Silencio, estamos charlando…

 

¡Qué silencio!

Ahora es el momento en el que debería escribir un relato maravilloso, un nuevo capítulo de “una buena mañana para correr”, o ese cuento de navidad, que al paso que voy, escribiré en Semana Santa. Por lo menos original sería… no me lo neguéis.

O un desparrame para reír…

Pero no… quisiera dejar que mi cabeza deambulara sin rumbo, con tranquilidad, como si estuviéramos tú y yo charlando en el salón de mi casa, o de la tuya, con un café o una copa, guardando de vez en cuando silencio… pero eso sí, con conversaciones profundas, esenciales…

Por ejemplo… ¿Para qué vivimos?

Sí, estudiamos, trabajamos. Encontramos a una pareja. Unos tiene hijos, y otros no. Tenemos padres. Unos la quieren y la defienden, a la familia me refiero ahora, y otros pasan de ella. Pero en el fondo ¿Cuál es la finalidad última de nuestra vida?

Podría ser la felicidad. Pero feliz, feliz… ¿cuántos pueden decir que son felices? Unos porque no encuentran a su pareja. Otros, porque la que tienen no les llena. Otros, porque se sienten mal por cómo son, o por si son más bajos que la media, o tienen más pelo de los que les gustaría, porque les sobran 15 kilos, o porque son unos engreídos. A unos no les gusta su trabajo, pero no queda otra. ¿Cuantas personas hay que no trabajan siquiera en lo que han estudiado? ¿Y cuantos hay que han estudiado algo que no les gustaba? Se puede ser feliz sin todo esto, claro. Para eso existe el auto-engaño. O la resignación. Pero ese es otro tema.

Yo siempre digo que hay que buscar esas pequeñas cosas que nos dan placer. A mí, por ejemplo, me pone estupendo una conversación, una buena conversación. Me da placer leer un buen libro, o ver una película estupenda. Pero, esos pequeños placeres son momentos aislados que robo a la vorágine de la vida que llevo. Últimamente, ahora que lo pienso, lo que más placer me da es dormir bien. Sí. Hoy ha sido un día muy llevadero, pese al puñereto día que he tenido, con visita a urgencias con mi padre incluida, porque esta noche pasada ha sido la primera en mucho tiempo, en la que he dormido bien.

Y la sonrisa de un niño… eso es maravilloso. Y la belleza del cuerpo de un hombre, por ejemplo. Eso también da placer.


Típico y tópico. La sonrisa de un niño, una flor en primavera, el sol asomando entre las nubes… Vale, sí, todo eso es maravilloso… pero yo, Jaime, ¿qué coño he venido a hacer en esta vida? Pues ni idea… no encuentro respuesta. Mi trabajo no me gusta. Mi familia… pues qué queréis que os diga. Pareja, ni la tengo, ni la espero. Amigos… sí vale, pero cada uno tiene sus cosas… Escribir, dirá alguno, pero eso, perdonadme, puede ser un pasatiempo estupendo, pero no creo que se convierta en el norte de mi vida. Y mira que me gusta… pero no creo que concite alrededor de mis palabras al suficiente número de personas para que pueda sentirme “llamado por la gracia de Dios” a ser un gran escritor. Vale, ni grande ni pequeño. Y eso que, alguna vez que con mis escritos he conseguido animar a alguien, o hacerle ver las cosas desde otro punto de vista más positivo… pues me he sentido feliz. Apuntamos esto entre esos pequeños placeres que citaba antes. Pero… eso no es el fin último de mi vida. Y reitero, no me siento feliz…

Ahora que pienso, que maja mi madre, recuerdo que, bueno, os sitúo: yo soy el pequeño, con 13 años de diferencia con mi hermano anterior. Mi madre, cuando yo era pequeño, me decía que me habían tenido para que cuidara de ellos… qué maja mi madre… aquí estoy velando el sueño febril de mi padre… pero esto no puede ser la finalidad de mi existencia. ¿Mi vida se va a acabar cuando mi padre muera? Pues vaya…

Y la felicidad tampoco, porque al paso que va la burra…

Chicas, chicos, me rindo. Sip.

Huy, espera, que podríamos hablar un rato de las ilusiones… eso que es lo que mueve a muchas personas, y su no consecución es lo que hunde en la depresión a muchas otras…

Escuchaba hace un momento en la tele, en uno de esos programas en los que un grácil y dicharachero reportero cámara en mano, va a visitar a españoles que trabajan y/o estudian repartidos por el mundo, a un chico que tiene una beca o algo así en USA, y decía que allí, la gente solo busca ganar mucho dinero, escalar posición social, comprar muchas cosas, y esas son las razones que les mueven. Pues mira… ojalá fuera mi caso. Al menos… tendría esa meta, ilusión, o modo de vida.

Otra razón última, podría ser el “ganarse el cielo”. Pero eso, aún no siendo ateo, pues me pilla como muy lejano, y poco terrenal. No me convence.

¿Veis? Todo esto se arreglaba si tuviera pareja, y ahora él me hacía un par de carantoñas, y nos poníamos a practicar en cualquier rincón de nuestra casa, los juegos del martes por la noche.

Pero en cambio, me iré a la cama, y pondré el despertador a las 6, para que mi padre se tome las dos pastillas nuevas que ha conseguido en la visita a urgencias.

Y luego, me quejo. Mucho mejor mi plan de esta noche, que los juegos del martes con mi chico, dónde va a parar.

 

Resumen para LuisM.

 

1.- no soy feliz.

2.- no tengo pareja.

3.- mi padre está jodido.

4.- yo estoy jodido.

5.- me quiero hacer anacoreta y apartarme del mundo.

6.- la sonrisa de un niño está guay y tal, pero no sirve para nada.

7.- la vida es una mierda.

8.- a las 6 a.m. Dos pastillas: Augmentine y Gelocatil.

9.- ¿qué es la felicidad?

10.- ¿qué leñe hago en esta puta vida?

11.- si hay alguna falta, me decís, porque no tengo ninguna intención de releer esto.

y 12.- no tengo pareja, estoy jodido, no soy feliz.

 

¡Hala!