De cosas propias de estas fechas, o disquisiciones de un demente.

 

Pero si ya es Navidad, y yo con estos pelos… ni cena, ni comida, ni nada… no tengo nada. Y al final mi hermano viene… y yo que creía que después de la última visita no se iba a atrever… jajajajaja.

Sabes, no puede ser. Este año no llevo las cosas como se deben llevar. Yo tenía unas tradiciones que este año me estoy saltando a la torera. Mal… muy mal Jaime… así no llegarás a ningún sitio en la vida… qué decís… ¿Qué no llegaré de ninguna forma? Pues sí… tenéis razón… Corramos tupido velo. (Uno o dos, dependiendo de lo tupido… el velo, digo)

Ya debería haber visitado las tiendas al uso y centros comerciales, para echar un vistazo para la cena y comida. Ver cosas nuevas, ideas… no, no os penséis que me voy a meter en la cocina a lo grande el 24 por la tarde. Yo algo de picar, facilito, y un pavo, pollo, capón, pularda o similar, a ser posible que venga ya asado. Un calentón mientras bebemos la primera copita, y a comer. ¡hala!

Pero no tengo nada. Todo sea que comamos un filete a la plancha. ¡Tortilla de patata! Eso. Si no encuentro nada, hago una tortilla de patata, y tostadas para untar paté. Y jamón para tomar con pan con tomate.

Ains.

Si tuviera ganas haría un pastel de merluza y gambas. No estaría mal.

Coliflor… era muy típico de la tierra de mi madre…

Ahora que lo pienso, no tengo ni cava ni turrón… que mal… ¿no?

Otra de las tradiciones que me he saltado, es pensar en qué hacer si toca la lotería. Claro, es que hay que tener un plan. No se puede improvisar dar uso y disfrute a 1 millón de euros, o peor, si te toca el euromillón… ¿qué haces con 43 millones de euros, como le han tocado a uno en Guardo, la semana pasada? Pues yo todos los años, hago un plan.

Primero, dependiendo de la cantidad, establezco una serie de gente a la que haría partícipe del premio. Sí… pienso… mis hermanos, mis sobrinas, mi amigo Javi, Ricardo, Borja, Saúl, Olga, Carlos, Helena, Israel… no este no que no me llama ni a tiros… Establecidos a los que voy a dar una parte, pues digo: de esos 43 millones, la mitad a repartir entre toda esta gente. ¿Sale a un millón? Pues hala. Y entonces, cuando toca, yo lo primero que hago es llevar el décimo o el resguardo de la Primi, al banco de confianza. Y después, llamo a los que serán objeto de reparto, y que me den una cuenta, el DNI y demás, para que lo cobren directamente.

Y luego yo, cobrada la parte que he destinado a mí, pues… empiezo a cambiar poco a poco mi vida. No, no se puede dejar de trabajar al día siguiente, que si no se entera todo el mundo. Por cierto… en mi plan, nadie se entera salvo los que cobran una parte. Y estos, como se vayan de la lengua… no cobran ni en chapas de chorizo, claro. Porque es una pena enterarse de lo falsa que es la gente, cuando pasas de desarrapado a millonario. La de amigos, y proyectos que te salen. La de gente que ha estado años sin mirarte al cruzarte con ellos por la calle, y que encuentra tu teléfono, a parte de directores de banco y de emisoras de radio y televisión para entrevistarte.

Así que, discreción.

Ahora que lo pienso, a lo mejor no debería repartir parte del premio. Nop. Porque a lo mejor pierdes a esos amigos… como tienen pasta, pues buscan compañías más interesantes… Pues nada, borrados los que iban a recibir una parte…

Esto puede parecer una bobada, todas estas elucubraciones mentales y tal y cual… pero en un viaje de bus, por ejemplo, se te hace corto… o en una noche de esas que no te duermes ni a tiros, porque al día siguiente es nochebuena, y mira, no la vas a disfrutar como te gustaría, porque la navidad te deprime, sí… pero no es porque no te gusta, es porque no la puedes celebrar como quisieras, porque la gente a tu alrededor es sosa, y no tienes ganas de mandar a la mierda a todos tus ancestros y coetáneos con la misma sangre, o incluso mandar a garguear (hacer gárgaras, me lo inventado… ¿qué pasa?) a los amigos que proclaman su adhesión a ti y demás, pero solo de boca, y no con hechos palpables, besos y achuchones diversos… pues estos sueños, digo, estos planes, hacen que te olvides de todo eso, y en un momento dado de la noche concilies el sueño, e incluso, puedas descansar.

