Ash Stymest, aquí.

¿A qué es un tirillas?

Pero el tío tiene una expresividad, un algo frente a la cámara, un desparpajo, que encandila al mundo. Sigue siendo uno de los modelos más cotizados, ha hecho un programa en la MTV inglesa, y un montón de personas se lanzan a los buscadores para conocer más cosas de él. Entre ellas su orientación sexual.

A ninguna de estas preguntas voy a dar respuesta aquí. Pero sí os invito a disfrutar el resultado que han sacado de él, grandes fotógrafos de todo el mundo.

Volverá Ash Stymest aquí. Como ya estuvo en estos post:

Ash Stymest modelo.

Ash Stymest, repetimos.

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¿Para que sirven los perdedores?

Hace ya un tiempo, fui a ver… ains… no me acuerdo como se llamaba la película… “No controles”, eso. Por cierto, podéis ir a verla, la verdad es que te ríes un rato. No es la mejor comedia del mundo, pero… está bien. Y ver a Unax Ugalde siempre es un placer, aunque no se quite la camiseta.

Vale, espera que me quito la imagen de Unax de la cabeza y sigo…

Ya.

El caso es que lo que a mí me interesaba hablar hoy es de perdedores. Sí, porque la peli habla de perdedores. Todos los protagonistas lo son, menos el personaje que hace Miguel Ángel Muñoz, al menos en apariencia.

¿Qué es un perdedor? Pues alguien que no está seguro de si mismo, que es lo que se lleva, que no quiere disgustar a los suyos, que se resigna a su suerte, a dejarse llevar por la vida. Que deja que la chica a la que ama se vaya de su lado, simplemente por cobardía, por tener miedo a decepcionarla. Pon chico en lugar de chica, y ya podemos incluirnos gays y heteros, como buenos hermanos.

Un perdedor es un metepatas. O un pesado al que no aguanta nadie, y al que, por ejemplo nadie le acepte como amigo en Facebook. Pero bueno, ya se sabe que Facebook no funciona bien, que es una estafa, y que eso de los amigos… por cierto, el otro día vi a uno que tenía 3680 amigos. Un bloguero, por cierto. Que pena ¿no?

Un perdedor es un tímido, que le asusta contrariar a la gente. Que intenta agradar, y ayudar a quien se le aproxima. Incluso, un perdedor es quien ayuda a los demás, quien está cuando a sus amigos les pasa algo, porque claro, como no tienen vida social, como no pueden hacer otra cosa, pues se dedican a los demás. Qué más da que lo hagan porque les sale de dentro. Un guay con la agenda repleta de acontecimientos, siempre pensará que estar escuchando a un amigo un sábado noche, en lugar de ir a la disco a pegarse un par de tiros y mover la cintura al ritmo que marque el de la música, es cosa de eso, de perdedores o de aburridos (forma suave de llamar a los perdedores)

Sigamos hablando de los perdedores.

Para algunos, un perdedor es aquel que trabaja en el mostrador de la Agencia Tributaria. Porque fíjate que trabajo tan “sin esperanza”. Tan rutinario.

Lo que resume un poco las características propias de los perdedores es, ser un poco patéticos. No tienen tanta cultura como los guays, y si la tienen, no hacen bandera de ello, ni son especiales, como los triunfadores. Con ellos, con los perdedores, se puede ser condescendiente. Con un guay no, porque te lo echará en cara. Pero al revés, por supuesto… y un guay nunca entenderá que trata con condescendencia a un perdedor: Es simplemente, que es educado, aunque no tenga por que serlo, porque ya es bastante que se rebaje a cambiar unas palabras con ese desecho de la humanidad.

A veces ser perdedor, o ser guay, lo da el traje. En hombres, por ejemplo, un traje con corbata hace que quien lo lleve vaya levitando un par de centímetros sobre el resto de los mortales. Si os fijáis por ejemplo, en chicos que no estén acostumbrados a llevarlo, veréis que están más rígidos al ponérselo, levantan el cuello más que el resto. Es como si les hubieran metido un palo de escoba por el culo, y les saliera por la nuca, impidiéndoles doblar siquiera una pizca la columna vertebral.

