Una buena mañana para correr (41).

Lo hizo.

Lo iba pensando cuando salió de la universidad. Y frente a una de las figuras de bronce que jalonan las calles de Burgos, se decidió completamente.

Llegó a casa. Vio a su padre en el salón, y a su madre cocinando. Sus hermanos estaban cada uno en su habitación.

Cerró la puerta de la suya.

Encendió el ordenador.

Se metió en una página de contactos.

Se creo un perfil nuevo.

Se puso delante del espejo de su armario, se desnudó y se sacó una foto. Tuvo cuidado de que no se le viera la cara.

Sacó la tarjeta de la cámara, y descargó la foto.

La subió al perfil.

¿Intereses?

“Follar en Burgos”.

A la media hora tenía 15 propuestas.

A 7 las rechazó por no ser de Burgos.

A otras 4, por no tener sitio.

Era él el que ponía hoy las condiciones.

Con los otros 4, les agregó a la cuenta de MSN que se acababa de crear. Y habló con ellos.

Al final quedaron dos.

A los otros dos, les eliminó.

Con uno quedó el viernes. Antes no podía.

Con el otro, quedó al día siguiente.

Martes.

En realidad es hoy.

Caminaba Ricardo camino del Coraçao, en donde había quedado con “pollon25”. Ni le había preguntado por su nombre. Ni siquiera le había visto la cara. La foto era de su miembro. Y lo demás daba igual.

Quedó en llevar una camiseta azul, con la leyenda: ”chúpate esa”. Y la llevaba.

Llevaba, por si le daban plantón, un libro que leer.

Su “ligue” llevaría unos pantalones granates, y una camiseta verde. Gran combinación, pensó. Aunque ya se la había visto a alguien, pero no recordaba a quién. Pensaría en comprarse algo así. Debía ser la moda, y el estaba fuera de onda.

Llegó.

Cuba de ron, pidió.

Negrita.

Miró al camarero. Era guapo.

Ya eran las 8 y media.

Pollón llegaba tarde.

Pegó un par de sorbos a su cubata. Echó una mirada al local. Solo había un pequeño grupo de chicos sentados en una mesa al fondo.

La música molaba.

Sacó su libro. “La Hoja Roja” de Delibes.

Quitó la marca y se dispuso a seguir con el libro dónde lo dejó el viernes.

“A mediados de noviembre, como cada año, se desató el Norte. En unas horas, el parque quedó desnudo y despoblado a excepción de los gorriones y las urracas, que soportaban impávidos los rigores invernales.”

¿Cómo será pollón25?

Daba igual, se dijo. Lo importante era que quería tener sexo sin complicaciones. Daba igual si era guapo, feo. ¿Y si en lugar de 20 tenía 43? Daba igual, volvió a repetirse. Iba a follar y follaría.

Pensó en como sería. Irían a su casa, y se besarían.

Le desnudaría.

Le tiraría sobre el sofá, o sobre la cama. O en el suelo. Quería morderle los lóbulos del culo. Quería meterse sus testículos en la boca. Quería que le mordiera en el perineo. Quería meter su pene en el culo de Pollón. Y que no perdiera la erección. Le daría ligeros azotes mientras le cabalgaba. “Cabalgar”, que poco le gustaba esa palabra hasta el domingo. Hoy, era lo único que quería: cabalgar.

De repente se acordó de los preservativos. Sacó su cartera asustado: no recordaba haberlos cogido. Respiró tranquilo cuando vio que llevaba tres. Bastarían, pensó. Se sonrió por la gracieta.

Quería pasar su lengua por su miembro. Quería notarlo palpitar. Quería meterle el dedo en el culo mientras le mordía el capullo, y le acariciaba con su lengua.

Quería penetrarlo mirándole a la cara. Quería que doblara sus piernas hacia delante, para que le dejara el agujero bien dispuesto. Que se agarrara sus piernas con sus manos, para permitirle actuar con libertad.

Quería que le comiera el culo. Que le metiera le lengua hasta la campanilla… sí… quería…

De repente se dio cuenta que se estaba poniendo super empalmado. Casi le dolía la opresión que le hacían los CK que llevaba.

Decidió abrir el libro de nuevo.

“Los árboles, sacudidos por el viento, semejaban una zarabanda de esqueletos sobre una brillante alfombra de hojas amarillas. Dos días después, el viento amainó”.

Su erección no amainaba.

Miró el reloj.

Ya se retrasaba 15 minutos. Pensó que si no llegaba en otros 15 minutos, se iba. Pensó en mandarle un sms, pero lo desechó. No quería que pensara que estaba desesperado.

Entró un chico en el bar. Pero iba con traje y corbata.

Por un momento se imaginó que sí, que fuera. Se imaginó como le desnudaría, dejando la corbata sobre su pecho desnudo. Y como le llevaría tirando de ella, hasta el dormitorio.

Siguió disimuladamente al chico del traje. Se colocó al otro lado de la barra. Pidió al camarero un Red Bull. Tenía bonita voz. Pensó en que no le importaría que fuera el chico ese. Se le notaba que no estaba acostumbrado a llevar traje. No hacía más que colocárselo.

Se le pasó una idea por la cabeza. Si ese Pollón de los cojones, no aparecía, intentaría ligarse al trajeado. Hoy estaba desaforado. No le importaban sus complejos, ni su deseo de encontrar alguien “especial”. Hoy quería encontrar cualquier polla especial y cualquier culo especial, que tuvieran de especial que se dejarían follar especialmente por él.

Le vino a la cabeza por un momento la imagen de Jaime y Joan follando. Cabrones de mierda. ¡Cómo le habían intentado dársela! ¡Cómo le habían pateado sus sentimientos, su confianza!.

– Hola, perdona el retraso.

Sin darse cuenta, solo escuchar su voz, su miembro palpitó. Había llegado su polvo.

Se dio la vuelta.

– ¡Ya me iba a ir! Podrías al menos…

Se miraron a los ojos.

Abrieron la boca.

Cabreo.

A Ricardo se le bajó la excitación al -20.

– ¡Hostias! ¡La madre que me parió!

– De todos los putos hombres del mundo, tenías que ser tú.

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Historia completa seguida.

Historia por capítulos.