Y os preguntaréis… pregunta pregunta… ¿A qué viene a todas estas sandeces?

Pues que mira, que es Nochebuena un día de estos, y luego Navidad. Y que… pues había que escribir algo para no poner sencillamente un Papa Noël en bolas, o una canción de Navidad, y poner un ¡¡Feliz Navidad!! en letras grandes.

Daos pues por felicitados, y si queréis poner una canción en los comentarios, o quizás escribir una bonita dedicatoria, o mandarme unos cuentos besos, y achuchones diversos, que sabéis que soy muy propenso a ello, aunque me da igual, porque ni San Pedro bendito y la corte celestial me trata con amor pasteloso (pausa para respirar), o incluso escribir un bonito sueño, o un plan para cuando ganen la primitiva, o la lotería de Navidad, claro está, la del año que viene… por cierto, si alguien de los agraciados de este año, lee este blog, espero que tenga a bien invitarme a un café, aunque sea vestido. Y si el premio ha sido cuantioso, a una comida en restaurante fetén.

Y lo dejo que me lío.

 

Resumen para LuisM:

 

¡¡¡¡Feliz navidad!!!!

¿Alguien me deja unos besos en los comentarios? Pero a ser posible, sacando el palo de escoba que alguno tiene metido por el culo y saliendo por la nuca en tales ocasiones. O sea, besos con naturalidad y nada forzados.

Una canción de navidad. Le escuché un día a Santi Segurola recomendar esta canción. Decía que la letra era dura… me perdonaréis pero no sé inglés, y no he tenido ni tiempo ni ganas de buscar la letra y su traducción. Si alguien se anima, ya sabéis.

 

Luke Worrall – toma 2.

Si recordáis, ya colgué fotos de este chico, cuando me lo crucé en una marquesina de Burgos. Luego, claro, puse un post ampliando la campaña que había hecho Luke Worrall para Antony Morato. Por cierto, que par la próxima, espero que Morato tenga a bien enviarme la campaña, sin que tenga yo que cogerla de por ahí… hummmmmmm, que ya es la segunda que le cuelgo entera. La otra fue la anterior con Simon Nessman.

Hoy toca repasar alguno de sus trabajos anteriores a esa campaña.

¿Por qué diréis? Porque me agradan sus trabajos, su físico… y porque después de toda la caña que le han dado por su relación con una cantante inglesa, creo que se lo merece.

Aunque no me ha invitado todavía a un café. Y eso me parece fatal. Pero bueno.

 

Una buena mañana para correr (41).

Lo hizo.

Lo iba pensando cuando salió de la universidad. Y frente a una de las figuras de bronce que jalonan las calles de Burgos, se decidió completamente.

Llegó a casa. Vio a su padre en el salón, y a su madre cocinando. Sus hermanos estaban cada uno en su habitación.

Cerró la puerta de la suya.

Encendió el ordenador.

Se metió en una página de contactos.

Se creo un perfil nuevo.

Se puso delante del espejo de su armario, se desnudó y se sacó una foto. Tuvo cuidado de que no se le viera la cara.

Sacó la tarjeta de la cámara, y descargó la foto.

La subió al perfil.

¿Intereses?

“Follar en Burgos”.

A la media hora tenía 15 propuestas.

A 7 las rechazó por no ser de Burgos.

A otras 4, por no tener sitio.

Era él el que ponía hoy las condiciones.

Con los otros 4, les agregó a la cuenta de MSN que se acababa de crear. Y habló con ellos.

Al final quedaron dos.

A los otros dos, les eliminó.

Con uno quedó el viernes. Antes no podía.

Con el otro, quedó al día siguiente.

Martes.

En realidad es hoy.

Caminaba Ricardo camino del Coraçao, en donde había quedado con “pollon25”. Ni le había preguntado por su nombre. Ni siquiera le había visto la cara. La foto era de su miembro. Y lo demás daba igual.

