Ojala no fuera gay

Muchas veces escuchas frases, pensamientos expresados en voz alta, que vienen a decir… “¡Ojala no fuera gay!”.

No, no hace falta irse lejos para escuchar cosas así. Aquí, a tu lado, es posible escucharlo. Algunos de los que visitan este blog, quizás piensen así.

Miras a tu alrededor, en unos determinados ambientes, y piensas que eso es imposible. Estamos en España, y nos podemos casar. En muchos programas de televisión hay gays que presumen de ello. Celebramos el orgullo con grandes fastos, con multitudes saliendo a la calle, unos disfrazados, unos subidos en carrozas, y otros aplaudiendo desde las calles. Y otros mirando con disimulo en la distancia. O allí mismo, a lo mejor con cara de fastidio porque quieren hacer ver que se han visto rodeados por la multitud y en realidad no quieren estar allí, pero se ven obligados. Algunos de esos disfrutan como enanos… aunque silben mirando al cielo mientras lo hacen.

En Madrid y en grandes ciudades, puedes ver ya con cierta frecuencia a dos chicos agarrados de la mano, o a dos chicas., fuera de las zonas “habilitadas” para ello. Hay revistas dedicadas a los gays, un montón de películas, y otro montón de libros. No hablemos de blogs. Unos con fotos de chicos estupendos, y otros con historias no menos estupendas.

Pero sigues escuchando esa frase. ¡Ojalá no fuera gay!

Yo creo que, según conozco historias, y personas, el ser gay condiciona mucho la forma de ser. El otro día hablaba con una amiga, y expresaba en voz alta la idea de que “hay muchos que tienen la autoestima por los suelos.”

Se sienten raros. Incomprendidos. Incluso muchos de los que parecen aceptar con naturalidad su sexualidad. Pero, el camino hasta esa aceptación, quizás ha dejado muy mermada su autoestima. Y han creado grandes murallas de protección a su alrededor. Incluso algunos se han revestido de una cierta altanería. O se han refugiado en las grandes expresiones de la cultura, del arte, de la ciencia, para aparentar que están sobre todas las cosas, sobre esos ante los que se sienten inferiores.

Me viene a la cabeza una frase de la Biblia: “No soy digno de que entres en mi casa…” No soy digno de que nadie se preocupe por mí, no hace falta… no hace falta nada. Lo necesito todo, pero no quiero ser objeto de limosna emocional de ningún tipo. Porque no valgo nada. No soy nada.

Un día alguien me preguntaba por qué colgaba fotos (me refiero al blog “guarro”), siempre con un toque de pretendido humor. Las razones quizás son variadas. Primero, porque no quiero  dedicarme a colgar fotos por colgar. Muchas fotos quizás enseñen historias. Y con otras, se puede hacer una gracieta. Es un toque para distinguir. Eso no lo aprecian más que los castellano parlantes. Pero bueno… resistiré no llegar a ser nunca el más famoso del mundo, ni el más visitado y enlazado. (jijijiji) Pero la razón fundamental es… que todavía hace falta mucho humor, mucha complicidad, mucho acompañar y quitar trascendencia al hecho de que te gusten los del mismo sexo. Y tengo esa manía… de que alguno de los que se acerquen por aquí, puedan sentirse un poco mejor, al pasar un rato, o viendo fotos, o leyendo historias. Porque tengo esa percepción: que ser gay a muchos, no solo les condiciona con quien sueñen al hacerse una paja, o con quien se acuesten, o a quién persigan con la mirada. Les condiciona hasta su forma de ser. Se sienten raros, distintos, en todos los aspectos. Les condiciona el carácter. Y muchas veces les hace intransigentes.

Y eso aunque no les guste Madonna, o les guste el fútbol.  Aunque se duerman, porque les relaje,  con la música de Barricada, o de Obús.

Ahora que lo pienso… eso de ser intransigente, poco “empático” con los demás, cuando siempre te has quejado de que a ti no te han entendido, ni siquiera han querido entenderte, es algo que merece una reflexión también.

Sip.

Pero otro día.