La felicidad.

Pues resulta que llevo unos días metido en una reflexión interna. Caí en ella leyendo unos post en Arde Tannhaüser, en los que los autores recapacitaban sobre su visión sobre LA FELICIDAD.

El caso es que parece una tontería, pero al final acabé dudando hasta de si tenía clara la definición de felicidad. La RAE, nos dice que “Es el estado de ánimo que se complace en la posesión de un bien”. Pero, descubrí que la misma RAE, dirá en la próxima edición de su diccionario que, la felicidad se define como “Estado de grata satisfacción espiritual y física”. La RAE va a cambiar de una definición puramente materialista, a una un poco más “espiritual”. Pregunto… ¿La felicidad es materialista? ¿Espiritual? ¿Una mezcla?

Seguimos buscando definiciones. La Wikipedia nos dice que felicidad “es un estado de ánimo caracterizado por dotar a la personalidad de quien la posee de un enfoque del medio positivo y un estado de paz interior”.

Podríamos buscar pensamientos filosóficos al respecto que nos indican que la felicidad se encuentra en la meditación, o si eres religioso, en la comunión con Dios, o una más mundana que nos viene a decir que eres feliz cuanto más dinero tienes, cuanto más reconocimiento público tienes… o cuanto más alto llegas en tu profesión. ¿La felicidad es la simple consecución de unos objetivos marcados en la vida?

El otro día un amigo me preguntaba precisamente eso,  si era posible ser feliz sin tener aspiraciones. Entendemos en este caso por aspiraciones, tener una meta de superación profesional, o incluso personal. Y yo creo que sí, es posible ser feliz sin grandes metas.

Porque… creo que la felicidad es un estado del espíritu que en cada uno busca y encuentra en su caso, en hechos muy distintos. Puedes encontrar la felicidad en encontrar un chico maravillosos que beba los vientos por ti, o en romper con ese chico con el que no encuentras la sintonía que buscabas. O que te maltrata. Si tienes hijos, puedes ser feliz en el momento en que se gradúa, o en el que se casa, o si encuentra el trabajo que crees que merece. O puedes ser feliz, cuando esperas el partido del domingo de tu equipo de fútbol, y entras en el campo, y sientes el rugir de la afición cuando salta tu equipo al terreno de juego. O si tienes un blog, y de repente te das cuenta que tienes 4 comentarios. O a lo mejor, eres feliz en el momento en que te subes al autobús, y el conductor te sonríe.

Pero todo esto, creo que nos lleva a la conclusión de que somos felices, en un momento. O al menos, es solo en un instante en concreto,  cuando eres consciente de que eres feliz. Un momento efímero que suele coincidir con el segundo en que consigues lo que ambicionas, o lo que necesitas en ese momento.

Pero en Arde Tannhaüser, se incide sobre todo, en hacer de la felicidad y su búsqueda, la razón de existir. Me recuerda mucho esto a muchas discusiones que he tenido sobre las ilusiones. Amigos que solo conciben la vida como el camino a la consecución de  una ilusión, de un fin. Encontrar pareja, escribir un libro, tener un trabajo mejor… ir de vacaciones a NY, o estar rodeado de buenos amigos, de esos que podemos llamar amigos con mayúsculas, de esos que normalmente encontramos 2 ó 3. O ser famoso. O si eres deportista, ser el campeón de España de tu modalidad.

Y creo que está bien tener esas ilusiones. Está bien marcarse un camino e intentar llegar a la meta. Eso te dará ese momento de felicidad que ansías. Pero, cuando llegues a esa meta, al día siguiente… ¿qué ocurre?

Un amigo hace unos años, pasaba por momentos económicos difíciles. No tenía trabajo fijo, no tenía el apoyo de su familia, al contrario (esto de ser gay tiene a veces estos problemas). Apenas dos años más tarde, ha encarrilado su profesión con mucho acierto. Es muy bueno en lo suyo, posiblemente uno de los mejores que hay en su profesión en España. Y empieza a ser reconocido. Pero ha perdido a ese grupo de amigos que le apoyaban antes. Consiguió un grupo de personas amplio que se preocupaban por él, como si cada uno fuera su padre o su madre. Pero ahora no tiene con quien compartir la felicidad de su triunfo. El teléfono no suena. Esa felicidad se ha traducido quizás, en una sensación de soledad que le acucia cuando hace un alto en su actividad frenética. No cree posible vivir sin ambición, pero se ha dado cuenta de que esa ambición, no le da la felicidad. Porque dejó en el camino otras cosas que necesita.