Quedó en llevar una camiseta azul, con la leyenda: ”chúpate esa”. Y la llevaba.

Llevaba, por si le daban plantón, un libro que leer.

Su “ligue” llevaría unos pantalones granates, y una camiseta verde. Gran combinación, pensó. Aunque ya se la había visto a alguien, pero no recordaba a quién. Pensaría en comprarse algo así. Debía ser la moda, y el estaba fuera de onda.

Llegó.

Cuba de ron, pidió.

Negrita.

Miró al camarero. Era guapo.

Ya eran las 8 y media.

Pollón llegaba tarde.

Pegó un par de sorbos a su cubata. Echó una mirada al local. Solo había un pequeño grupo de chicos sentados en una mesa al fondo.

La música molaba.

Sacó su libro. “La Hoja Roja” de Delibes.

Quitó la marca y se dispuso a seguir con el libro dónde lo dejó el viernes.

“A mediados de noviembre, como cada año, se desató el Norte. En unas horas, el parque quedó desnudo y despoblado a excepción de los gorriones y las urracas, que soportaban impávidos los rigores invernales.”

¿Cómo será pollón25?

Daba igual, se dijo. Lo importante era que quería tener sexo sin complicaciones. Daba igual si era guapo, feo. ¿Y si en lugar de 20 tenía 43? Daba igual, volvió a repetirse. Iba a follar y follaría.

Pensó en como sería. Irían a su casa, y se besarían.

Le desnudaría.

Le tiraría sobre el sofá, o sobre la cama. O en el suelo. Quería morderle los lóbulos del culo. Quería meterse sus testículos en la boca. Quería que le mordiera en el perineo. Quería meter su pene en el culo de Pollón. Y que no perdiera la erección. Le daría ligeros azotes mientras le cabalgaba. “Cabalgar”, que poco le gustaba esa palabra hasta el domingo. Hoy, era lo único que quería: cabalgar.

De repente se acordó de los preservativos. Sacó su cartera asustado: no recordaba haberlos cogido. Respiró tranquilo cuando vio que llevaba tres. Bastarían, pensó. Se sonrió por la gracieta.

Quería pasar su lengua por su miembro. Quería notarlo palpitar. Quería meterle el dedo en el culo mientras le mordía el capullo, y le acariciaba con su lengua.

Quería penetrarlo mirándole a la cara. Quería que doblara sus piernas hacia delante, para que le dejara el agujero bien dispuesto. Que se agarrara sus piernas con sus manos, para permitirle actuar con libertad.

Quería que le comiera el culo. Que le metiera le lengua hasta la campanilla… sí… quería…

De repente se dio cuenta que se estaba poniendo super empalmado. Casi le dolía la opresión que le hacían los CK que llevaba.

Decidió abrir el libro de nuevo.

“Los árboles, sacudidos por el viento, semejaban una zarabanda de esqueletos sobre una brillante alfombra de hojas amarillas. Dos días después, el viento amainó”.

Su erección no amainaba.

Miró el reloj.

Ya se retrasaba 15 minutos. Pensó que si no llegaba en otros 15 minutos, se iba. Pensó en mandarle un sms, pero lo desechó. No quería que pensara que estaba desesperado.

Entró un chico en el bar. Pero iba con traje y corbata.

Por un momento se imaginó que sí, que fuera. Se imaginó como le desnudaría, dejando la corbata sobre su pecho desnudo. Y como le llevaría tirando de ella, hasta el dormitorio.

Siguió disimuladamente al chico del traje. Se colocó al otro lado de la barra. Pidió al camarero un Red Bull. Tenía bonita voz. Pensó en que no le importaría que fuera el chico ese. Se le notaba que no estaba acostumbrado a llevar traje. No hacía más que colocárselo.

Se le pasó una idea por la cabeza. Si ese Pollón de los cojones, no aparecía, intentaría ligarse al trajeado. Hoy estaba desaforado. No le importaban sus complejos, ni su deseo de encontrar alguien “especial”. Hoy quería encontrar cualquier polla especial y cualquier culo especial, que tuvieran de especial que se dejarían follar especialmente por él.

