Déjame que sea lo que quiera.

Esto que dijo el Papa cuando viajaba hacia España, está dando mucho juego. Me refiero a lo de la laicidad agresiva. Durante un tiempo hemos podido escuchar tertulias, debates, noticias sobre el tema. Y como casi siempre en estos casos, es un diálogo de sordos. O al menos eso me parece a mí.

La jerarquía de la Iglesia católica, intenta convencer a todo el mundo de sus ideas. Los gays no podemos casarnos, no podemos existir incluso, según alguna corriente extrema; no podemos tener los mismos derechos que los demás.

Muchos gays, no entienden como otros gays pueden ser católicos. Leo en muchos blogs opiniones despectivas sobre los que tienen creencias religiosas.

Al final, parece que todo se resume en que “hay que ser todos iguales”. Hay que vencer al enemigo. Los que creen, quieren que todo gire entorno a sus creencias. Los que no creen, quieren que los que lo hacen, lo hagan en casa a ser posible, como algunos creyentes quieren que, como mal menor, los gays nos queramos; en casa, a oscuras, y con la persiana cerrada, por si alguien nos ve.

Yo no sé… pero yo no quiero que todos sean gays. Pero leo a algunos que si que quieren que todos seamos heterosexuales. Yo no quiero que todos dejen de creer en Dios, ni que todos vayamos a cantar “Hosanna en el cielo” a las puertas de la catedral de Burgos. Yo sencillamente quisiera que todos respetáramos a todos. Yo soy gay, quiero que me respeten. No se trata de que me acepten o no. Eso siempre me ha sonado como a: “démosle a éste una dádiva y permitámosle que se aparee con otro hombre, pero que yo no lo vea”. O: “aceptemos a éste su solicitud de pertenecer al club de los que tienen derecho a vivir”. Respeto. Como el que se merece el que cree en Dios, o el que no cree. O el que es heterosexual.

Me parece estupendo que la Iglesia predique su doctrina, y quiera que el máximo número posible de hombres y mujeres sigan sus preceptos. Pero sin imponerme a mí, que no estoy de acuerdo con algunos de ellos, que los cumpla, bajo pena de castigo. pero  por una ley civil, no con un castigo “religioso” El aborto está ahí, por ejemplo, para que, quien su ética o moralidad le indique que debe utilizarlo. Y quien piense que está cometiendo un asesinato, que no lo practique. No hay ninguna obligación.

Pero tampoco me parece bien esta gente que menosprecia a quienes creen en Dios.

Así resulta que, según por la calle que pasees, debes sentir vergüenza por ser católico. Das la vuelta a la esquina, y debes esconder que eres gay. Llegas a la plaza, y tienes que bajar la cabeza por no creer en la vida eterna. Y llegas al bar, y mejor que no digas que no te gusta el fútbol. Pero luego, si vas al “Rimmel”, no digas que eres gay y te gusta el fútbol, porque te mirarán de arriba a abajo, y te harán sentir que has traicionado a la causa gay. Y encima como no te guste Madonna, bueno, bueno… ¡¡Lapidación!!

Y la culpa de todo esto, la tiene “el Tomate”. Huy, que ya no lo ponen… qué despiste.