Cosas de Gays: Orgullosos y divertidos.

Bueno, hombres y mujeres, niños todos. Aquí estamos con el 28 de junio a cuestas. Orgullosos nosotros. Sip.

Otro año más, hablando de Orgullos, marchas, carrozas, reivindicaciones y demás. Unos a favor y otros en contra.

Otro año más, me lanzo a hablar del tema. Y con toda probabilidad, saldrá algo completamente distinto a los años anteriores. Por si las moscas, ni lo miro. No quiero coartar a mis dedos volando sobre el teclado.

El otro día me hablaba un chico sobre que no le gustaba nada el día del orgullo. Incluso no le gustaba el nombre: “Orgullo”. Y anda que no tenemos que estar orgullosos de ser como somos. Y tener bien levantada la cabeza, aunque algunos quieren que la agachemos. Porque eso siguen pretendiendo algunos. Que agachemos la cabeza, que nos avergoncemos de lo que somos. Que nos acomplejemos de amar. Amar. Qué bonita palabra, que bello concepto, y algunos lo quieren limitar. ¿Qué un hombre ama a otro hombre? ¿A quién le hace daño? Pues entonces… levanta la cabeza orgulloso. Que tienes capacidad de amar. Ama. ¿Qué eres hombre y te gusta otro hombre? ¿Y qué? ¿Qué eres mujer y amas a otra mujer? ¿Y qué?

Pues de eso se trata el orgullo. De contrarrestar a aquellos que siguen intentando que solo se ame a quien ellos consideran pertinente. Se trata de contrarrestar a aquellos que quieren humillar a quienes son gays, o lesbianas. Se trata de hacer ver a todos aquellos que siguen llorando en un rincón de su casa, porque  están mal por sentirse distintos, que hay muchos como ellos, y que pueden levantar la vista y esbozar una sonrisa, y buscar a esa persona que le haga ver las estrellas a plena luz del sol. Que hay muchos que tienen la misma forma de sentir. Que no tenemos que avergonzarnos de nada. De eso se trata el orgullo. Eso quiere significar el orgullo. Contraponer a la humillación que algunos pretenden, el levantar la cabeza, y decir: “Soy gay ¿Y qué?”

Pero… algunos también quieren unificar los gustos de los gays. Quieren hundirlos en los estereotipos. Y así, de paso, conseguir que algunos que no se sientan representados por los gays más visibles, de paso, se sientan mal.

Los homosexuales tenemos una cosa en común: que nos gustan los de nuestro mismo sexo. A unos, les gusta la música moderna. A otros, la clásica. A unos les gusta el deporte. A otros solo el gimnasio para cuidar los cuadraditos y los pectorales. A otros les  da igual los músculos de su cuerpo, y los músculos de los demás. A unos les gusta la moda. A otros les gusta el cine. Otros saben quién es Munitis, y otros conocen a Ginsberg.  Unos leen novela gráfica, otros leen a Stephany Meyers. Unos gustan de Madonna, y otros de Jacques Brel. Unos homosexuales son amanerados, y otros no. Unos gustan de hablar en femenino, y otros no. Unos se visten de mujer, y otros no. Unos gustan de la noche, y otros del día. Unos son médicos, otros jueces, y otros modelos. Incluso hay biólogos, economistas, ingenieros, abogados. Incluso hay barrenderos, o trabajadores del metal. O mineros. Unos tienen dinero, y otros estamos en la pobreza.

Algunos se sentirán a gusto con la imagen de Jesús Vázquez. Otros, con Jorge Javier Vázquez. Otros, con el juez Marlasca. Otros con Enrique Sarasola. Otros tendrán a Boris Izaguirre como imagen perfecta.

El Orgullo es un momento de reivindicación. Pero lo es dentro de un ambiente festivo. El otro día, en Burgos, hubo la cabalgata de fiestas. Salía gente disfrazada. Chicos y chicas bailando. Son las fiestas. Un momento de diversión. La marcha del Orgullo, es eso. Un momento de fiesta, de diversión. En que la gente baila, se contonea. Y además, gritamos a los demás: “Oye, que estamos aquí. Que por mucho que queráis, cada vez sonreímos más. Cada vez estamos más a gusto con nosotros mismos.” “Oye, que, aunque podamos casarnos, muchos sufren todavía al sentir una sexualidad distinta a la mayoría. Qué hay mucho camino que andar. Que hasta que el último chico o chica deje de llorar por ser homosexual, hay algo que hacer, hay algo por lo que luchar, por loq ue escribir.”

Es un momento en que gritamos también: “Oye, tú… sí tú. Que te sientes mal por ser diferente. Que hay otros como tú. Muchos. Y que algunos no congeniarás, pero con otros sí. Levántate y vive. De la forma que quieras… pero vive.”

Mujeres y hombres, niñas y niños todos. Como dice mi amigo porvos: “Feliz Orgullo. Nos vemos en la calle”.