…

– Enseguida acabo, Querido. – Y exagerando un amaneramiento que en ningún caso tiene, le golpea cariñosamente el brazo, después de que la muñeca casi se le dislocara de lo que la giró hacia arriba…

– P…

– Y punto 2. Si no recuerdo mal, estabas casado. O tenías un novio que casi era marido. O algo así… Espera… espera… un chico mayor que tu… bastante mayor de hecho… y te tenía absorbido todo tu interés… y según me contó entre risas Gerva, eras una especie de mantenido…  así que no te hagas el pudoroso… o el que no quiere hacerme sufrir… has venido a eso, a verme sufrir… así que suelta. Dispara.

Joan se había erguido en la silla. Miraba fijamente a Fermín. Había desaparecido cualquier atisbo de sonrisa o misericordia en su mirada, en sus labios. Empezó a recoger su mochila del suelo, y a meter una libreta que hacía rato que había sacado, antes incluso de sentarse con Fermín.

– La verdad es que me has dado dónde más me duele. Empezaré por lo que te interesa. Gervasio está en Santander. Vive allí habitualmente. Esta temporada que estuvo aquí, era por trabajo. Y allí vive con su mujer y sus dos hijos. Gemelos. De dos año.

Fermín se quedó blanco.

– ¿Así querías el tema?

– Sí…

– Y antes de irme te aclaro un par de cosas. Me acerqué a ti porque me dabas pena. Porque resultas patético. Y como te dije antes tengo esa vocación de ayudar a los niños, y tú hoy no tienes 25 años o los que tengas. No pasas de 10.Eso antes de hablar. Una vez que abres la boca, siquiera llegues a 6. Y quería sacarte de dudas. Y punto 2. Ahora mismo no tengo ninguna gana de ligar. Físicamente, la verdad es que en circunstancias normales, me pondrías, aunque para que negarlo, no eres nada guapo. Pero sabes, hace 2 meses murió ese que me mantenía. Murió tras pasar 3 meses en el hospital, debatiéndose entre la vida y la muerte. Y ese que me mantenía, era mi marido. Y además le debo la vida. En todos los sentidos. Y sabes lo mejor… le amaba. Profundamente. Aun después de 8 años de relación. Perdona que te haya entretenido. No, no te levantes, no hace falta darnos dos besos ni leches.

Y Joan embocó el pasillito que daba a la salida.

Fermín miraba por donde se había ido Joan.

Fermín estaba impasible.

Abrió el libro.

“Llévame a casa” de Libertad Morán.

Página 108:

“Tardaron un par de horas en llegar a su destino. Cuando se bajaron de la moto…”

 ________

Historia completa seguida. (capítulos 1 al 75)

Historia completa seguida (capítulos 76 a final)

Historia por capítulos.

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18 pensamientos en “Una buena mañana para correr (3).

  1. ay pobre, eso es desahogarse y lo demás tonteria, pero jo, si no se conocian tanto no tenía que haberse soltado asi.
    Bueno, pues ale, ya lo he leido, asi que ya puedes colgar mas porque imagino que no me dejaras con la intriga de haber como se arregla el desaguisado ¿verdad, verdad, verdad?, porque me da que oigo una risita de fondo 😉
    Un besito.

  2. ¡Joer nen! Que difícil que lo has puesto… Ya veremos como lo arreglas, bueno si puedes arreglarlo.

    Yo no habría sido capaz de leer una sola letra de ese libro, lo habría visto borroso… Por las lágrimas claro…

    Un abrazo,

    Josep

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