Vacío y solo.

Hoy tenía pensado escribir sobre las luces de Navidad, sobre todo lo que llega, lo que significa, o lo que no… Y estaba dándole vueltas a la cabeza a todas estas cosas… y una llamada de teléfono lo cambia todo.

Me llamaba mi padre, pidiéndome ayuda. No la pedía, claro. Mi padre es lo suficientemente orgulloso para no hacerlo. Me informaba, solo me informaba de que se había caído en casa y de que no podía levantarse. Que llevaba media hora en el suelo tirado. O una hora.

Sabes… parece que hay un momento en que todo cambia. Un instante, como decía hace unos días. Yo tengo un día, y una hora: 5 de febrero, creo que del 2007. 15,00 h.

Ese día murió mi madre. Ahí empezó todo. Fue el detonante. Estaba con ella, la miré a los ojos… la depresión parecía que se hacía otra vez con el control de su vida. Esa mirada… esa última mirada la tengo clavada en el alma… decía tantas cosas… tantas… que no sé si algún día podré descifrar su contenido completamente. Me fui a preparar algo de comer. La dejé sentada en su butaca preferida. Mi padre fue a llamar para pedir hora al médico. No me dio tiempo ni a batir unos huevos, cuando mi padre me llamó a gritos. A penas atiné a apagar el fuego, y… ahí estaba, en el suelo.

Recuerdo intentando hacerle la respiración, el masaje cardíaco, llamar a 112, recuerdo los de la ambulancia trabajando sobre ella… 20 minutos, 25… y recuerdo el veredicto.

Esa escena a veces me vuelve. Y me duele. Y esa última mirada… sí, sí, a veces soy bobo. Esos detalles… las veo muchas veces, las siento… miradas furtivas, sentimientos ocultos que se escapan… amores escondidos a los que se amordaza porque no cuadran, miedos que se ocultan, alegrías internas, tristezas disimuladas, amor… y luego esas percepciones te las tienes que guardar porque nadie las entiende. Y si un día las dices en voz alta, los que te escuchan te miran con condescendencia… Es mejor callar. No, no es mejor callar. Es mejor no ver… eso es lo mejor.

Ese día, 5 de febrero, todo cambió, claro. Casualidades de la vida, unos meses después, a mi padre le descubrieron el primer cáncer: el de mama. Para los despistados, decir que los hombres tenemos mamas, aunque no las desarrollamos como las mujeres. Y por lo tanto, tenemos la posibilidad de tener cáncer de mama. Son pocos lo hombres que lo tienen, creo que es un 1% de los casos. Pero a algunos les toca.

Le operaron. Le extirparon la mama y los ganglios de ese lado que estaban ya afectados. Mi padre es fuerte… fuerte de cojones. Se recuperó con relativa rapidez.

Se libró de la quimio, aunque la radio sí le esperaba. Pero, en las pruebas que le hicieron para comprobar el éxito de la operación, descubrieron otro cáncer: de riñón.

Otra operación. Esta más complicada y sobre todo más dolorosa. Pero dentro de lo que cabe, pues se recuperó más o menos rápido. Claro que, al mes o así, se cayó en una cafetería, y se le salió el hombro. Bueno… otro contratiempo. Un mes con el brazo inmovilizado… luego vino la rehabilitación, luego la radioterapia aplazada de la mama…

Mi padre tiene un carácter insoportable. De hecho me cuesta un mundo aguantarle… de hecho no le aguanto, me saca de mis casillas. Pero es lo que hay… ya es tarde para arrepentirte de las decisiones que se tomaron en el pasado, o que se dejaron de tomar. Me toca transitar con él en este proceso… esto me pasa por ser soltero.

Sigo.

Luego llegó una revisión, y, parece que el cáncer de riñón, pues había establecido un puente en los tejidos colindantes. O sea, que crecía. Y bueno, pues, una pastillita… y arreglado, nos dicen. Es una pastillita que en realidad es una forma de quimio. Una pastillita que, en su grado más alto, le causa tales efectos secundarios que, al cabo de unas semanas, se la quitan. Tarda en recuperarse de los efectos, pero al final lo consigue. Es fuerte el cabrón… 89 años, y… es fuerte.

Deciden probar con la dosis más baja. Pero al cabo de un par de meses, va perdiendo lucidez, va perdiendo agilidad, no puede comer más que purés… un día se cae en la calle, parece que no ha sido nada, dicen… pero algo se queda en la acera… ya no puede salir a la calle solo… no sé.

Hoy otra caída. Otro golpe en la cabeza. No parece que es nada… pero… creo que algo se ha quedado en el pasillo.

Desde las ocho menos algo, llevo dándole vueltas a muchas cosas. Porque es cierto, no me cae bien mi padre. De hecho el 95% de las veces hace que me sienta mal. Pero el ver como a veces no atina, está despistado, verle tan vulnerable, siendo tan desagradable normalmente, me… no sé, me emociona. Y me hace sentirme mal… porque no creo estar haciendo lo posible porque esté más a gusto, o porque… es que no sé hacerlo mejor, quizás, me supera… sí… Verle como se va apagando. Verle sin aficiones, sin nada que le entretenga, más solo que… ese puto carácter egocéntrico que tiene, y desagradable… y tengo que ser optimista, y fuerte… estoy cansado de ser fuerte…

Predico muchas veces que hay que dejar paso a los sentimientos, que no hay que ser un témpano de hielo. Recuerdo muchos comentarios en todos esos blogs que he visitado en estos 4 años largos que llevo en este mundo, diciendo que hay que empatizar, he escrito tanto sobre ello… que… pero no… es un error. Yo creo tener esa capacidad, y no sirve de nada. Solo sirve para sentirte tú mal, y que la gente se enfade contigo, porque se sientan descubiertos, o huyan. No sirve de nada ser sensible, solo sirve para sufrir y quedar como un idiota si se te ocurre confesarte con alguien. Y empatizar y encontrarte con que nadie sabe siquiera escuchar…

Hoy me siento verdaderamente vacío, y solo. Y fracasado. Soy un fracasado, eso ya lo sabía, pero hoy, hoy lo siento… lo siento de verdad.

Hoy además, tengo la impresión de no haber expresado ni la mitad de lo que quería decir. Menos mal que casi nadie de los que leeréis esto, me conocéis. Vaya mierda.

Creo que mañana me arrepentiré de haber colgado esto.