Pues… oye… que sí… que nevó en Burgos…

Pues sí… parecía que nos íbamos a librar como el año pasado, que nevó en todos los sitios, y no lo hizo aquí. Recuerdo mi viaje de vuelta desde Málaga, rodeado de nieve por todas partes… Jaén, Granada… pero en Burgos… no.

Pero no. Hoy nos ha tocado. Más bien… una hora tarde al trabajo, un cansancio del copón… Una cita médica de papá cancelada…

Pero… me he dicho… vamos a sacar unas foticos de lo guapa que ha quedado Burgos… porque es una putada la nieve, pero hay que reconocer que es bonita.

Empezamos por la catedral.

Vamos a siguir por la ruta de las figuras.

Y vamos a acabr, por uno de los paseos más bonitos de Burgos. Es igual de bonito que desconocido. el Paseo de la Isla.

Y este banco, para sentarme a descansar. Estas botas pesan una tonelada. ¡Joder!

Quisiera acabar este post, felicitando al Ayuntamiento de Burgos, que no nos ha querido privar antes de tiempo, de estas maravillosas vistas, quitando la nieve de las calles, o de las carreteras. Una vez más, se han lucido.

Pero todo se arregla saliendo delante de los periodistas, y con ese aire de seguridad con toques de altanería que les enseñan en los cursos para enfrentarse a la prensa que hacen los partidos, y decir que han estado toda la noche echando sal, 300 toneladas, ó 500… ó 1000 y pasando las máquinas por Burgos.  Y habrá que creerles. Porque como lo dicen con ese tono…

Si pincháis en estas fotos pequeñitas, podréis ver las fotos en grande.

Y por cierto. para bien o para mal, estas fotos las he sacado yo. sip.

Una buena mañana para correr (5).

Joan miró por enésima vez su teléfono. No había ninguna llamada perdida. Fermín no le había llamado.

Recordaba aquella mañana de domingo. Recordaba cuando se metió en la ducha. Recordaba ese primer beso de Fermín. Recordaba cómo le fue recorriendo cada centímetro de su cuerpo. Con sus labios.

Recodaba cuando se corrió por primera vez ese día.

Recordaba cuando fueron al dormitorio. Como se besaron. Como se acariciaron.

Recordaba cuando se corrieron los dos por segunda vez.

Recordaba ese café ya frío que se tomaron después. Y como se corrieron por tercera vez en el sofá del salón.

Recordaba como salieron desnudos con el edredón a fumar un cigarro a la terraza. Como se abrazaron y como se daban calor mutuamente debajo del nórdico. Como se besaron… hasta que empezaron a notar el frío. Como volvieron a la ducha… y como se corrieron por cuarta vez.

Recordaba como comieron un sándwich cuando ya anochecía.

Recordaba las promesas de amor de Fermín.

Recordaba el beso largo y profundo que le dio en la puerta. Y como le prometió llamarle. Al día siguiente. Porque estaba de vacaciones. Y quería pasar esa semana con él, con Joan.

Joan  pensó seriamente en que quizás Fermín fuera el que le hiciera superar a Ignacio. Joan se lo contó así a Rafa… su amigo de toda la vida. Rafa le miró con cara de escepticismo… le dijo que no le conocía. Que no conocía apenas a Fermín. Joan levantó las cejas… y le contestó que “Tú que sabes”.

Al día siguiente esperó la llamada. Lunes. Tenía clase… pero no fue. Esperaba la llamada. Rosa le llamó… le contó… Rosa le dijo que fuera a clase… Joan le dijo que vale…

Pero no fue hasta el miércoles.

Tuvo que ponerse las pilas para recuperar el tiempo perdido.

Inés, su compañera. Le dijo que si no era muy pronto para olvidarse del “amor de su vida”. A Joan le contestó que si debería haber muerto con él. Inés le miró con desprecio. Joan no le volvió a mirar a la cara.

El miércoles por la noche, le llamó.

Fermín no contestó.

Llamó 5 minutos después.

No contestó.

Esta vez dejó 10 minutos.

Teléfono apagado

El jueves a las 11, seguía el teléfono “apagado o fuera de cobertura”

26 intentos de llamada fallida.

