Una buena mañana para correr (12).

Sonó un móvil. Joan se desperezó. Fermín andaba por la cocina preparando algo de cena.

Buscó su móvil. Entre la ropa, en la bandolera.

Fermín contestó a la llamada. Era para él.

Joan siguió buscando.

Se dio cuenta que se lo habría dejado en casa de Jaime.

Maldijo su mala cabeza. No le apetecía verle otra vez tan pronto. Y menos para pedirle su teléfono.

Fermín parece contento con su conversación.

Llaman a la puerta.

Fermín le dice que vaya a abrir.

Joan va hacia la puerta. Vuelve a ponerse algo de ropa.

Vuelven a llamar.

– ¡Ya vaaaaaaaaa!! – grita Fermín.

Joan llega a la puerta.

La abre.

Un chico.

Un chico con cara de sorpresa.

– Me equivoqué.

– ¿A quién buscas?

– ¿Fermín?

– No te has equivocado. Joan.

– Carlos, encantado

Se estrechan las manos.

– Entra. Está hablando por teléfono.

– No, bueno…

– Entra hombre…

– Vale, vale, nos vemos pasado mañana. Vale, el miércoles. No, el viernes… vale, vale. Si… adeu. ¿Quién era Joan? Pregunta desde el dormitorio Fermín.

– Carlos.

– ¿Carlos?

Va al hall.

– ¿Carlos?

– Hola.

– ¿Qué coño haces aquí?

Joan se le queda mirando. Fermín ha mudado la cara. Está furioso.

– Me dijiste…

– Te dije que ya te llamaría. ¿Te he llamado? Pues aire.

– Pensé…

– Aire. Echamos un polvo y ya está. Si quieres repetir, ponte a la cola.

Joan alucinado con la conversación.

– Me dijiste que me querías.

– Yo no dije nunca eso. Yo no digo esas cosas.

– Sí, antes de follar sí.

– Que te largues. No me ralles. Echamos un polvo y ya.

– Pero es que yo…

– Tú nada.

Y Fermín le empezó a empujar hacia la calle.

– Pero…

– Que nada. Que te largues. No quiero volver a verte. No eres nada, ni lo vas a ser nunca. Eres mierda.

– No era mierda…

– Ese día no tenía otra cosa. Hoy verás que tengo otra cosa.

Carlos se dio la vuelta, Miró implorante a Joan.

Joan miraba a Carlos. Tenía la boca abierta.

– Fuera de mi casa, Carlos. O llamo a la policía. Y no vuelvas a acercarte por aquí. No quiero saber nada de ti. Y no vuelvas a llamarme.

– Pero ayer me dijiste que nos veríamos esta noche…

– Cambié de planes. ¿No lo ves?

– Pero yo estuve esperando…

Fermín abrió la puerta, y le empujó hacia fuera.

Cerró la puerta.

– ¡Qué imbécil! Dúchate si quieres cariño, que acabo de preparar la cena.

– Sí… esto… déjame el móvil que he debido perder el mío. Tengo que llamar a Ricardo.

– Ten. Pero mira la batería, creo que no tiene mucha. Tienes el cargador en la mesilla.

Joan empezó a marcar el teléfono de Ricardo.

Se le ocurrió una idea.

Llamadas entrantes.

Gervasio.

Joan salió del listado de llamadas.

Marcó el teléfono de su amigo.

Aguantó los improperios por llamarle a las 2 de la madrugada.

Le pidió el favor de que fuera a pedirle el teléfono a Jaime.

Colgó.

– Te lo pongo a cargar en el salón.

– Bien.

Joan se sentó en una butaca.

Recordaba pasajes de la conversación de Fermín con Carlos.

“Eres una mierda”. “Hoy ves que tengo otra cosa”. Los varios “te quieros” de la noche, resonaban en su cabeza. “Me dijiste que me querías” “Yo no digo esas cosas” “Necesitabas follar, todo valía entonces ¿no?”

Eso último no recordaba haberlo oído en boca de Carlos. O sí. O lo podría haber dicho él también.

Buscó su ropa en el pasillo, en el salón.

Se quitó los pantalones para ponerse antes los calzoncillos.

“Eres mierda”

Se puso la camiseta.

“Hoy es Carlos la mierda, mañana serás tú la mierda, Joan”.

Se puso los calcetines.

“Me has gustado de siempre, Joan” resuenan esas palabras de Jaime, hacía solo unas horas, en otra casa, los mismos calcetines, la misma sudadera.

Cogió sus zapas. La parka.

Fue hacia la puerta.

Abrió con cuidado.

Y salió.

Bajó las escaleras corriendo. No quería que Fermín se diera cuenta, y saliera a buscarle. No quería que le viera llorar. Era consciente que Inés tenía razón. Y Ricardo. Y Jimena. Y Fernando. Fermín era mala gente. O buena gente obsesionada con alguien, pero que al final daba igual, acaban haciendo daño a los demás, porque ellos sufren. O lo hacen porque les da la gana… o porque necesitan algo, y hacen lo posible por tenerlo. Él sufre, los demás… ¡que sufran también! Parece que sufrir da derecho a hacer daño a los demás. Los demás… ¡¡que les follen!! Y nunca mejor dicho. Se trata de eso. De follar. De sentirse por unos minutos querido, deseado. Da igual que sea  meramente animal, sexual, sin pizca de sentimientos. Total… en la vorágine del mete y saca… del “Chúpamela otra vez Sam”, cualquiera distingue un “te quiero”, de un “más despacio cariño”.

Salió a la calle.

Corrió calle abajo.

Giró en la primera a la derecha.

No podía quitarse de encima la imagen de Jaime.

No podía quitarse de encima la imagen de Carlos, con esa mirada suplicante… mientras Fermín le empujaba hacia la puerta.

Se sentó en un banco.

Se puso las zapas.

Se puso la parka.

Miró a su alrededor. Para situarse.

Daría un paseo.

Otro día que se perdería las clases.

“Eres una mierda”… “Joan, eres una mierda”

Seguía resonando en su cabeza.

Volvió sobre sus pasos. Prefería irse por el lado contrario. No pensaba que Fermín tuviera ninguna intención de salir a la calle a buscarle.

Al cruzar la calle de la casa de Fermín, le vio.

Estaba sentado en la hierba. Con la espalda apoyada en el respaldo de un banco. Las rodillas pegadas a su pecho. La mirada perdida en la oscuridad.

“Eres mierda”.

Se acercó.

– Vamos

Y a la vez que dijo eso, alargó la mano hacia Carlos.

Éste levantó la cabeza.

Miraba pero no veía. Era incapaz de centrar la vista. Tenía los ojos llorosos.

– Vamos – repitió Joan.

Carlos al final vio la mano que le tendía Joan. Tímidamente alargó la suya. Carlos tiró de ella.

Estaba los dos  de pie. Uno frente al otro. Carlos apoyó su cabeza sobre el hombro de Joan. Éste rodeó su cintura con su brazo, y emprendido el camino a su casa.

Hacía frío.

Empezaba a llover.

La calle estaba en silencio. Solo roto por el ruido de un  camión de basura que hacía su trabajo dos calles más arriba.

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Capítulo 1.

Capítulo 2.

Capítulo 3.

Capítulo 4.

Capítulo 5.

Capítulo 6.

Capítulo 7.

Capítulo 8.

Capítulo 9.

Capítulo 10.

Capítulo 11.

Historia completa.