Una buena mañana para correr (14)

Joan se levantó de la cama.

La 1,30.

Encendió el móvil. El otro móvil. El que sólo tenían sus amigos más cercanos.

Empezó a sonar como un descosido.

15 llamadas perdidas.

8 mensajes en su buzón.

Los escuchó todos.

Eran de Ricardo, de Inés, de Mario…

Se había olvidado de que tenía que presentar el trabajo sobre la novela esa de vampiros.

Iba de culo este año.

Suspiró resignado.

Fue al baño.

Levantó la tapa y orinó.

Empezó a recordar lo que había pasado la noche anterior.

Primero con Jaime.

Después con Fermín.

Jaime.

Quizás debiera llamarle.

Quizás pudieran quedar una tarde de estas.

Fermín.

El jodido de él…

Joder… follar… parece que desde hace unos días todo en la vida de Joan giraba en torno a esos conceptos. Se estaba dando cuenta que además, en sus conversaciones, tanto virtuales, en las imaginarias,  como reales, aparecía ahora con demasiada frecuencia esa palabra. Joder.

Tiró de la cadena.

Bajó la tapa.

Jaime.

Marcó su número.

Estaba apagado.
Se fue a la cocina.

Al pasar se vio fugazmente en el espejo del armario del pasillo.

Volvió sobre sus pasos.

Encendió la luz del pasillo.

Estaba más delgado.

Estaba ojeroso.

No tenía esa chispa en su mirada.

No se sentía hoy atractivo.

Hacía días que no se sentía atractivo.

Apagó la luz.

Abrió el frigorífico y sacó una botella de zumo de naranja.

Un vaso.

Bebió con ansia.

Otro vaso.

Devolvió la botella al frigorífico.

De repente sus pensamientos acabaron en Ignacio.

Su marido.

Todavía lloraba cuando se acordaba de él.

Ignacio.

Ese cáncer que acabó con su vida…

Meses y meses de sufrir, de verle poco a poco cayendo… degradándose… mirarle y ver en sus ojos ese amor… ese amor que le dio la vida… cuando Joan vagaba por las calles, con sus 18 recién cumplidos, cuando uno de sus clientes le dio una paliza para no pagarle. Primero le emborrachó… luego le intentó engañar… le machacó… y al final le metió la paliza del siglo.

Iba borracho por la calle, tambaleándose.  Se cayó en aquel barrizal. Intentó levantarse una vez… dos… pero ya no quiso intentarlo la tercera. Pensó que era buen sitio para dejarse ir… sino iba a ser ese, podría ser otro cualquiera… No tenía fuerzas para volver a su “casa”, esa lonja abandonada que le servía para dormir… No tenía fuerzas de volver a su esquina, para buscar un nuevo cliente al que mamársela por 20,00 €… Veinte putos euros que casi le cuestan la autoestima… y casi la vida…

El resto se lo contó Ignacio. Él no se acordaba de nada.

Le contó como le vio. Como le ayudó a levantarse.

Joan se resistió.

De hecho le pegó un puñetazo en el ojo.

Al final Ignacio consiguió llevarle a casa.

Luchó porque no se escapara. Le vigiló.

Le curó.

Le bañó.

Joan le intentó agradecer con lo único que sabía hacer… Ignacio no le dejó…

Pasó el tiempo.

Joan un día, estaba mirándole como cocinaba.

Ignacio parloteaba.

De vez en cuando se giraba y le miraba.

Joan se levantó. Porque en ese momento se dio cuenta…

Le amaba…

Le quitó la sartén de la mano.

Le acorraló en una esquina de la cocina, pues Ignacio quería escaparse…

Y le besó…

Se quedaron los dos mirándose…

Volvieron a besarse…

Ignacio le llevó de la mano al sofá del salón.

Y hablaron.

Ignacio quería estar seguro que era cierto que le amaba. No que fuera agradecimiento… ni compasión, ni nada de eso. Ni por dinero.

Ignacio le propuso algo.

Ignacio era rico. Muy rico. Le dijo que le iba a poner a su nombre una gran cantidad de dinero. Y unas acciones que le darían todos los años, un suculento pellizco.