Ricardo le dijo que a lo mejor era la forma de decir de Fermín que había sido un buen polvo… y que no quería nada más. Joan le miró con cara de cordero degollado.

– Ricar, he perdido la forma. No estoy acostumbrado a estas cosas. 8 años con Ignacio… ya no sé lo que quieren decir los gestos. A lo mejor “te llamo mañana” Quiere decir… “Vete con tu culo a pasear por el Castillo”.

– No te agobies Joan…

– No me agobio Ricar, ya estoy agobiado.

– ¿te pillaste?

– Me pillé la primera vez que le vi. Cuando Gervasio me le presentó.

– Joan…

– Soy bobo.

– Te van a hacer daño. Eres demasiado confiado.

– Ya…

– Ignacios no hay muchos.

– Ya.

– No jodas la vida por…

– De momento ha sido solo una semana.

– Joan…

Y Ricardo se calló. Le miró con cara de pena. Joan no se dio cuenta, tenía la cabeza gacha. Para un observador superficial, podría haber significado que su amigo le daba pena. Para uno avisado, Ricardo se daba pena a sí mismo. Al final, se levantó y dejó sentado a Joan. Le dio un  apretón en el hombro como forma de despedida.

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Historia completa seguida. (capítulos 1 al 75)

Historia completa seguida (capítulos 76 a final)

Historia por capítulos.

Lunes matin: a luchar…

Empezamos.

Nos enfundamos los guantes.

Respiramos hondo.

Nos sentamos unos instantes antes de salir a la calle. De salir y enfrentarnos con lo que la semana nos deparará.

Salimos dispuestos a todo.

Porque es lo que hay.

Porque no hay otra.

Y triunfaremos.

…y llegaremos al viernes.

Tendremos algún moratón. Alguna cicatriz. Las cejas habrán sangrado de ese puñetazo que nos dieron tan certero.

Tendremos, a lo mejor, el labio partido.

Una bolsa de hielo en la rodilla.

Y un filete de ternera en el ojo.

Pero será viernes.

Y el sol saldrá, aunque fuera esté nevando.

…de mensajes del destino y sus interpretaciones… ains…

La madre del cordero. Que es una oveja.

¡¡uffffffffffff!!

Me duelen las cervicales hoy que es un primor. Ya podría venir alguien a darme un m masajito… ¿Qué no decís? Desde luego sois unos desaboridos. No sé por qué os sigo llamando amigos, colegas, seguidores o lo que coño os llame a cada uno. Huy, que equivocación más así… acabo de corregir “seguidores”, porque había puesto “segadores”. Hummmmmmmmmm… ¿Será que las musas quieren decirme algo? ¿Será que alguno de vosotros se alegra de mis padecimientos con las cervicales, y quiere “segarme” la cabeza? ¿Quién de vosotros me va a hacer una cosa así? ¿Eh? ¿eh? ¿Serás tú Jacobo? ¿Serás tú, Mafer? ¿O tú Josep? Por cierto, Josep, si alguna vez tu nombre aparece con h al final, es que no me he dado cuenta de que el corrector la ha puesto sin pedirme permiso. Aunque ahora que lo pienso, a lo mejor es que son las musas que me envían otro mensaje… porque quieren que me de cuenta que en realidad te llamas Joseph, y te apellidas, por ejemplo, Finnes. Y eres un gran actor del Jolibud ese…

Yo tratando con grandes personajes nacionales y extranjeros, incluso interesteral, y yo con estas pintas… sin peinarme, sin afeitarme, y con este pijama viejo y raído… Así que no se fijan en mí, claro, y no me toman en cuenta  para proponerme relaciones, y luego matrimonio… ni audiencias reales con la Reina de Inglaterra… o con Mr. President Obama…

Está claro que esa investigación que fue publicada estos días atrás, en no sé que revista, sobre los pájaros solteros y resignados… Los pájaros feos que se quedan solteros, porque no encandilan a la pájara… Y se resignan… porque se miran al espejo y no se ven  atractivos. Y claro… no hay gimnasios para pájaros, ni botox, ni cremas hidratantes… ni dietas para quitarse esos gramitos de más…

Mis pobres pájaros, solitarios, cantando melancólicamente por las mañanas, por las tardes, en la soledad de su rama de soltero, en su rama de toda la vida, llena de libros, de pelis de DVD… lo que le gustaría decir que la pájara no se cual, va a venir a casa a ver una peli. Porque eso ya sabéis que significa que “nuestro pájaro y la pájara de la rama de al lado, van a jugar a médicos”. Con la peli puesta o no… eso es secundario y completamente indiferente.