Tengo otro amigo que supeditaba todo también a una meta. Una meta quizás utópica, o cuando menos muy difícil. No le importaba el camino. Despreciaba lo de “en medio”. La consecución de su meta, era el momento en que creía que encontraría la felicidad. Pero quizás, al caminar, de depresión en depresión, de bajón en bajón, encerrado en si mismo, se ha dado cuenta de que el camino es importante. Que la gente que te puede acompañar en ese camino, es necesaria. Y que a lo mejor, pequeños momentos de conversación, de complicidad con algunos amigos que se van acercando a él, le dan unos momentos de placer que, le hacen más fácil seguir adelante. No busca quizás ya la perfección en las personas que encuentra. Porque los amigos perfectos son escasos. Pero está empezando a descubrir que un café no es una pérdida de tiempo, o al menos, lo es menos que estar en estado catatónico encerrado en su habitación. Y eso no le impide seguir caminando hacia dónde él quiere. Incluso con más alegría, con otra perspectiva. Incluso empieza a sonreír, y a encontrar placer en ello. No lo va a reconocer… pero creo que es así.

Así que no creo en la felicidad como meta absoluta. Porque repito, creo que esa felicidad es momentánea. Es como un orgasmo. Es apenas unos segundos. Una explosión de placer. Pero el camino a ese orgasmo, puede durar lo que queramos, y hacernos sentir maravillosamente bien, queridos, deseados…

Y sabéis, además he encontrado a muchos en mi camino que, han caído en una profunda depresión, en agorafobia, por centrar todo en una meta, y al ver imposible su cumplimiento, hundirse completamente. O personas que basan su vida en encontrar una pareja, y o se entregan al primero que le mira con ojitos, o no saben hacer nada si no la encuentran.

Claro, ahora viene el momento más complicado. Y es pensar en mí. ¿Soy feliz? Yo creo que no… no lo soy.

Sigamos preguntando: Jaime “¿Cómo crees que puedes ser feliz?”

Pues ni idea.

Unos días pienso que sería feliz si tuviera a un chico que me quisiera. Un chico maravillosos que tiñera de colores mi vida. Que me empujara quizás a hacer cosas que solo no hago. Pero luego pienso… que a lo mejor, pasada la euforia de la conquista, de la concreción de la relación, pues la cosa no fuera para tanto.

En otros momentos pienso que podría ser feliz si me dedicara a otra cosa. Por ejemplo, si publicara un libro. O creara una empresa. Ya, ya sé que os estoy dando el coñazo con esto en los últimos tiempos, pero hoy no intento picaros para que me digáis lo bien que escribo y esas cosas (además no os voy a creer… jijijiji). Pero luego me pongo a recapacitar y pienso que a lo mejor esa vida no me gustaría. Me da un poco de miedo meterme en ese mundo.

Pero sabes, tengo momentos felices. El finde pasado que pasé en Madrid, estuve muy a gusto, podría decir que feliz, cuando vi a algunos amigos y hablamos de todo, y reímos, y tuvimos incluso instantes de confesiones no buscadas. O pasear por Madrid con un chico guapo del brazo, aunque no fuera mi chico, ni lo vaya a ser nunca. Con esa complicidad… y sintiendo que él en ese momento se sentía a gusto… cosa que tenía la intuición de que no era lo más habitual en su vida últimamente. O tengo un momento feliz, quizás, si pienso en conocer a algunas personas que tengo por ahí, pendientes, y lo que puede dar de si esa amistad. O puedo ser feliz cuando alguien me dice que, gracias a alguna cosa que le he dicho, se ha sentido mejor, aunque me lo reconozca meses después. O que me diga que le he enseñado a sonreír. O al ver un comentario en un post al que nadie le ha prestado atención, y que casualmente a mí me gustaba más. O cuando voy a ver una película, y salgo contento del cine, porque me ha gustado.

Diréis… pues son bobadas… ya… pero es que la felicidad no está sólo en las grandes metas, en la ambición, en ganar más dinero. Son quizás bobadas, sí,  pero que te hacen sentir bien, y eso te hace creer que, al menos esa tarde, estás a gusto contigo mismo. Y sabes… en el fondo, eso es la felicidad. Estar a gusto con uno mismo. Aunque sea a ratos. La vida es una sucesión de momentos… y si conseguimos tener el mayor número de momentos felices… quizás podamos decir que, en líneas generales, somos felices.

Esto da para mucho más… pero creo que… ahora es tu turno para escribir. No te cortes.

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Post de partida:

http://ardetannhauser.blogspot.com/2010/02/critica-la-felicidad.html

http://ardetannhauser.blogspot.com/2010/02/respuesta-la-critica-de-la-felicidad.html