Un puto día…

Otra cita fallida.

Otra entrevista de trabajo “Ya le avisaremos”.

Cuando me organicé el día, pensé que nada podía salir mal. Ese chico del chat, parecía hecho a mi medida. Unos días de trabajármelo en el messenger, unos mensajitos en el tuenti, unos SMS… ya estaba  a punto. Hoy iba a ser un gran día, pensé.

Surgió esta entrevista de trabajo. Una gran empresa, un  puesto apetecible. Ni me acordaba de que había mandado currículum. Y llegó el mensaje. Justo el día de la cita. Al principio maldije mi suerte, pero luego pensé que era una señal, y que todo sería genial. Polvo con ese chico cañón, y buen trabajo con buenos leuros,  para mandar a mis viejos a tomar por culo. Bueno, al revés, la entrevista era antes del polvo.

La entrevista… una mierda. La tía empezó a hablar en inglés, con un cierto aire prepotente, y me me sacó de quicio.  Se creía la tía que era lo más… con su acento impoluto de Oxford. Yo la contesté en mi perfecto inglés del Bronx. Creo que no le hizo mucha gracia… para tener que aguantar a una tía así, mejor que la den.

Y encima me hizo perder toda la tarde. Llegué follado a la cita. Alberto. No, Giliberto. Gilipollas perdido. Las fotos que había visto de él, debieron ser con efectos especiales. Será mamón el tío. Y encima, el gilipichis de él, me dice que no le gusto. Que el traje, que se le ha bajado… ¡¡Será imbécil!!

Ahí mismo se ha quedado. Y no le he dado una hostia, porque… porque… porque… no sé todavía por qué.

No tengo ganas ni de quitarme la chaqueta. Creo que me quedaré a dormir en la butaca. No quiero pensar más hoy. No quiero pensar en este puto día, y en mi puta vida. Ni en ese puto trabajo que he perdido, por estar pensando en un puto gilipollas, que encima no me ha dejado ni la oportunidad de darle la patada. Me la ha dado a mí.

Relájate Raúl.

Los hombros me pesan… no puedo ya con este aire de seguridad con el que voy a todos sitios. No soy así… por momentos me siento cansado… agotado…

No quiero ser ya ese yo…

Pero… ¿qué “yo” quiero ser?