Le vino a la cabeza por un momento la imagen de Jaime y Joan follando. Cabrones de mierda. ¡Cómo le habían intentado dársela! ¡Cómo le habían pateado sus sentimientos, su confianza!.

– Hola, perdona el retraso.

Sin darse cuenta, solo escuchar su voz, su miembro palpitó. Había llegado su polvo.

Se dio la vuelta.

– ¡Ya me iba a ir! Podrías al menos…

Se miraron a los ojos.

Abrieron la boca.

Cabreo.

A Ricardo se le bajó la excitación al -20.

– ¡Hostias! ¡La madre que me parió!

– De todos los putos hombres del mundo, tenías que ser tú.

________

Historia completa seguida.

Historia por capítulos.

Apuntes de sábado.

Apuntes de sábado.

Tomé un café con alimatou. Me mandó un mail por la mañana cuando salía de Salamanca, y por suerte miré el correo antes de salir de casa y mira… unas horas después, llegaba su autobús a la estación. Y yo ahí, esperándolo. Un chico genial. Una lástima que solo fuera media hora. Esperemos que esto se repita… sip.

Pero veis, hay gente que me invita a café y todo. No como otros. Y no miro a nadie ¿eh? Y no pasa nada… en fin. Y no lo digo por nada ¿eh? Y encima el café lo tomamos en Burgos. No tuve que ir a Madrid, ni a Badajoz, ni a Murcia para tomarlo. Fue en Burgos. Café Bou, para más señas.

 

Hablé con un chico bajo la ducha. Pero solo un momento. Enseguida salió, se secó, y se vistió el tío capullo. Y encima no se ha liado con nadie, ni nada… no sé para que le llamé entonces. NO, no fue para felicitarle las Navidades. ¿Sería porque un día me llamó y no pude hablar con él? No sé… pero vamos, si llego a saber que no tiene cotilleos, y que se iba a vestir a la primera oportunidad, pues ni me molesto. Tío capullo este… en fin.

 

Me quedé sin aire un par de veces. Esto de estar pendiente de cada ruido que hay en casa, por si mi padre se cae, o le pasa algo… ¡oye! Que es que me llevo cada susto… Tengo que dar una solución a este tema… no me parece que yo pueda seguir así mucho tiempo.

 

Un poco de música. Dedicada a Alimantou.

PD. Estoy tan tonto que me acabo de quemar en la cocina… de la forma más tonta… es que estoy un poco tonto últimamente. Vale, vale, es de siempre, pero tampoco hace falta que os pongáis así… vamos digo.

 

Me han dado un premio.

¿Y qué digo yo? ¿Eh?

Estaba pensando en hacer un discurso como las estrellas del cine cuando les dan un premio, que hablan y hablan sin parar acordándose hasta el perro de su primo tercero, el de Villabotijos de Abajo.

Por otro lado, podría hacer algo así como ”Jo, tía, que me han dao un premio”, con ese deje medio pijo, medio tonto que tan gracioso es, y que tanto juego da.

Quizás podría poner una serie de expresiones como:

“Cáspita”

“Toma, toma, toma” (ésta interjección acompañada de gestos ostentosos estilo los del chico este que juega al tenis… ¿Rafa Nadal?… sí, sí, el del culo potente y pantalones prietos.)

“Soy el rey del mundo” (gesto estilo Leo Dicaprio en la Proa del Titanic, eso sí, sin Kate Winslet)

Podría hacer un vídeo en el que me grabara bailando la danza de la lluvia…

Pero mira, sabes, voy a ser mucho más sencillo:

¡¡Gracias!!

