Una buena mañana para correr (30).

Un montón de gente. Los hombres con sus trajes, sus corbatas, sus abrigos largos. Las señoras, bien maquilladas, con sus vestidos especialmente elegidos para la ocasión. Abrigos también de ocasiones especiales. Jóvenes encorbatados y trajeados. Muchos parecían disfrazados. Los menos, parecían encontrarse cómodos con ellos.

Frío, pero sol.

Manu estaba con su chica en una esquina de la plaza. Miraba distraídamente a toda la gente que estaba delante de la iglesia. Diana intentaba que la hiciera caso. No lo consiguió. Al final se quedó con cara de fastidio mirando también a la gente.

Jonás estaba con sus amigos. Bromeaban y reían escandalosamente. Una pareja venía por la derecha. Se fue corriendo hacia ellos y les abrazó efusivamente. Eran sus tíos Pedro y Ana.

Ricardo estaba paseando nervioso a lo largo de la plaza. Miraba hacia el lado de la carretera, esperando que Joan y Jaime llegaran.

Se le acercaron unos señores. Les saludó distraído.

De repente un coche giró y entró en la plaza peatonal.

– ¡Vivan los novios!

Todos se fueron acercando al coche. Unos aplaudían, otros les vitoreaban.

Salieron Mati y Alberto.

Fueron saludando poco a poco a toda la gente que se les acercaba. Reían… se les notaba nerviosos, aunque habían prometido no hacerlo esta vez, pero como en el día de su boda primera, claramente lo iban a incumplir otra vez. Con un poco de suerte, de la mitad de las cosas, no se acordarían al día siguiente.

– ¡ Vivan los novios!

Era Jonás y sus amigos.

– ¡Vivan!

Aplausos.

Los hijos pequeños del tío Pepe, tiraron arroz.

– Ahora no, luego – les recriminó su madre.

Ricardo seguía mirando la carretera. Nervioso. Joan y Jaime no llegaban.

Mati buscó con la mirada a sus hijos. Se acercó a Jonás, para colocarle bien la ropa. “Este chico es un desastre vistiendo”, pensó. Diana aprovechó para acercarse y darla dos besos y saludarla como si ya fuera su nuera. Manu se quedó unos pasos atrás. La miraba como si no la conociera. Su madre le miró y se acercó a darle un beso.

– ¿Ricardo? – preguntó.

Manu dirigió la mirada hacia donde estaba su hermano. Su padre se estaba acercando a él. Le dio un beso, y le cogió de la mano hacia la Iglesia.

– No te preocupes, ya vendrán. Estarán eligiendo la ropa… ten en cuenta que les has avisado con poco tiempo.

– No vendrán, ya verás. No tenía que haberles llamado… no.

– No seas tonto. Vamos, que tienes que leer tu oración.

– Será mejor que la lea otro, papá, yo…

– Tú la vas a leer estupendamente, que para eso la has escrito. Vamos.

Y tiró de su hijo, cogiéndole de la mano, para llevarle hacia adentro. En ese momento, Jaime apareció corriendo por un lado de la plaza. Venía haciendo gestos de disculpa, abriendo los brazos… según se iba acercando a dónde estaba Ricardo con su padre.

– Perdón, perdón, pero es que soy un desastre, y no me gustaba nada la ropa, y me he puesto como un flan, y me ha entrado…

Ricardo le interrumpió dándole un beso en los labios, lo cual consiguió que Jaime se callara, y que se pusiera rojo como un tomate.

– Este es, mi padre, Alberto. – Se giró hacia su padre – Papá, este es Jaime.

Jaime le fue a dar la mano, pero Alberto le fue a dar un beso en la mejilla.. no se pusieron de acuerdo… la mano de Jaime no se encontró con la de Alberto, y los besos de éste no encontraron una mejilla dónde depositarlos… unas risas nerviosas… al segundo intento, las manos se encontraron, y los besos y los rostros también.

– Tenía ganas de conocerte, Jaime.

– No le voy a engañar, señor, pero hubiera preferido conocerle en otra ocasión, yo es que tanta gente…

– Ven, Jaime, te voy a presentar a mamá…

– Luego harás los honores, ahora debes venir a…

– Si no te importa, ya le voy presentando yo a la familia – era Manu que se había acercado.

– Sí… no… vale…- Ricardo dudaba, quería ser él el que lo presentara, pero no se le ocurría ninguna forma, si Jaime hubiera venido antes…

– Yo soy Diana, encantada, soy la novia de Manu, el hermano de tu novio. Que guay, nunca he conocido a unos gays emparejados…

– Diana, te llama Estela, vete a ver que quiere…

– Na, seguro que…

– Que te largues – Manu se puso serio.

– Ay chico, se nota que estás emocionado con las bodas de tus padres, y estás nervioso y … vale, vale, ya me voy, ¡Que cara! Estela… ¿Qué querías, maja?

– Mira, Jaime, este es mi hermano Jonás.

Jaime estiró la mano, pero Jonás se le acercó y le dio un beso en la mejilla. Manu se le quedó mirando extrañado, pero Jonás hizo como si su hermano no existiera.

– Guay, tenía ganas de conocerte. Estos dos no hacen más que hablar de ti.

– Espero que bien. – apenas le salió la voz a Jaime, se le había secado la boca completamente.

– Na, fatal. Te ponen a parir. Dicen que eres feo, cortado, y tal y cual. Manu de hecho dice que no te follaría ni por todo el oro del mundo.

– Bueno… casi que lo encuentro un alivio…

– Jonás, te estás pasando. Jaime no conoce tu facilidad para el sarcasmo y el sentido figurado.