Y nuestro pájaro tendrá la estantería llena con juegos como el trivial, el monopoly, el cluedo, “Adivina que hay detrás de esa pluma”… juegos todos de reuniones, de juegos… juegos llenos de hojas secas de hace por lo menos 5 años… los años en que no los saca de la estantería, porque no hay pájara de la segunda rama a la izquierda del sauce llorón de enfrente.

Porque nuestro pájaro es feo.

Porque nuestro pájaro se queda solo.

En fin.

Ahora que lo pienso… ¿esta noticia no será un mensaje subliminal del destino? ¿Me querrá decir algo? ¿Será que como yo me veo estupendo y guapísimo, estará a punto de llamar a mi puerta el pájaro de mi vida? Hummmmmm… ¿O será que ya le conozco, solo que, no lo sabemos ninguno? Hummmm…

Voy a quitar las hojas de encima del Trivial  Strip-tease. ¿Se escribe así? Huy, las hojas no… será en todo caso el polvo… ¿Quién ha dicho polvo? ¿Polvo?

Huy, que tarde es… la cervicales me confunden… me voy volando… que llego tarde a todos los sitios…

PD. Estoy desolado. No… no era que el destino me dijera que estaba cerca mi pareja… la noticia de esos pájaros solteros solo me avisaba que iban a celebrar una convención encima de mi coche, e iban a cagar profusamente en él.

Sip.

Cancelo el quitar el polvo al Trivial Strip-tease.

Cancelo el comprarme un batín para recibir visitas.

Ains.

Me vuelvo a ir, que sigo llegando tardísimo… que además, ahora, debo ir a limpiar el coche… ahora que lo pienso, debería quitarle un  poco el polvo por dentro… al coche digo…

Una buena mañana para correr (4).

Fermín se despertó. Eran las 5 de la mañana.

Se levantó de la cama.  No iba a poder dormir.

Era domingo. Su segundo día de vacaciones.

Se levantó, pues, y se fue a la terraza.

Miró la calle. Era de noche. Y todavía faltarían un par de horas para amanecer. Sacó un nórdico… hacía frío. Se acurrucó dentro de él, y se sentó en una de las sillas. En la terraza.

Miraba la calle.

Miraba la gente que pasaba.

Buscaba lo de todas las noches, o las mañanas: Buscaba a Gervasio esperando a que saliera. O corriendo por los alrededores.

Pero era demasiado pronto para un domingo.

Dieron las siete.

Dieron las ocho.

Empezaba a amanecer.

Al final se levantó y se fue adentro. A pesar del edredón, se había quedado helado.

Se puso el chándal y se calzó sus deportivas.

Y salió a correr.

Corrió durante media hora. Paró unos instantes a recuperar el resuello. Se apoyó en uno de los bancos que había en el parque en dónde había acabado. Iba poco a poco regularizando su respiración. Debería volver a un paso más lento. No estaba en forma. Quizás, si saliera a correr todos los días…

Venía un grupo de frente, Era tres… no cuatro. Tres chicas y un chico. Le saludaron cuando pasaban por al lado. La solidaridad del corredor, pensó Fermín. No conocía a ninguno de ellos.

Empezó a caminar. Pensó en ir adelantando camino. Hacía frío. Cuando se encontrara de nuevo con fuerzas, empezaría a trotar suavemente.

Otro corredor venía de frente. Éste no le saludó al pasar por su lado.

Ya se había recuperado un poco… empezó a trotar suavemente.

Otro corredor.

Una chica.

Otro corredor.

Un chico.

Se fijó en él. Algo le resultó familiar. Le empezó a subir la adrenalina. Pensó… creyó… que era Gervasio… Se puso en tensión… todo le… no podía controlar… El chico que venía iba con la cabeza gacha… levantó la cabeza… no… no era Gervasio… era Joan… Fermín… no tenía ganas de hablar con Joan…

– ¡Hola! – saludó Joan, antes de que Fermín hubiera tenido tiempo de irse por otro camino.

