Uno, que a veces es incongruente.

Pensaba… pensaba en tantas cosas…

El otro día, viendo esa peli que comenté aquí, la de “El primer día del resto de mi vida”, pensé lo fácil que es opinar sobre lo que está bien o mal hecho. Estaba viendo las reacciones de los miembros de la familia protagonista, y pensaba para mí: pero será gilipollas… ¿pero es que no es capaz de ver que está haciendo el tonto? ¿Pero por qué no hablan? ¿Serán capaces por una tontería de perder su cariño?

Es fácil. Te sientas en tu butaca, te metes un puñado de palomitas en la boca, un sorbo de Pepsi, y sentencias.

Hace ya tiempo coincidió que vi dos películas sobre unos hombres que eran insoportables. Pero que la historia hacía que al final les cogieras cariño. Que les entendieras. Y que acabaras criticando a los que no le aguantaban.

En esto que se me iluminó una bombilla de esas, de las no ecológicas, de las de toda la vida, que se enciende antes. Y me vi ridículo opinando y comprendiendo a esos hombres difíciles, que no aguantaban ni San Pedro bendito, el pobre, cuando en casa tengo a uno de esos… y no le aguanto. Me di cuenta que había tirado una piedra sobre mi tejado… y que me había dado en el ojo.

Pero claro, luego le veo discutir con mis hermanos, al hombre difícil, digo,  con mis sobrinas… le veo como se va quedando solo… y le veo tan desasistido, tan… no sé… tan perdido en esta vida… que me da pena.

Es todo un poco incongruente, ya lo sé. Opino que es inaguantable, pero al final, acabo teniendo el mismo sentimiento que como espectador, y que rechacé al ser consciente que vivo una historia parecida.

Creo que lo único que veré en adelante, en cine, serán Indiana Jones, James Bond, y “En busca del corazón verde perdido en las junglas del Sur”.

Lo tengo claro… tengo un futuro clarísimo de la muerte. Pero me lo he ganado a pulso. Así que Jaimito, tómate la cicuta… de un trago… sin respirar.

– Hola papá… ¿qué tal estás hoy?

Y encima pon voz cantarina, para que se anime…

ains.