Podríamos aquí hablar de ese espécimen especial que es el genio disfrazado de estrafalario. Porque ya se ha dicho que al genio se le perdona todo, la vestimenta, sus ordinarieces, hubo un tiempo que se le perdonaba hasta que fuera un maltratador… sip. Aunque los genios, hoy en día, si no van acompañados de un buen marketing… también pueden ser considerados perdedores.

¿Y que se hace con los perdedores?

Se hacen comedias. Para reírnos de ellos. Para decir: “pero mira que patético es el de los chistes” “Este gilipollas le está bien merecido que la chorba le deje por ese chulo-putas… ¡¡si es un mierda!!”

Eso sí, como es una comedia, y ya se sabe como acaban las comedias románticas, pues dejamos que el chico bobo se quede con la chica. Para ello hacemos que el chulo-putas sea un gilipollas mentiroso, porque si no lo fuera, nunca se iría la chica con el perdedor; lo haría sin dudarlo, con el guay-chulo-putas. Claro, que, siempre podremos considerar a la chica como perdedora también, por eso se va con el chico perdedor…

Estoy leyendo una novela de Marta Rivera de la Cruz, “La importancia de las cosas”. Va de perdedores, también. No es una comedia, no. Veremos por dónde nos lleva la historia, pero… al final, me imagino que, el perdedor dejará de serlo. Luego quizás deba comerme estas palabras, cuando acabe la novela. Pero es como una transformación. O un viaje iniciático. O acabar bien. Pero es quizás la forma de dar sentido a una historia de perdedores; o nos reímos de ellos, o les hacemos triunfadores. O al menos, les hacemos un poco guays.

Creo que cuando tenga tiempo, escribiré una historia de perdedores, que sigan siendo perdedores. Porque los perdedores, también pueden ser felices. (He dudado si incluirme en esta afirmación… venga, va, rectifico):

Porque los perdedores, también podemos ser felices. No, no tranquilos, yo no lo soy, no os asustéis. Feliz, digo… de lo primero sí.

 

Pensaré esta noche si yo soy un perdedor, o no lo soy. Si he hecho bien en incluirme en la afirmación, o no. Pero sea cual sea mi veredicto, por favor, no te rías de mí, que soy muy sensible.

(Y para ser más convincente, piensa que estoy haciendo pucheritos)

Ea.

Pongamos música:

Amy Macdonald.

 

Confiesa ¿Cuál es tu precio?

No recuerdo los detalles, pero hubo una especie de prueba o broma que se hizo a algunas personas que habían participado en un casting para “Gran Hermano”. Les llamaban por teléfono y les ofrecían entrar en el concurso, pero si cumplían unas premisas.

Y es que, les contaban, los guionista habían pensado en que fueran gays, y tenían que fingir serlo. Pero con todas las consecuencias. Por supuesto, esta propuesta se la hicieron a hombres que habían dicho ser heteros.

Y el experimento consistía en comprobar qué eran capaces de hacer para ser de los elegidos. Y si no recuerdo mal, una gran mayoría dijeron que sí, que sin ningún problema. Solo alguno puso algún reparo si les tenían que penetrar analmente.

Porque claro, la condición sexual, digamos que es una de las características de la persona, menos renunciable. Por lo menos en el sentido más difícil. Es decir: lo difícil, lo que da problemas en nuestra sociedad es ser gay. Hay muchos homosexuales que han renunciado a vivir su vida por miedo, o por no enfrentarse a su entorno social, o por no entrar en conflicto con ellos mismos. Pero al revés, digamos que no tiene sentido, salvo que alguien tenga mente abierta y se enamore de un hombre, siendo hetero, y decida seguir su corazón contraviniendo su tendencia sexual natural. O en el caso, como dicen algunos talibanes, porque ser gay está de moda. Ejem.

Pero esos aspirantes a concursantes, por dinero, no pusieron ningún reparo a fingir ser gay delante de millones de personas, incluso llegando a practicar sexo, si era necesario por guión.

Y es que ¿Qué estamos dispuestos hacer por dinero?

Un amigo un día, me comentaba que, dependía de la cantidad. ¿Es así? ¿Todos tenemos un precio? ¿Y hasta dónde llegamos?