– ¡Hola! ¡Qué sorpresa!

– Me imagino que agradable. No contestes… se te nota en la cara. Yo sigo corriendo, que pierdo el ritmo. Agur.

Y Fermín se quedó mirando como Joan seguía su camino.

Se giró y volvió a empezar su trote.

Al fin, llegó a casa.

Fue dejando su ropa por el pasillo hasta llegar a la ducha.

Se quedó parado sintiendo resbalar el agua por su piel. El agua bien caliente.

Diez minutos.

Quince.

Al final salió. Estaba todo arrugado.

Se secó.

Se miró en el espejo.

No le gustó nada lo que vio. Nunca había sido guapo. Ni su abuela le dijo nunca eso de que era el niño más guapo del mundo. Su abuela debió pensar que no debía engañar a los niños. Ni crearles expectativas que luego no se cumplieran. Nunca había sido guapo. Pero ahora además, pasaba factura las noches sin dormir. La tristeza. La falta de chispa en sus ojos.

Se puso el chándal con el que solía estar en casa.

Se fue a la cocina… pero al pasar por el salón, se fijó que se había dejado el nórdico en la terraza. Menos mal que no hacía viento ese día. Salió a cogerlo. Miró la calle… por si pasaba por allí… Justo pasaba Joan… iba andando… Tuvo un impulso…

– ¡Hey! ¡¡Joan!! Sube, te invito a un café..

Joan se quedó mirando. No parecía muy decidido. Al final cruzo la calle para entrar en el portal.

– 4º A – oyó que decía Fermín por el automático.

Se encontró la puerta abierta.

Entró y la cerró.

– ¡Hola!

Se agachó para quitarse las zapas. Había estado corriendo un rato campo a través, y tenían algo de barro.

– ¿Dónde puedo dejar las deportivas? Tienen barro…

–         Aquí en la cocina. ¿café?

–         Con leche, please.

–         Siéntate en el salón si quieres mientras se hace el café.

Joan le hizo caso y se fue al salón. Apartó un montón de revistas que había en una butaca, y se sentó.

–         A lo mejor te apetece ducharte – gritó Fermín asomándose por la puerta de la cocina.

–         No me importaría, pero no tengo ropa para cambiarme.

–         Te dejo yo si quieres. Dúchate y te saco un calzoncillo y calcetines.

–         No quiero…

–         No es molestia.

–         Pero…

–         Ya me los devolverás. O no. A lo mejor te sirve como fetiche.

Joan se quedó mirándole como escrutando la expresión de Fermín para saber como tomarse esa frase.

–         Perdona – dijo rápidamente Fermín.

–         Bien.

Joan se levantó de la butaca.

–         Por el pasillo, la primera a la izquierda.

Salió Joan pues hacia el pasillo.

Se fue quitando la chaqueta del chándal.

Encendió la luz del baño.

–         En el armario de debajo del lavabo tienes toallas.

Se quitó la camiseta.

Se agachó y cogió una toalla.

Tiró de la goma del chándal, lo bajó un poco, y lo dejó caer.

Se lo sacó con los pies, sin agacharse.

Dejó caer también los calzoncillos.

Abrió la mampara de la ducha.

Dejó correr un poco el agua. Hasta que salió caliente.

Entró.

Cerró la mampara.

Graduó la temperatura.

Colgó la cebolla.

Dejó correr el agua.

Fermín entró con una muda, y un chándal.

Se quedó mirando al trasluz la sombra del cuerpo de Joan.

Dejó la ropa en una silla.

Salió.

Desde fuera, se quedó mirando otra vez la silueta.

Volvió a entrar.

Se desnudó.

Abrió la mampara.

–         ¿qué haces?

Empujó a Joan contra la pared. Se pegó a el. Buscó su boca con la suya.

Besó, besó…

Joan intentaba separarle.

Fermín insistió.

Joan se rindió.

Se besaron.

Fermín recorrió con su boca de arriba a abajo el cuerpo de Joan.

Joan miraba al techo…

Y suspiraba.

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