Gary Rivera y su equipo, me han dado un premio. Un día Gary escribió un relato que precisaba de continuación, y Thiago mamablemente, me picó para continuarlo. Por tanto, sin la colaboración necesaria de Thiago, este premio no hubiera sido posible. Gracias Iago. (no te tengo en cuenta el comentario que has hecho en el blog de Gary, ejem)

Me lo han dado en este post. Y me lo han dado, por lo que a continuación reproduzco:

Empezamos por el principio: el relato de Gary Rivera. Lo podéis leer aquí, o en su blog, con los comentarios y algunas de las continuaciones:
Decía así:
Nadie supo hasta el día de hoy el porque de su silencio, fue un caso extraño que finalmente se aclaro.
Los novicios son siempre así bulliciosos, bromistas y alegres. Son la sangre que renueva el cansado cuerpo de la iglesia. Pero sus alas deben ser cortadas cuanto antes. Porque nadie puede volar más allá de lo permitido, en ese triangulo establecido con el papa en la punta y los novicios en la base.
Pero Amador, que así se llama, así que no se burlen, quedo mudo a la mañana siguiente que puso un pie en el claustro. El encargado de la misa contaba a sus novicios y descubrió que faltaba uno. Todos los años era igual siempre se ausentaban un par de dormilones, pero el celador y su varilla de cedro sabia muy bien como solucionar aquello. Al abrir la puerta lo vio tendido boca arriba con los ojos abiertos y las manos sobre su sexo, al ver aquel hombre joven vio que tenía una mueca de terror en su rostro. Lo sacudió para hacerlo reaccionar mientras le preguntaba ¿Qué te pasa muchacho? Pero solo el silencio fue la respuesta. El celador noto la fiebre al entrar en contacto con su cuerpo, Amador parecía haber dormido sobre brasas de carbón.
Como suele ocurrir con los secretos de la iglesia, el incidente era vox populi en el seminario. Amador había quedado mudo. Sus fiebres disminuyeron al quinto día, su cuerpo maltrecho se recupero lentamente en las siguientes semanas. Su capacidad no había disminuido en lo absoluto, era siempre diligente y servicial era un ejemplo para todos, una sonrisa sincera y un caminada que parecía un trote era su sello característico.

En la iglesia como en el ejército se suben de rango de acuerdo a ciertas proezas. Así que si Amador estuviera en el ejército tampoco podría ascender porque no hablaba, así pues la vida de Amador se parecía mas a la de Jesús que a la de su representante en la Tierra que ceñido en joyas y finas telas se iba muriendo poco a poco.
Cuando Amador finalmente se ordeno fue enviado a Roma y entre el mar púrpura que vio deslizarse delante de el vio un rostro conocido, se oculto en la multitud como lo hace un pez en su cardumen para evitar el ataque de un depredador.
La ceremonia fue sui generis pues pocas veces se había ordenado un cura mudo, al preguntársele solo asintió y así pues había sido aceptado como miembro del ejercito de cristo, un año después el papa murió dormido y fue reemplazado por otro tan anciano que parecía que no duraría mucho.
Amador aprendió el lenguaje de señas con una rapidez que asombro a todos, sabia escribir y escuchaba muy bien así que comunicarse no fue en realidad un problema para el. Su vida la dedico al servicio, a ayudar al humilde y necesitado y así se fueron extinguiendo sus años jóvenes y aquel papa que parecía que no viviría mucho se extendió por 12 largos años y luego de dos semanas de su muerte el humo blanco anuncio la llegada de un nuevo pastor!
La noticia recorrió el mundo en breves minutos, Amador almorzaba con los huérfanos a su cuidado y fue cuando luego de muchos años decidió romper su silencio y me llamo para contarme el secreto de los secretos.
Y ahora, mi continuación:

– Ave María Purísima.

– Sin pecado concebida – contestó Amador.

El silencio se apropió del confesionario. Amador, después de “recuperar” el habla, había solicitado ser escuchado en confesión. No valía cualquiera. Debía ser el cardenal Pedro Jiménez. El tiempo apremiaba, porque el cónclave estaba a punto de comenzar. El caso era tan notorio, un sacerdote que tras 20 años de silencio volvía a hablar, que el cardenal no se pudo negar, más porque le habían transmitido la petición delante de sus colegas, y hubiera quedado como un hombre insensible. Y eso, en este momento no le convenía, cuando era uno de los aspirantes a ser el nuevo Papa. Todos hablaban ilusionados poco menos que de un milagro: “Amador, el cura al que Dios le devuelve el habla”.

– Dime hijo, te escucho.

Pero Amador seguía callado.

El cardenal se estaba poniendo nervioso. Tenía las manos entrelazadas en el regazo, y no dejaba de juguetear con los dedos.

