Una buena mañana para correr (10).

Jaime estaba sentado en su despacho. Con la mirada perdida en algún lugar inconcreto del horizonte. Un horizonte que tenía por medio la estantería llena de libros de enfrente de su mesa.

Giró su silla y cambió de horizonte. Un edificio al otro lado de la calle. Y un cartelón anunciando una exposición de figuras de plastilina. Uno de esos que se despliegan por la fachada.

No quería siquiera confesárselo a sí mismo, pero estaba medio llorando. Tenía suerte, hoy no tenía clase. Con esa cara todos sus alumnos se hubieran descojonados vivos. Ya tenía algún que otro problema para imponer disciplina y que le respetaran, al llevarse solo un  par de años con sus alumnos, si aparece con esa cara de muerto, y esos ojos llorosos…

No sabía que le dolía más. El desprecio de Joan al salir corriendo nada más llamar Fermín, o el haber hecho el ridículo, o el haberse expuesto a perder, y haber perdido. Necesitaba un par de días para recomponer la figura. Para no volver a caer nunca más. Para él era mucho peor arriesgarse y perder, que no jugar nunca otro partido igual. Había estado sin novio, sin novia, 26 años, podía seguir así otros tantos. No estaba preparado para jugar esta liga.

Se sentía ridículo. Ahora mismo se estaba viendo otra vez en el sofá, desnudo, tapado solo por la manta de viaje que le había acompañado desde que tenía memoria con el chico con el que había hecho el amor hacía un rato, un chico que desde que le vio en el campus por primera vez, le había llamado la atención. Luego supo lo de su marido muerto… y quedó prendado de él. ¡¡Dios!! Maldita la hora… él pensaba que Joan iba a ser la persona sensible que siempre había soñado… pero como un sueño irrealizable, y se había encontrado con un chico no tan sensible. Mentía… lo que pasaba es que Joan estaba obsesionado por Fermín…

¡¡Basta!!

¿A quién le importa por quién está obsesionado Joan? El caso es que a él, Jaime, le había jodido. Estaba hasta las narices de entender a todo el mundo. De disculparles,. De ponerse en su lugar.

¡¡Basta!!

Jaime se levantó agitado de la silla. Se estaba indignando… se estaba poniendo furioso, siguiendo el devenir de su conversación interna.

Apenas oyó que llamaban a la puerta. Lo suficiente para girarse hacia ella, pero sin situar el ruido.

Se encontró con un chico al que no reconocía, pero que le sonaba.

Chico con cara de susto.

Jaime se giró también asustado.

Se había dado cuenta de la cara que tendría.

– Perdona

Fue un susurro lo que salió por su garganta.

– Vuelvo luego.

Ricardo tampoco gritó mucho más.

– No importa. ¿Qué querías?

Jaime todavía no se atrevía a girarse. Estaba intentando serenar su mirada, relajar su cara, y secarse sus ojos acuosos. Sobre el color rojo que les rodeaba, no podría hacer nada.

Y no había polen que pudiera servir de excusa. Era invierno y hacía un frío que pelaba..

Daba igual, este chico del que todavía no conocía su nombre, ya había visto su piel de lagarto debajo de su piel de “hombresegurodesimismoycatedraticoalos26”.

Se dio la vuelta.

– Dime

Estaba vez sonó un poco más alto.

– Me llamo Ricardo.

Extendió la mano hacia Jaime para saludarle.

– Soy amigo de Joan.

Jaime ya sabía de qué le sonaba su cara. Era guapo también. De hecho era más guapo que Joan. Pero sin ese aura que el otro tenía.

– Dime.

Jaime no estaba dispuesto a bajar la guardia otra vez.

– Esto que Joan no se ha podido acercar, está un poco pachucho, y me ha pedido que viniera a verle por si tenía su móvil, que se lo dejó el otro día en su casa.

– ¡Vaya!

Ricardo no levantaba su mirada del suelo.

Jaime perdía la suya en algún lugar inconcreto entre el 5 libro de la estantería de la izquierda, balda de arriba, y el 56 libro de la estantería de la derecha, 3ª balda a la derecha.

Jaime estaba haciendo rápidas cábalas de todo lo que le habría contado.

Su furia aumentaba al ser consciente que el chico ese que estaba estudiando la moqueta de su despacho, podría saber hasta el número de pelos que tenía en el culo.

¿Cuánto sabría de hecho?

Estaba entre tirarle por la ventana, para que no corriera más la voz.

No (otra línea de pensamiento nueva) mejor contratar a unos sicarios para que mataran a este chico y al que abrió la boca antes. Los dos de una tacada. Joan y su confidente Ricardo.

Radical.

Contundente.

Pero… ¿Y si había hablado alguno de ellos con otro amigo?

Tenía que preguntar a su amigo Timoteo, del departamento de Química, si habría algún gas desmemorizante para expandirlo por el campus.

Jaime paró un momento. Sin darse cuenta había empezado a andar arriba y abajo de su despacho. Eran dos pasos arriba y dos pasos abajo. Pero aún así los recorría con decisión y furia.

Stop.

Stop pensamientos ridículos. Definitivamente, pensó, la falta de sueño reparador le estaba pasando factura. Este Jaime no era el que había sacado matrícula en la carrera, y había sacado la cátedra con la gorra. Sí, sí… para eso era un lince, un hacha… pero para las relacione sociales…

– ¿Y por qué no ha venido él?

Fue una necesidad el hablar… se dio cuenta que era una gilipollez lo que había preguntado, ya le había dicho ese chico… (¿Cómo ha dicho que se llamaba?… Ricardo… eso…) Ricardo… ya había dicho antes que estaba pachucho.

