Una buena mañana para correr (26).

Levantó la cabeza.

Despacio.

Era como si un martillo golpeara duramente sobre ella… una y otra vez…

Intentó abrir los ojos, pero un simple rayo de sol que se colaba por una rendija de la persiana, hizo que se quedara completamente deslumbrado, y que la cabeza pareciera que le iba a estallar.

Pensó en el aparador… no quedaba nada sobre él. Le hubiera gustado barrer con su brazo su superficie, pero todavía no le había dado tiempo a restituir el montón de frascos y fotos que, hacía solo unas horas había estrellado contra el suelo, haciéndolas añicos.

Estaba tan desorientado que ni siquiera sabía si estaba en la cama o en el suelo. Poco a poco fue palpando, y procesando esa información. Estaba en el suelo, aunque las piernas levantadas le hacía pensar que ellas sí estaban apoyadas en la cama. Empezó a ser consciente de que hacía frío. Se tocó el cuerpo… estaba desnudo.

Intentó recordar lo que había pasado la noche anterior. Era todo muy oscuro, confuso. Recordaba haber salido enfadado de casa. Recordaba el haber tirado todo lo que había sobre el aparador. Recordaba el haber entrado en varios garitos. Recordaba el primer whisky, el segundo, el tercero. Recordaba haber entrado a un chico rubio estupendo. A otro chico feo, pero que aparentaba tener unos pezones impresionantes que morder. Recordaba haber intentado ligar con el camarero del Coraçao, pero uno que salió de no se sabe muy bien donde, casi le muele a palos. Debía ser su novio o algo así.

A partir de ahí, todo es confusión. Todo es de color negro.

Recuerda haber bailado. Mucho. Como si le fuera la vida en ello. Bailó en el anterior garito al Coraçao, y en el posterior.

Bebió. Los whiskys del principio, los recordaba. Después, como tenía sed, los cambió por ginebra con algo. ¿O fue vodka?

Recuerda la música. House total, pastillero. De ese que tiene los mismos efectos que el speed, o cualquier otra pastilla de esas. Sus brazos levantados al cielo… la gente alrededor mirándole, unos con lástima, otros sonriendo, otros con cierta envidia por su desinhibición… volvió a intentar ligar con un chico… pero también le dijo que no… él insistió… y le tiró su vaso a la cara… era Red Bull con algo… un asco…

Fermín intentó levantarse. Para ello, primero bajó las piernas de la cama. Eso le causó tantos dolores en todo el cuerpo que tuvo que coger fuerzas durante un buen rato, sin moverse. Notó su culo caliente… le recordaba cuando su padre le daba una azotaina. Ahora que… ese recuerdo le trajo otro, más reciente, de la noche anterior. Ese hombre azotándole el culo con un cinturón… el colocado de rodillas, frente al espejo, mirándose la cara cada vez que le golpeaba con el cinturón, borracho perdido… mirándose los gestos de dolor… mirándose los ojos, y viendo en ellos a Gervasio, riéndose a carcajadas de él, de su abandono, de su sumisión…

Lo siguiente en su intención de ponerse de pie, fue doblar un poco sus piernas. Eso le llevó otra vez un buen rato. No podía… cada vez que intentaba doblar las piernas, la piel del culo y de la parte alta de los muslos respondían con latigazos de dolor… era como si intentara estirarla, sin ser nada flexible… como si se fuera a romper en cualquier instante.

Paró de nuevo, sin conseguir doblarlas como quería para poder arrodillarse y poder acabar levantándose. Tenía que recuperar un poco el resuello. Tenía que coger fuerzas para soportar el dolor que preveía que le iba a producir los siguientes movimientos.

Mientras apoyaba la frente en el suelo, entre nieblas recordó como había sonado el timbre. Cómo ese hombre del que ahora mismo no recordaba ni el nombre, fue al telefonillo del portero automático y contestó. Pero nadie habló desde abajo. Recordaba Fermín que eso le costó una patada al pasar ese hombre… (José Luis… ahora se acordaba) camino del servicio que había en su habitación.