– Ha sido milagroso que hayas recuperado el habla, hijo – dijo conciliador, al cabo de unos minutos.

Amador siguió sin abrir la boca. Solo miraba hacía la rejilla que les separaba. Ningún gesto. Solo silencio. Si acaso el roce de los hábitos del cardenal, que no podía evitar moverse continuamente. La situación no le gustaba.

– Hijo – se decidió de nuevo a romper el silencio – debo apremiarte. El cónclave se abre en unas horas y debo prepararme.

Silencio.

– Ego te absolvo à pecatis tuis, in nomine Patris, et F…

– No le he dicho mis pecados, su eminencia.

– Hijo, el tiempo apremia. Podría escucharte en confesión otro sacerdote.

– No, debe ser usted.

Un escalofrío recorrió la espina dorsal del cardenal. No sabía por qué… algo no iba bien.

– Eminencia, sabe… estos días he pensado mucho en la Virgen María. Ha sido mi única madre durante gran parte de mi vida.

– La Virgen es la madre de todos, hijo.

– No, no lo entiende. Mi madre murió cuando yo tenía 15 años.

De nuevo el silencio se apropió del confesionario. A lo lejos se escuchó a una campana dando la media.

– Se llamaba, Rosalía – siguió Amador; sonreía al imaginar a su madre… la mirada perdida en algún lugar de su memoria – Era bajita, pero muy guapa. O al menos así la recuerdo. No tengo ninguna fotografía de ella… sabe, eminencia, casi mejor. Así mis recuerdos no se empañarán con ninguna imagen terrenal que los estropeen.

El cardenal miraba hacia delante. Ahora era él el que no movía un músculo de su cuerpo. Solo escuchaba. Ya no le acechaban las prisas. El tiempo había dejado de tener importancia.

– Tenía el pelo negro, muy largo. Se lo cepillaba todas las noches y todas las mañanas. Me gustaba de pequeño verla por una rendija de la puerta de su habitación mientras lo hacía. Mi madre trabajaba mucho. Quería que yo estudiara una carrera. Y decía que tenía que ganar todo el dinero posible. Yo la decía que no hacía falta, que… que prefería tenerla más tiempo en casa, conmigo. Pero ella me sonreía, me acariciaba la mejilla con su mano… que olía a lavanda, y me decía: “Qué sabrás tú, Amador. Tú estudia”.

– …

– Pero un día, un 13 de diciembre… había tormenta. Nevaba como pocas veces he visto. Viento, frío… oscuridad. Porque sabe, Eminencia, todos las tragedias parece que llaman al mal tiempo. ¿O será al revés? No he visto en las escrituras nada al respecto… Llamaron a la puerta. ¿Le he dicho que no conocí a mi padre?

La gente se estaba agolpando en la Plaza de San Pedro para asistir a la ceremonia del comienzo del Cónclave. La megafonía se había encendido, y se podía escuchar a lo lejos, la música sacra que habían puesto para amenizar la espera.

– Yo estaba en la cama, en mi habitación, en el piso de arriba. Estaba muy cansado. Había estado casi todo el tiempo durante la tarde, intentando abrir un camino entre la nieve. Apenas escuché el ruido de la puerta, y a mi madre que la abría, me volví a quedar dormido.

Amador hizo una pequeña pausa en su relato.

– Hasta que de repente alguien abrió de golpe la puerta de la habitación. Todo fue muy rápido. Yo estaba medio dormido, intenté levantarme, pero una mano fuerte me tiró al suelo. Me di en la cabeza, y me empezó a sangrar una ceja… me revolví como pude, mi madre intentaba apartar a aquel hombre… “No, lo hagas” “No diré nada”, gritaba mi madre… “¡Vete! ¡No te necesitamos!”, seguía gritando mi madre. El hombre me dio una patada en el estómago que me hizo vomitar la cena. “Harás lo que yo diga, Rosalía”, gritaba el hombre. Se agachó y puso sus manos sobre mi cuello. Apretaba… yo… yo no podía respirar… “Harás… o le mato”, volvió a gritar. Mi madre se lanzó sobre él, esto le obligó a soltarme, y yo pude coger un poco de aire. Pero el hombre se revolvió y golpeó duramente a mi madre. Yo me incorporé como pude… él se volvió… me golpeó nuevamente, caí al suelo… se puso a horcajadas sobre mí… y apretaba… mis ojos se salían de las órbitas… parecía que me iban a explotar los glóbulos oculares… mi madre consiguió llegar a la ventana, y gritó pidiendo auxilio… “Es tu hijo, Pedro”, gritó de pronto mi madre, suplicándote… padre… te suplicaba…