Cuando cuelgo un modelo que se dedica a la moda, no al porno, al cabo de unos días, llegan visitas “preguntando” si ese chico es gay. Pasa con Joan Pedrola, con Ash Stymest, con Alejandro Rodríguez, con Nicolás Ripoll… con todos. Hay interés en saberlo, para soñar con ellos, digo. Con los modelos de porno, parece que no existe esa inquietud, porque todos dan por supuesto que, si hacen porno gay, es que son gays. Pero… tampoco es así.

No me refiero a los chicos que posan desnudos y ya. Muchos de esos, si te fijas en la revista que le dan para ponerse a tono, son revistas de mujeres. Me refiero a los actores que practican sexo delante de la cámara. Pero en cuanto te das la vuelta, el actor ese que es tan conocido, resulta que declara que es hetero, y tiene novia. Recuerdo a un actor muy conocido hace años, Chance, que dejó el porno gay cuando se casó con su novia de toda la vida. Y en los últimos tiempos, muchos actores de porno gay se dicen heteros. Y no, no va con lo de pasivo y activo, que ese es otro mito. Esos actores hacen de pasivos sin problemas. Esto me recuerda esa idea que tenían algunos de que un gay activo, era menos gay que uno pasivo. O sea que, uno activo tenía disculpa. Y en algunos relatos eróticos sigue respirándose ese ambiente, sobre todo cuando se trata de poner a un hetero teniendo sexo con un hombre, y es la disculpa que ponen. Vale, me acabo de acordar que eso pasa también en la vida real, que recuerdo un caso… va, para otro día.

Volvamos a los actores. En concreto hay un chico, por cierto guapísimo, que suele trabajar para Corbin, que ese desde el principio, declaró que tenía novia. En esa página tiene por costumbre contar cosas de los modelos, y de cómo fueron las grabaciones de las escenas, o las sesiones de fotos. Este chico que ahora no recuerdo como se llama, ni siquiera se declara bisexual. “Curiosidad”… y dinero, claro. Luego le he visto en escenas con chicas, así que no era un farol. Y ves sus fotos, y desde luego, disimula muy bien no ser gay. Lo hace por dinero, dice. Y hace de pasivo, que ya veo a alguno diciendo que… pues no.

 

¿Os acordáis de “Proposición indecente”? Robert Redford, y Demi Moore, si no me falla la memoria. Sexo por dinero. Redford millonario, Moore, casada felizmente con otro. ¿Aceptas? ¿Hay consecuencias?

Pero bueno, salgamos del sexo. Aunque es un campo que creo que se ve mejor esa “venta”. Periodistas, por ejemplo. No todos los que trabajan en un medio determinado, tienen la ideología de ese medio. Pero… se pliegan a las consignas del medio en cuestión. Por ejemplo… seguro que en esos medios que atacan y denigran a los gays, hay trabajando gays. Seguro que no todos los que trabajan en “el País” están de acuerdo con su ideario, ni político ni empresarial. Pero no dudarán de adecuar sus artículos a lo que piden en su trabajo. Y si en el primer caso deben decir de los gays que somos pervertidores y un peligro para la sociedad, lo dirán.

Familia. ¿Cuantos hacen oídos sordos al abuelo cascarrabias, en espera de la herencia? ¿O al tío soltero y pesado?

¿Cuál es tu precio?

Y luego hay personas que no entienden a los chaperos, por ejemplo. Venden su cuerpo, dicen. Y tú, ¿No te has vendido en otros sentidos? O a lo mejor también sexualmente.

El caso es que esto es un lío. Porque tú ves la foto de un chico que hace porno. Y te le imaginas contigo, en la cama, en el cine, delante del juez declarándoos casados y esas cosas. Y resulta que el tío mentecato no es gay. Entonces ¿Qué más nos da si Simon Nessman es gay o no? Total… ya no te puedes fiar ni de los pornos…

Y yo ahora… ¿con quién voy a soñar? Si es que ya no se pude ni soñar a gusto…

 

 

Una buena mañana para correr (46).

