River Viiperi – modelo.

Pues hoy toca presentaros a otro modelo: River Viiperi.

Nacido en Ibiza. Lleva poco en esto de la moda, pero últimamente es fácil encontrarle en todos los blogs del tema. En poco tiempo se está haciendo un hueco en esta industria.

No digo más, de momento. Sus fotos hablan solas.

Si queréis conocerlo un poco mejor, su blog.

Y como siempre os digo, si tenéis fotos de él, fotos en exclusiva… jijijiji, me las enviáis en un momentito, y yo las cuelgo en un santiamén. Sip.

Otro día os cuelgo más fotos de él, y os cuento algo más.

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Una crónica de un finde especial, o como convertirse en un pasteloso en un segundo.

Tatachan tatachan…

¡Yepaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!

Chicos no sé si me habéis cuidado bien el blog en mi ausencia… bueno, bueno.
Así no sé si irme otra vez de fin de semana por ahí… os dejo solos y nada… en fin. O a lo mejor deberé contratar a algunos para que hagan de extras. Es buena idea… sisisisisisisi… extras de blog. Si les hay en el cine, o en el teatro, o en la música… ¿por qué no en los blogs? Voy a pensarlo. Venga, va, era broma… me habéis dejado trocitos de libros muy interesantes. Gracias, gracias.

Ains.

Porque además… en fin… a partir de ahora puede que tenga menos tiempo todavía. Sisisisisisi. ¿No os lo he contado? Vaya, se me habrá olvidado… o a lo mejor es que no… no os habéis dado cuenta… o un poco de todo… pero… he conocido a alguien especial. Sip. Más mono él… listo, inteligente… vestir, viste como el culo, pero tranquilos, ya le iremos cambiando su horrendo estilo. ¿O quizás sea yo el que deba cambiar? Bueno venga, va, ya lo pensaré.
Así que de momento, deberé dejar mi boda con Saiz en suspenso. No estaba él muy convencido… no le acababa de “excitar” lo del amanecer y esas cosas. Además, se puso nervioso eligiendo la sortija para la boda… y en fin… al final me dijo que deberíamos pensarlo… y esas cosas que se suelen decir cuando se quieren dar calabazas… y yo que me arrodillé y todo para declararme… todavía tengo las rodillas doloridas… en fin.

Pero ha aparecido este otro chico… más guapo él… listo como él solo… y tiene una sonrisa… bueno, bueno, qué sonrisa… ¡¡Pero qué sonrisa!! Me suena todo esto… a lo mejor os lo había dicho yo…

¿Y quien es? Preguntaréis sin un ápice de ansia de cotilleo… que ya nos vamos conociendo todos… pues… pues… es…




Ahora que lo pienso… mejor no os lo cuento. Solo deciros que a lo mejor le conocéis… o no, depende… a lo mejor es el propio Saiz, y lo que pasa es que estoy disimulando…
Lo que sí os puedo contar es que este finde nos hemos visto… hemos disfrutado de unos pocos momentos de intimidad… sobre todo por la noche… la noche… ¡¡Qué tendrá la noche!! Con música de fondo… aunque ahora que lo pienso no me acuerdo de eso muy bien… recuerdo su cuello, recuerdo el tacto de su piel contra la mía… recuerdo el sabor de sus besos… recuerdo…
Va, os estoy aburriendo. Sisisisisisi. Nada, nada… lo dejo para otro día.
Estoy pensando además, que ahora sí que voy a tener menos tiempo. Fíjate, yo criticando a esos que se emparejan aunque sea un poco, y olvidan a todos los amigos. Pues… no sé que deciros… puede que haga lo mismo yo… ahora sí que deberé aplazar otros planes en otros campos… porque sabéis… me apetece vivir esta experiencia plenamente… el sabor de sus besos, el tacto de su piel, ese ombligo que me dice ¡Cómeme! Y ese… que también me dice… ¡cómeme!

Bueno, queridos y queridas, amantes y amigos… Otro día seguiremos… con ésta u otra historia.
Saludos a todos los que pude dar un beso este finde, y a los que no fue posible, por falta de tiempo. Lo siento.

Pero a todos, todos os doy unos besos… pero besos.

¡¡Soy feliz!!

PDs (entre paréntesis)

(me estoy dando cuenta que me voy a convertir en un pasteloso de mierda… ¡qué bonito es ser un pasteloso de mierda!)
(también me estoy dando cuenta que os he dado otra razón para esas lágrimas anteriores… quizás el sentir el rescoldo de su calor en la cama, pero saber que deberemos esperar unos días para… bueno ya sabéis… eso de la piel, del tacto, de los besos… en fin)

(pero… qué bien me lo paso… jajajajajaja)

Unas lágrimas…

El otro día estaba en mi habitación del hotel. Miraba un vídeo. La peli estaba bien, me gustó. Algún día quizás os hable de ella.