Tuvo que callar durante unos instantes… el llanto le impedía seguir…

– Te suplicó… Pero tú te levantaste, y fuiste a la ventana… y la empujaste. La empujaste… padre…

Amador sacó de uno de los bolsillos de su sotana un pañuelo. Se limpió la nariz e intentó controlar sus emociones.

– Eras tú, padre. Lo supe el día que llegué al seminario. Ese pequeño tatuaje que tenías en el cuello… te delató. Ya me he fijado que te lo has hecho borrar… Si yo hubiera llegado un día más tarde, no te hubiera visto… que tierno estabas agachado, besando a esa niña en la puerta, cuando te despedías del director del seminario. Así vi ese tatuaje, el alzacuellos lo tapaba, pero al estar agachado… fue lo único que vi de ti, y por un reflejo de la luz del descansillo… se me quedó grabado… era lo único que recordaba de esa noche en que pensaste que lo mejor era que mi madre y yo desapareciéramos para no suponer un problema en tu carrera. Tan joven, y ya obispo auxiliar. Un amorío y un hijo no eran las mejores cartas de presentación. Pero mi madre no se avino a tus exigencias, padre.

Amador escuchó de repente un golpe. Sonó como un libro que caía al suelo, dentro del confesionario. Escuchó atentamente. Percibió una respiración entrecortada. Se levantó y salió. Dio la vuelta al confesionario, y abrió por delante las puertas del cubículo donde estaba sentado el cardenal. Su brazo derecho estaba rígido, y se llevaba la mano izquierda al corazón.

– He esperado 20 años para contarte esta historia, eminencia – siguió hablando Amador imperturbable – 20 años en silencio… fue un shock llegar a la habitación y unir las piezas… sabes, padre, 12 horas estuvo mi madre tirada en el suelo, sobre la nieve, con esa postura grotesca en la que quedó. Nieve roja por su sangre. Se golpeó la cabeza en el alfeizar de la ventana. 12 horas, hasta que el juez consiguió llegar al pueblo y ordenó levantar el cadáver. Rosalía se llamaba, eminencia. Mi madre.

Amador metió la mano en uno de los bolsillos interiores de la sotana. Sacó su estola, la besó sobre la cruz que llevaba en el centro, y se la puso sobre los hombros. Sacó una pequeña caja con oleo sagrado, e impregnó su dedo gordo con él. Hizo sobre la frente del cardenal una señal de la cruz. Otra a la derecha, y otra a la izquierda.

– Por esta santa unción y por su bondadosa misericordia, te ayude el Señor con la gracia del Espíritu Santo. Para que, libre de tus pecados, te conceda la salvación y te conforte en tu enfermedad. Amén.

Dios te salve María…

El cardenal Jiménez, dejó de moverse.

– … ahora y en la hora de nuestra muerte, Amén.

Amador se persignó.

Se guardó la estola en el bolsillo, y salió de la capilla.

Sacó su teléfono del bolsillo, y llamó a las asistencias médicas.

Pero nada se pudo hacer.

________

 

PD. Y aprovecho para dar las gracias a Edgard por su campaña en favor de mi candidatura. Con elogios así, es difícil dejar de publicar.

PD1: Sí, sí, lo he vuelto a colgar, el relato, digo, como si fuera esto el festival de Eurovisión, y el ganador volviera a cantar… jijijijiji. Iba a hacer alguna corrección de algún error que he detectado, pero he preferido dejarlo tal y como lo publiqué en su momento.

PD2: quiero hacer mención a los otros 5 blogueros que continuaron también el relato: Thiego, Fran Frannao, Isra, Brekiaz y Edgard.

Blogografía:

Final de Edgard

Final de Alex

Final de Fran Frannao

Final de Brekiaz

Final de Thiago