Otra vez de amor… hablemos de amor…

Hace ya un tiempo encontré un blog “Luz de Mercurio” que me llamó la atención, y que desde entonces procuro visitar de vez en cuando. Y el otro día, me encontré  con una reflexión surgida de que su autor fue a ver “Realidad” de Tom Stoppard, al Teatro María Guerrero de Madrid.

Amor y Arte, representada esta última por al “arte de escribir”.

Y hoy me ha dado por reflexionar al respecto.

Reflexionemos pues.

Amor. ¿Qué es el amor?

Vale, sí, ya lo hablamos en San Valentín, que está todavía a tiro de calendario. O casi. Pero yo creo que siempre que se habla de amor, surgen cosas distintas. O algunas, incluso cuando se repiten, suenan distinto.

El amor parece que es un sentimiento que hace que quieras compartir con otra persona tu vida. Que quieras besarle, quieras tener sexo con él, aunque a lo mejor no tenga tu ideal de cuerpo, que quieras dormir junto a él, aunque ronque, que quieres ir a su lado en el coche, con buena cara y sonriente, aunque conduzca fatal y en realidad tengas los huevos a la altura de las amígdalas. El amor, puede ser ese sentimiento que te hace quedar mirando a esa persona con cada de lelo, sin que te des cuenta que las gambas se han planchado completamente, y que en lugar de sonrosaditas tienen un color muy cercano al negro tizón.

El amor es ese sentimiento que hace que, aunque el mundo hable mal de tu chico, tu pienses que es una confabulación del mundo contra vuestro amor. Incluso cuando ves entrar a la policía y esposarle acusado de asesinar a sus 34 anteriores maridos, tú seguirás pensando en sacar una pancarta y organizar una movilización del barrio, de la ciudad, de la nación ante semejante injusticia, aunque la policía descubra en el registro de vuestra casa, los planes detallados de ese “angelito”, para degollarte al amanecer de ese mañana del mes de Junio, en que habíais pensado en ir a esa cabaña solitaria, en esa montaña solitaria…

Yo creo que eso viene a ser el amor.

Otra cosa es que distingamos entre el amor y los auto-engaños.

Hace ya un tiempo, hablaba con Pepe, un amigo, de eso de ligar los gays. Él ha tenido novia hasta hace no mucho, y ha pasado gran parte de su vida ligando con chicas. Ahora resulta que se encuentra con que tiene que ligar con chicos. Y, pues Pepe empezó su caminar por este proceloso mundo gay, enamorándose perdidamente a las primeras de cambio de cualquier chico que conocía. Bueno, esto que conste, no le pasó conmigo… no lo entiendo… con lo guapo e interesante que soy yo… en fin. Y hablando de este tema, decía que claro, con las chicas, conocías un montón de siempre. Y conocías todos los días a alguna. Tenías una referencia de lo que te gustaba o no. Del tipo de mujer con el que te encontrabas cómodo…

Pero con los hombres no tenía esas referencias. Porque no conocía a tantos hombres gays. Entonces parecía que alguno que conocía, si le gustaba medianamente, ante el temor de no encontrar nada mejor y dejar pasar el momento y quedarse solo, pues se auto-convencía  de que era su amor, el hombre de su vida. Y se obsesionaba con el tema. No era amor, era obsesión. O desesperanza. O miedo a la soledad.

Todos esos conceptos o sentimientos pueden parecer reprobables, o incluso ridículos a algunos. Pero yo creo que hay muchas parejas que se basan en eso. O en la idea de que no vas a encontrar nada mejor, y… aceptas a tu pareja como animal de compañía. Pero eso no es algo que creo que pase solo entre los gays. En el mundo de las relaciones de chico-chica, creo que también hay mucho de esto.

Y sin ese sentimiento de por medio, sin amor, es muy difícil creo superar las dificultades, los momentos malos. No debemos confundir por otra parte, amor con pasión. Ni amor con sexo.

Ya me lío.

Centrémonos un poco Jaime, anda.

Lo que quiero decir es lo que ya he repetido más de una vez. Que a veces nos confundimos, que no sabemos identificar un sentimiento naciente de cariño, con un sentimiento de amor. Que, llamamos amor a algo al tercer día de conocer a alguien, y apenas le conocemos… O algunos lo llaman después de la primera cita. Que al revés también ocurre, que nos negamos que amamos a alguien, porque no se corresponde con nuestros ideales de pareja. Y lo negamos, y nos negamos, incluso llegamos a alejarnos de esa persona para no caer, para no claudicar, porque no queremos un chico como él como pareja. Bebemos los vientos por él… pero no queremos… no. Y aunque nos cueste una depresión, días de estar a oscuras con nosotros mismo… “NO”.

El amor es complejo. Yo creo que volveré a hablar de él muchas veces. Unas veces diré lo mismo, y otras veces saldrán matices nuevos. Porque para que negarlo, quisiera enamorarme de alguien que me pudiera corresponder, aunque si me pongo a pensarlo, quizás me de un poco de miedo. Quizás porque no confío en mi lo suficiente. No sé.

Es como lo de escribir un libro. O presentarme a concursos literarios, Me da miedo. Quizás no quiera comprobar que no soy lo suficientemente bueno para escribir. Es el otro tema que quería traer aquí desde “Luz de Mercurio”.

Pero casi voy a dejar ese otro tema que nos propone Luz de Mercurio, el de escribir y quien tiene derecho a escribir, para otro post, que  luego no me leéis porque lo veis muy largo, y me llamáis aburrido y pesado.

Venga va, hoy os doy unos besos cariñosos, dentro de unos abrazos bien apretados, para que no os quejéis.