Tendría más que suficiente para vivir toda su vida, si quería.

Pero si quería vivir con él, ser su pareja, debía pasar unos meses separados, viviendo de esas rentas. Un día, se volverían a encontrar. Si sentía lo mismo, se casarían. Pero antes firmarían un documento en el que Joan, renunciaba al resto de su fortuna. Nunca vería un duro más de su bolsillo.

Joan seguía sentado en la cocina. Sus ojos estaban llorosos…

Ignacio…

Pasó los dos meses lejos de Ignacio. Ligó, folló… se dedicó a gastar y gastar… nunca había tenido tanto dinero… No se acababa nunca…

Ignacio…

Pero no era feliz… necesitaba esa mirada fugaz, ese brillo cuando estaba cocinando y Joan estaba a su espalda, mirándole embelesado… O cuando se vestía, cuando se ataba el nudo de la corbata sin necesidad de mirarse al espejo… Necesitaba de su hombro para quedarse dormido viendo la tele… o que le explicara quienes eran los godos esos… o lo gracioso que le parecía cuando le preguntaba sobre los blogs, o el Tuenti… o sobre sus experiencias como chapero… sobre los clientes, sobre como hacerles gozar más… pequeños secretillos… necesitaba verle a su lado interesándose por él… por cómo estaba…

No dejó pasar el plazo.

Llamó un jueves a su puerta.

Ver a Ignacio en la puerta, sonriéndole…

“¿Nos conocemos?”, dijo el mamón de él…

Dio un pequeño salto… abrió sus piernas y rodeó con ellas su cintura, mientras sus brazos rodeaban su cuello, y mientras sus labios buscaban los de Ignacio. Éste mientras tanto, puso sus manos sobre el culo de Joan, para equilibrar el peso… o para lo que fuera, porque cuando sintió esas manos en su culo, Joan pensó que nunca quería que se separaran de ahí…

Pero todo se rompió ese 13 de enero.

Un diagnóstico.

Todo acabó definitivamente el 15 de diciembre.

De esto hacía un año.

Un año aprendiendo a vivir otra vez solo.

Un año intentando no buscar cada noche el hombro de Ignacio, para dormirse mientras veía la tele.

Un año buscando alguien que le hiciera olvidar.

Un año de buen sexo…

Un año de cero cariño…

Sus amigos… Ricardo, y el resto…

Fermín, jodido Fermín… ¿por qué mierda se había fijado en él?

Se dio cuenta que estaba sonando el timbre.

Alguien daba golpes…

Fue como una exhalación hacia la puerta.

La abrió.

– Hola.

______

Capítulo 1.

Capítulo 2.

Capítulo 3.

Capítulo 4.

Capítulo 5.

Capítulo 6.

Capítulo 7.

Capítulo 8.

Capítulo 9.

Capítulo 10.

Capítulo 11.

Capítulo 12.

Capítulo 13.

Historia completa.

16 pensamientos en “Una buena mañana para correr (14)

  1. joooo nooooo, no me dejes asi, ay pobre, jo que mal, cuanto sufrimiento y pero no debía haberse comportado como lo ha hecho, se merecía ser feliz pero no jugar con los demás. Venga anda por faaaaaaaaaaaaaa, dime que ya mismo tenemos la continuación, si es que se hacen muy cortas estas entregas.
    Un besito.

    • sonia, nada no te preocupes… en un pis pas, sin darte cuenta, te habrás leído ya el siguiente capítulo.
      ains.
      :p

      besos.
      muchos.
      envultos.

  2. Muy buena idea esa de Ignacio, lástima que no tenga dinero suficiente para hacer lo mismo…

    Me ha encantado ese capítulo, aunque sigue en la línea, hay cosas que no podemos evitar…

    Un abrazo,

    Josep

    • Josep, hombre… no sé muy bien que decirte… Y casi no te digo nada.
      Solo apuntar que sí, que hay reacciones que no podemos evitar, aunque nos lleven al desastre.

      besos.
      muchos.
      envueltos.

    • Josep, Carlos volverá dentro de unos capítulos.
      Está ahí, entre bambalinas, intentando encontrar su camino.

      :p

      besos.
      muchos.
      envueltos.

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