– Est…

– Sí perdón… (Jaime miró por primera vez con decisión a Ricardo… con una sonrisa de medio lado, entre pidiendo disculpas… y pidiendo disculpas… básicamente por hacer el ridículo), ya me dijiste que estaba pachucho.

Se volvieron a quedar en silencio.

Esta vez los dos quietos.

Los dos mirando la moqueta.

La moqueta estaba limpia. Impoluta podríamos decir. Ninguno de los dos fue capaz de encontrar una simple mota de polvo o suciedad. Y fíjate que la miraron.

– Sí… eh… ufff… perdona, tengo mal día… creo que traje el móvil sí…

Jaime fue hacia la mesa, en donde tenía aparcada la bandolera. Hurgó en ella, y en un lateral encontró el móvil de Joan.

– Aquí está.

Y se lo tendió.

Juntaron sus dedos al soltarlo uno y cogerlo el otro.

Ricardo hizo un casi imperceptible gesto acariciando ligeramente con uno de sus dedos, el dorso de la mano de Jaime.

Jaime casi ni fue consciente de ese gesto. Si no hubiera sido porque sintió como una descarga eléctrica.

Levantó su mirada rápidamente. Espoleado por esa descarga.

Ricardo volvía a mirar la moqueta.

Jaime estaba desconcertado.

– Bueno me voy.

A Ricardo no se le ocurría nada para alargar el tema.

– Sí. Vale.

Ricardo se giró para abrir la puerta.

– Supongo que nos veremos por ahí.

Jaime intentaba no quedar como un bobo redomado. O un antipático supino.

– Sí supongo.

Ricardo abrió la puerta.

Se giró.

Levantó la mirada. Directa a los ojos de Jaime fue.

– Hast…

Ricardo tuvo una idea.

– He alquilado esta peli, “Mi querida Señorita”. Estaba pensando que a lo mejor, tenías DVD y podríamos verla esta tarde. Es que el mío se ha estropeado…

Jaime se quedó sorprendido por la propuesta.

– Esto…

– Sí, perdona… ha sido una tontería. No creo que te apetezca ver esta peli con un alumno… además que ni te interesará ni nada… ha sido un…

– Podríamos quedar sobre las 8. Antes iré a correr un poco.

– ¡Ah! Yo también iré a correr…

– ¡Ah!

– ¿Te importa si corremos juntos? Y luego podemos ver la peli…

– ¡Ah!

Jaime era consciente de que iba de cara de circunstancias a cara de gilipollas, alternando ambas con cara de tonto. No, cada vez estaba más convencido que las relaciones sociales no eran lo suyo. ¿Cómo se atrevería de decirle hola a Joan? Así salió todo, claro…

Era mejor que se disculpara con este chico… (¿Cómo se llamaba?… Roberto… René… ¡Ricardo!), y no intentara hacerse amigo de él… no quería llevarse un chasco… estaba claro que no sabía.

– ¿A las 7 en el Paseo de Atapuerca?

– ¿Eh?

– ¿En el Paseo de Atapuerca?

– Sí, sí…

– Hasta la tarde entonces.

Y Ricardo salió de estampida.

Jaime estaba con la boca abierta.

Jaime, pensó una vez más, que era gilipollas.

Jaime, estaba seguro de que todo iba a salir fatal.

Jaime, pensó entonces que a lo mejor Ricardo se arrepentía, y no iba. Un plantón era lo mejor. Era como amputar la cabeza. Solución rápida. Radical.

Jaime se sentó.

Giró su silla hacia la ventana.

Se había nublado.

Tenía sueño.

Iba a echar una cabezadita.

¿Y si entraba alguien?

“Nadie entra nunca en mi despacho”.

“Soy un desastre… no tengo vid…”

Y se durmió.

______

Capítulo 1.

Capítulo 2.

Capítulo 3.

Capítulo 4.

Capítulo 5.

Capítulo 6.

Capítulo 7.

Capítulo 8.

Capítulo 9.

Historia completa.

14 pensamientos en “Una buena mañana para correr (10).

  1. Vaya cadena de relaciones que nos estás montando…Esto puede acabar eb un lío descomunal…

    Esperemos que Jaime se porte mejor con Ricardo de lo que lo hizo Fermín con Joan…

    Un abrazo,

    Josep

    • Está resultando complicado, sí, Josep.
      pero bueno… si te lías, siempre puedes empezar otra vez a leer el relato desde el principio… jijijijijiji.

      besos.
      muchos.
      envueltos.

  2. Pingback: Una buena mañana para correr (11). « el rincón de tatojimmy v.2.0

  3. Pingback: Una buena mañana para correr (12). « el rincón de tatojimmy v.2.0

  4. Pingback: Una buena mañana para correr (13) « el rincón de tatojimmy v.2.0

  5. Pingback: Una buena mañana para correr (14) « el rincón de tatojimmy v.2.0

  6. Pingback: Una buena mañana para correr (15) « el rincón de tatojimmy v.2.0

  7. Pingback: Una buena mañana para correr (16) « el rincón de tatojimmy v.2.0

  8. Pingback: Una buena mañana para correr (17) « el rincón de tatojimmy v.2.0

  9. Pingback: Una buena mañana para correr (18) « el rincón de tatojimmy v.2.0

  10. Pingback: Una buena mañana para correr (19) « el rincón de tatojimmy v.2.0

  11. Pingback: Una buena mañana para correr (20) « el rincón de tatojimmy v.2.0

Sería interesante que nos dijeras algo. ¡Comenta!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s