Era una comedia… de esas que te emocionan.

Y llegó un momento, en que los ojos se inundaron de lágrimas. Y empecé a llorar a lo grande.

Podría deciros que era por la película, pero os mentiría.

Quizás tocaba. Quizás lloraba por mis sueños, o por mi realidad. Quizás lloraba por lo que seré, o por lo que no fui. Por un amor no correspondido. O por mirarme al espejo, mirarme en él a los ojos, y preguntarme ¿tiene sentido algo de lo que estás haciendo?

Y la respuesta que me di, pudiera ser que fuera… ¡NO!

El caso es que lloré. Mucha lágrima. Mucho sollozo. Y lloré solo, que es como más… más llorar.

Una buena mañana para correr (19)

Fermín puso su brazo en una esquina del aparador, y lo barrió con él. Las fotos, las llaves, la colonia… todo lo que estaba un momento antes, pulcramente colocado en él, acabó estrellado contra la pared.

Lloraba espasmódicamente. Se dobló y se sentó en el suelo. Algo le apretaba los pulmones. No podía respirar… sentía como si tuviera una tonelada de mierda sobre el pecho.

Otra vez Gervasio se había ido sin decir adiós.

Una puta nota en la mesilla.

“Me tengo que ir. Te llamaré. Te quiero”

– ¡Una mierda “Te quiero”! ¡¡¡Mamón de mierda!!! ¡¡¡Hijo de la gran puta!!!

Cuando les echaron del “Carmen 13”, se fueron a casa. Comentaron por el camino lo hijo de puta que era Joan. Y se decía amigo de Gervasio. Fermín no podía imaginarse cómo Gervasio había podido ser amigo suyo tanto tiempo, y como él podía haber acabado en la cama con semejante Hijo de la Gran Puta. Y encima repetir. Culos y pollas tenía las que quisiera. No necesitaba las de un gilipollas como él.

Se desahogaron por el camino. Le pusieron a parir. Se reían con sus ocurrencias. Joan era historia para los dos, dijeron.

Y llegaron a casa.

Se fueron desnudando poco a poco. Cada prenda que se quitaban el uno al otro, iba seguido de besos en la zona que quedaba descubierta. Cada palmo recibía su correspondiente beso. Cuando llegó el turno de los calzoncillos, Fermín lamió despacio el miembro de Gervasio. Duro. Lo fue  saboreando despacio. Recreándose en la cabeza… Gervasio hubo de pedirle que parara un momento. No quería correrse tan pronto. Cambiaron las tornas. Gervasio tumbó a Fermín boca arriba, y le fue bajando los bóxer.   Apareció primero el capullo. Todavía estaba medio cubierto por el prepucio. Pero asomaba su punta sonrosada. Fue acercando su lengua con timidez. Lo rozó una vez, el pene de Fermín palpitó. Repitió la acción, con el mismo resultado. Mantuvo ahora entres sus labios la cabeza, haciendo un pequeño movimiento de arriba abajo. Casi imperceptible. Muy suavemente. Lo llenó de saliva, mientras le bajaba suavemente la piel.

Siguió descubriendo su miembro. Centímetro a centímetro.  Cada centímetro que se descubría lo envolvía entre sus labios, y le pegaba un muy suave mordisco. Cada gesto de estos era contestado por el miembro de Fermín con un pálpito incontenible. Y por Fermín mismo, por un  suspiro.

Ya desnudos los dos, se abrazaron y se besaron largamente. Abrazados. Prietos. Ni una brizna de viento podría haber traspasado la línea de unión de los dos cuerpos. Sentían latir sus corazones. Sentían sus miembros apretados contra el cuerpo del otro. Sentían las manos recorriendo todo su cuerpo, mientras sus labios y sus lenguas no se daban tregua.

Fueron recorriendo todas las posiciones posibles. Fermín tomó posesión de la cueva de Gervasio, y luego fue este quien hizo los honores al túnel de Fermín. Se besaron, se lamieron, se ducharon, para volver a sudar en la pasión de la acción. Olían los dos a eso, a pasión, a sexo, a semen. Olían a sudor limpio, solo contaminado por la saliva de ambos. Repitieron e innovaron. Dormitaron el uno sobre el otro, y al revés.