Otra vez esa música… otra vez Alaska cantando “A quién le importa”. Otra vez Mecano, cantando “Hoy no me puedo levantar”. Otra vez el DJ jugando hasta la extenuación con los efectos… otra vez la cabeza martilleándole…

José Luis se le acercó mientras bailaba. No recordaba el garito en el que estaba… se le acercó decidido. Le cogió de la cintura, y bailó con él. Pegando sus cinturas, sus paquetes, pero separando el tórax. Se recordaba así mismo con su sonrisa de borracho, con su mirada perdida, dando vueltas a esa pequeña pista de baile de ese pub cualquiera… la gente alrededor apartándose… y ese momento en que ese tipo, José Luis, le atrajo hacía él, con decisión… y le comió la boca… literalmente. No solo le metía la lengua hasta lo más profundo, sino que me mordía el labio, la lengua, le restregaba su barba de 4 días por toda su cara… la notaba irritada…

Llegaron a casa… le tiró al suelo, le rompió la ropa… se tiró sobre él… Intentó apartarlo, pero fue en vano. No tenía fuerzas para oponerse. Recordó ese momento en que le fue atando los brazos y las piernas a la cama, y le puso en forma de x. Recordó cuando cogió una cuerda y le fue atando los huevos, como si fuera una faja que se ponían las señoras antiguamente. Como con otra cuerda le fue rodeando su miembro, lo cual impedía que se excitara. Recordó el primer cuerazo. Recordó como le suplicó… recordó su primera lágrima… su última súplica.

Fermín empezó a llorar. Desnudo, a medio camino entre estirado y encogido, buscando la forma de levantarse y llegar al servicio…

Por la necesidad de protegerse, de encogerse, de hacerse lo más pequeñito posible, para poder meterse otra vez en el vientre de su madre, para estar protegido, para no sufrir más por amor, por desesperación, por la soledad… no sintió ya los dolores atroces que le producían las cicatrices que José Luis le había producido. Ni el dolor de su ano, por la salvaje penetración que le hizo… eso sí, le había lamido el ano, como nadie se lo había hecho hasta ese día… quizás Joan… pero esa rudeza… Le había dado un toque distinto…

Llamaron a la puerta.

Era Jaime.

Intentó gritarle… pero algo se lo impidió…

– ¡Fermín, ábreme la puerta!

Intentó arrastrarse hacia la puerta…

– ¿Fermín?

Apenas consiguió arrastrarse unos milímetros.

– ¿Estás bien?

Intentó gritarle que le ayudara…

– ¡Fermín!

Un sollozo ahogó completamente su voz.

– Fermín no seas bobo, ábreme. Sé que estás ahí.

Su orgullo le impedía decir nada… Su vergüenza le impedía pedir ayuda a Jaime, o a cualquiera de sus otros amigos… si es que le quedaban amigos… Antes morir que Jaime le viera en ese estado. Le pondría en un compromiso además… Jaime con lo mojigato que era, y el poco mundo que había visto… si le abría la puerta y le encontraba desnudo, amoratado… el único hombre virgen de España… enfrentado con su culo chorreando sangre… por un acto de sexo brutal… Fermín se echó a reír… al menos hizo un amago de reírse… pero rápidamente se transformó en otro llanto… por mucho que lo intentara… para él Jaime podría ser todo lo patético que podía ser un hombre de veintitantos años, pero ahora mismo… le daba vergüenza que le viera así… un despojo humano…

– Me voy Fermín, si quieres algo, me llamas.

Espera sentado que te llame, mojigato, imbécil y estúpido Vete con tus nuevos amiguitos – se dijo Fermín en voz casi inaudible…

Esperó a oír como Jaime bajaba las escaleras.

Oyó como le llamaban por teléfono… pero no pudo escuchar lo que hablaban.

Siguió sin apenas moverse, sin casi respirar, para no hacer ruido, por si había vuelto y le podía oír…

Al cabo de 10 minutos… empezó a moverse otra vez…

Cada movimiento que hacía le provocaba dolores inauditos.

Cada movimiento iba seguido de intensos jadeos, para recuperar el aliento. De los jadeos pasó a algún que otro grito. Y cuando consiguió ponerse de rodillas, doblado completamente sobre sí mismo, se permitió un grito de rabia.

Ni el José Luis ese, ni el Gervasio de los cojones, con su mujercita y sus hijos, iban a poder con él. Ni siquiera Jaime y esa pandilla de gilipollas que algún día fueron sus amigos.

Que les dieran a todos por el culo.

¡Gilipollas!

¡Hijos de la gran puta!

De Fermín no se iba a reír ni Dios.

Estuvo en esa posición al menos media hora. Fue el tiempo que tardó en recuperar un poco de fuerzas, y de tener valor para afrontar los dolores que el resto del camino hacia el cuarto de baño le iba a producir.

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Historia completa seguida (nuevo)

Historia por capítulos.

4 pensamientos en “Una buena mañana para correr (26).

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