– Así se va acostumbrando. Estos son mis colegas, Fernan y JJ. Juanjo, para los no allegados. Apretón de manos que estos si les da un beso un hombre, creen que se les contagia el virus del gusto por las pollas.

– Jonás…

– ¡Qué pasa! Soy así… no voy a engañar a nadie. Y menos a mi cuñado.

– ¡Hola! Debes de ser Jaime. Encantada, soy la madre de Ricardo y estos dos sinvergüenzas. Contigo hablaré luego en casa, Jonás que te he oído.

– Pues vale, yo… – Manu le dio una patada en la pierna, para que se callara.

– Sí… yo soy Jaime, encantado, Ricar no hace más que hablar de Usted…

– ¿Usted? Pero trátame de tú, ¿no ves lo joven que estoy con el vestido de novia?

– Sí, está Us…estás guapísima, sí.

– Ya sabes a quien se parece mi hijo. ¿Ya has conocido a todos? Te voy presentando? Si…

– Mamá, tú creo que tienes que prepararte para la entrada. Ya nos encargamos nosotros. ¿A que si Jonás?.

– Sí, sí, claro…

– Sí, pero no es para ti, Manu. Esta parte de Ricardo, la queremos compartir todos.

– ¿Perdón? – dijo sorprendido Jaime.

– Cosas nuestras Jaime, no hagas caso a mi madre.

– Hola Mati – era el tío Ernesto – estás guapísima, me recuerdas…

Aprovechó Manu para llevarse a Jaime de allí, hacia un sitio más tranquilo… Jonás le siguió.

– Será mejor que sigamos con las presentaciones luego, que estás como un flan.

– ¿Se me nota mucho?

– A parte de por la espumilla esa blanca que tienes en la comisura de los labios, y el temblor de la pierna, si no la tienes apoyada, apenas se nota – era Jonás el que había diagnosticado a Jaime en dos palabras.

– ¿Tan desastre?

– No le hagas caso. Pero si tienes un pañuelo…

La gente seguía saludándose. Los corrillos cambiaban. Parece que la ceremonia se retrasaba un poco. Algún problema con la música que habían previsto. Manu y Jonás retuvieron a Jaime en una esquina, y charlaban animadamente con él. Le iban presentando en la distancia a su familia. Manu hacía las referencias serias, y Jonás inmediatamente le contaba los chascarrillos, o se metía con ellos directamente. Jonás sin que se notara, se acabó apoyando en Jaime. Esto le dio seguridad… ese ligero contacto, hizo que empezara a relajar los músculos, y que poco a poco su gesto de la cara se fuera relajando.

Poco a poco empezaron a acercarse los distintos miembros de la familia. El tío Ernesto volvió rápidamente, al decirle Mati que el chico con el que estaban Manu y Jonás, era el novio de Jaime.

Luego vino la tía Felipa, y los niños, Eduardo y Carlos. Y Elisa, y Carmen. Vino el tío Federico, las primas Rosanna y Delia, vino Jesús, un amigo de Manu, que al final se había decidido a acercarse…

Salió un monaguillo, para requerir a los invitados que entraran en la Iglesia. Ya todo estaba preparado, y si se iban sentados, podrían entrar los novios con la marcha nupcial de fondo.

Empezó a sonar la marcha…

Mati y Alberto caminaban por el pasillo central. Iban sonriendo, y saludando a los invitados según iban avanzando. En el altar, les esperaban sus hijos, Jonás y Ricardo, que iban a hacer de testigos. Ricardo le había colocado la corbata bien a su hermano. Éste mientras estaban esperando, había puesto su dedo índice entre los dedos de Ricar. Éste le miró extrañado, pero Jonás miraba al frente… Llegaban sus padres, así que se pusieron uno a cada lado.

La ceremonia empezó.

En lugar de la 1ª y 2ª lecturas, la tía Felipa leería una poesía, y Ricardo, leería una cosa que había escrito hacía ya unas semanas.

Llegó el turno de Ricardo.

Subió al atril.

“Hola familia. Amigos… Estamos aquí, hoy, porque mi padre y mi madre decidieron hace 25 años, casarse, y hoy han decidido que pasemos por el suplicio de vernos todos y juntarnos. Vamos, que les sobraban unos miles de euros, y dijeron: vamos a invitar a comer a la familia. Lo podían haberse gastado en un ordenador nuevo para mí, y les había salido más barato…”

Se abrió la puerta de la iglesia. Por mucho que intentó no hacer ruido… no pudo pasar desapercibido. Era Joan. Ricardo levantó un segundo la mirada. Sonrió imperceptiblemente. Ya estaban todos, pensó.

Joan buscó con la mirada dónde estaba Jaime. Enseguida le vio, estaba casi al final de la Iglesia, apartado un poco de los demás.

Se puso a su lado, y le dio un beso en la mejilla. Jaime se revolvió un poco incómodo… se quedaron mirando… Ricardo volvió a levantar en ese momento la mirada… y vio… Se paró apenas unos instantes…

“… pero sabéis… aunque no me hayan comprado el ordenador nuevo, y… “

Fue un flash, un momento… esa mirada entre Joan y Jaime… Ricardo pensó que había perdido a su novio, a su tabla de salvación… quizás Manu tuviera razón… Joan era un cabrón. Quizás nunca Jaime había sido suyo… quizás la historia entre ellos no acabó en ese polvo de aquél día, en el que Joan salió corriendo y dejó tirado a Jaime…

“… os quiero, papá y mamá. Hoy hemos discutido… pero sé que mañana, tendré un hombro dónde llorar. Porque mañana, lloraré.”

Y sonó la música.

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Historia completa seguida.

Historia por capítulos.