Al final, el sábado al mediodía, Fermín se rindió, y sucumbió al sueño. Despertó un par de horas más tarde, y Gervasio ya se había ido.

Como siempre.

Fermín consiguió levantarse e ir al servicio. Se sentó a mear en la taza del water. No era capaz de mantener el equilibrio. Allí estuvo un rato con los codos apoyados en las rodillas, y con la cabeza apoyada en las manos. Ya no lloraba. Repasaba toda la historia con Gervasio. No sabía que hacer para romper esa dependencia… miles de veces se había imaginado el mandarle a tomar por culo… pero luego, a la que veía su nombre en la pantalla de su móvil, era incapaz de nada que no fuera quedar con él, y decirle  lo que le había echado de menos. Y escucharle como si de un Dios se tratara.

Otra vez aquí, llorando, y sorbiéndose los mocos. Como si fuera un crío de 5 años. Y otra vez caería en los mismos errores de siempre. Era incapaz de tomar las riendas de esta relación. Las riendas de su vida.

Consiguió coger fuerzas, para irse otra vez a la cama. Se tumbó en ella, y buscó el lado en que no hubiera estado apoyado Gervasio, para no percibir su olor. Y consiguió dormir unas horas.

Cuando abrió sus ojos, había recuperado su determinación.

Se levantó decidido.

Quitó las sábanas de la cama, y las metió la lavadora. La puso a 80 º, y en el programa de ropa muy sucia.

Se fue a la ducha.

Tardó casi 40 minutos en ducharse. Quería quitarse todo rastro de Gervasio. Se frotó y frotó la piel. Dejó que el agua caliente cayera sobre su piel, hasta que esta estaba completamente roja del calor, y arrugada de la humedad.

Se dio una crema hidratante por todo el cuerpo.

Se peinó con sumo cuidado. Utilizó gel para fijar.

Fue al armario, y escogió la ropa que mejor le sentaba.

Se miró en el espejo, levantó la barbilla, y se tiró un beso.

Que le dieran por culo a Gervasio. Esta noche, iba a volver a casa con un culo caliente para atravesar. No necesitaba al gilipollas ese. Él, Fermín no necesitaba a nadie para echar un polvo, y para enamorarse de alguien, si quería claro.

Pero ahora no quería.

No necesitaba a nadie. Él solo se bastaba.

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Capítulo 1.

Capítulo 2.

Capítulo 3.

Capítulo 4.

Capítulo 5.

Capítulo 6.

Capítulo 7.

Capítulo 8.

Capítulo 9.

Capítulo 10.

Capítulo 11.

Capítulo 12.

Capítulo 13.

Capítulo 14.

Capítulo 15.

Capítulo 16.

Capítulo 17.

Capítulo 18.

Historia completa seguida (nuevo)

23 de abril: celebremos y leamos a tutiplen.

23 de abril.

Hoy es el día de Castilla y León:

¡¡¡¡¡¡Bien!!!!!

Hoy es el día de Aragón:

¡¡¡Bien!!!!

Estas celebraciones se suelen olvidar en el resto de España. Hummmmmmmm, a ver si las vamos recordando.

Hoy es Sant Jordi:

¡¡¡Bien!!!

Hoy es el día del libro. Cervantes fue enterrado tal día como hoy, y Shakesperare, casualidades de la vida, murió tal día como hoy también. 1616.

¡¡¡Bien!!!

Celebremos pues el día del libro.

¡¡Bien!!!!

3 libros os traigo aquí. Y un trocito de ellos.

El primero: Almas del nueve largo – Historias del Savoy – José Luis Alvite.

Alvite es un escritor peculiar. Tiene un lenguaje propio, y un mundo igual de original. Comparaciones imposibles, descripciones delirantes. Bebe de la novela negra… negra. De Bukowsky. Situaciones ante las que no puedes dejar de sonreír y asombrarte de esa deslumbrante originalidad e imaginación. Un autor no muy conocido, pero muy digno de atención. Me encanta. Y posiblemente es el autor que más he regalado.

Un trocito:

Fueron otros tiempos, muchacho. En el 54 había que poner mucho empeño para que no marchasen bien las cosas, de modo que en el club Mich “Big” Boone a la pujante clientela le importaba poco que el barman improvisase cada noche los precios. Aquel año estuvo allí una semana el gran Louis Armstrong y si casi nadie lo recuerda ahora, maldita sea, es porque había tanto ruido en el local, que el bueno de “Satchmo” habría conseguido el mismo éxito tocando “Sumertime” con el escape de una moto. Una madrugada se presentó Ava Gardner creyendo que la esperaba Sinatra pero el bueno de Frankie, estaba comiendo lencería a doscientas camas de allí. Ava pidió el teléfono y estuvo dos horas hablando acaloradamente con él. Estaba tan borracha que dicen que su aliento deformó el teléfono.

Almas del nueve largo – Historias del Savoy – José Luis Alvite.

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El segundo: Episodios Nacionales – Trafalgar – Benito Pérez Galdós.

Un clásico. Yo creo que un poco olvidado. Los Episodios Nacionales, son las mejores novelas que creo se han escrito sobre guerras, batallas, amores, mientras describe la España de un par de siglos atrás. Arturo Pérez Reverte hizo una recreación con su serie del “Capitán Alatriste” que bebe, creo, directamente de estos Episodios Nacionales. Son algo más de 50 novelas. Yo me las leí en un verano. Empecé con Trafalgar, la primera, y no pude dejarlo hasta acabar con la última.

Un trocito:

En uno de los primeros días de octubre de aquel año funesto (1805), mi noble amo me llamó a su cuarto, y mirándome con su habitual severidad (cualidad tan solo aparente, pues su carácter era sumamente blando), me dijo:

– Gabriel, ¿eres tú hombre de valor?

No supe al principio qué contestar, porque a decir verdad, en mis catorce años de vida no se me había presentado aún ocasión de asombrar al mundo con ningún hecho heroico; pero al oírme llamar hombre, me llenó de orgullo, y pareciéndome al mismo tiempo indecoroso negar mi valor ante persona que lo tenía en tan alto grado, contesté con pueril arrogancia:

– Sí, mi amo: soy hombre de valor.

Episodios Nacionales – Trafalgar – Benito Pérez Galdós.

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El tercero: Amor en tiempos de estómagos revueltos – Carlos G. García.

Carlos es un buen amigo. Es un buen conversador. Es un gran escritor. Es buena gente. Ya os he hablado de este libro hace tiempo, cuando se decidió a publicarlo, tras una presión a la que le sometimos algunos amigos. Hasta que se rindió, y lo hizo. Costó, ¡eh!… costó. Pero al final ahí lo tenemos.

Carlos es bloguero también. Paperboat. Este libro es una pequeña recopilación de sus post. En ellos con su ironía, con su sarcasmo, con su humor, nos va desgranando algunos de los aspectos de la forma de vivir, de relacionarse de los gays. Seguro que, a parte de reíros con ganas en muchos de sus capítulos, conoceréis a alguien que le ha pasado algo parecido, os veréis representados en sus personajes, en las situaciones…

Para comprarlo, visitad esta página, y ahí tendréis las instrucciones precisas.

Y sí, no puedo dejar de presumir… el Jaime que aparece en los agradecimientos… soy yo. ¡¡Hala!! Ya lo he dicho.

Ains.

Qué bien me he quedado.

Un trocito:

Los que me conocen sabrán que yo no soy lo que se dice un hombre alto ni corpulento. Más bien soy de mediana estatura  y delgadito, nada del otro mundo. Aquel chico no es que fuera tampoco musculoso, pero era más fuerte que yo. Y esto no lo digo porque termináramos partiéndonos la boca ni echando un pulso, sino porque el chico en cuestión tenía una forma muy rara de echar un polvo. Yo no sé tú, querido lector, pero yo, cuando me acuesto con alguien, no lo cojo por los brazos constantemente y lo zarandeo por toda la habitación como si estuviera sacudiendo una alfombra. Yo estaba tumbado, intentando disfrutar y esas cosas que se supone que uno debe hacer cuando se acuesta con alguien, y entonces llega él, me cogía opio los sobacos, me levantaba y me tiraba (no es que me tirara de cualquier manera, pero tampoco era delicado) a otro lado de la cama. Imagínate el trauma: yo, volando en pelota picada, por toda la habitación, y completamente desorientado.

Amar en tiempos de estómagos revueltos. – Carlos G. García.

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Queridos y amados… amigos todos:

Tres recomendaciones os he dejado hoy.

Cuatro celebraciones os he dejado hoy.

Pasad buen fin de semana. Y cuidadme el blog. Que el menda se va de finde largo.

Y si me dejáis algunos besos para mi colección, os estaré eternamente agradecidos. Incluso os los daré yo cuando nos crucemos por las calles del mundo.

A bientôt!

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Este post está también en “Y… vuelven mis dedos a volar sobre el teclado”. Pinchad aquí si queréis ver las recomendaciones que me han dejado allí.

PD:

Casi se me olvida, poner un poco de música para acompañar la lectura. Luz de Mercurio tiene la culpa de la elección.