– Tengo hambre

– Vaya, ahora sí que quieres cenar…

– Oye, que antes he cenado también – dijo Jaime poniendo un pequeño mohín y haciéndose en ofendido.

– No, Jaime, no cuela.

– ¿Preparas algo?

– Pero tío, que morro. No, ahora te toca a ti. Se está muy bien en la camita caliente.

– Pero estás bien porque estás apoyado en mí. Si me levanto a preparar algo de cenar, ya no estarás tan bien. Y encima luego te arrepentirás porque soy una perfecta nulidad en la cocina, y no te gustará y me echarás la bronca…

– Vale, vale, calla, que me agotas. Ya me levanto en un rato. Aunque me parece que recalentaré la pasta, y la tortilla en el micro, y arreglados.

– Jo… ¿Me pones un bocata con la tortilla?

– Pero…

– Y podías hacer algún postre…

– Pero tío… ¿qué postre quieres que prepare en unos minutos? ¿O es que quieres que me pase la noche en vela? Oye, que mañana tú trabajas y yo debería ir a clase.

– ¡Bah!, que más da. Si ya tienes el año medio chafado. Tú mismo me lo dijiste el otro día.

– Oye, macho, que tú eres el profesor. Eres el que debería inculcarme el deber y esas cosas.

– Pero eso da igual… nos llevamos apenas unos meses. Incluso tú eres más mayor.

– Pero da igual, tú debes dar ejemplo, eres profesor. Yo soy alumno y mi deber es hacer pellas. Pero no al revés. Ahora deberías decirme que mañana tengo que recuperar el tiempo perdido y esas cosas y entregar los 5 trabajos que debo entregar. Y tú – le dijo señalándolo con el dedo – eres mayor que yo.

– ¿5?

– Bueno, 5 son para el viernes…

– Ya estamos…

– Pero debería… Convénceme, anda. Convénceme para que me duerma y mañana madrugue…

– ¡Vamos!

Pero Jaime solo le miraba fijamente.

– Vale, vale, ya me levanto. Si tienes harina y huevos suficientes, haré un bizcocho y crema pastelera.

– Hay Nocilla.

– ¿Nocilla?

– Luego puedes recubrir el bizcocho relleno de crema pastelera, con Nocilla.

– La madre…

– Vamos – Jaime empujó a Joan fuera de la cama, hasta que éste cayó al suelo.

– En fin. Esto me pasa por ser amable y tal… Podrías al menos levantarte a ayudarme, so cabrón.

– Oye, un respeto que…

– Como me digas ahora que eres profesor y… te… te… – y Joan hacía gestos con las manos como si quisiera estrangularle.

– ¿No suena un teléfono? – preguntó Jaime.

– Sí, sí… es el mío. Déjalo que suene.

– Pero…

– Déjalo, anda. No me apetece hablar con nadie.

– Vale, ya me callo.

– Serás… – Joan cogió un peluche que tenía Jaime sobre una butaca y se lo tiró a la cara.

– No maltrates a Desiderio. Que me ha acompañado en estos años de sufrimiento y…

– Pero serás actor… y malo además… quítale la etiqueta, anda… si te lo compró el decorador al que encargaste que te vistiera la casa..

– ¿Pero como sabes…? – Jaime le miró con cara de verdadera sorpresa.

– Hablas mucho cuando te emborrachas – le gritó Joan ya desde el pasillo.

Jaime se levantó de la cama, y fue tras él.

– ¿Y que más te dije?

Volvió a sonar el teléfono de Joan. Esta vez, fue al salón y lo cogió de la mesa.

– ¿Sí?

– Hola Diego.

– No tranquilo, no molestas. Cuéntame.

– Nada, hombre – Joan puso cara de extrañeza, lo que hizo que Jaime prestara más atención a la conversación de Joan.

– Pero no te preocupes, hombre. Mira, si la verdad, me estaba aburriendo de vivir solo, así me haces compañía. Además, me gusta cocinar, y así si estás tú…

– No, Diego, no hace falta que te vayas. Mira, mañana cuando volvamos los dos de la Uni, comemos tranquilamente y ponemos un alquiler, si te vas a sentir mejor, y ponemos las normas de convivencia, y…

– Bueno, pues gracias…

– Pero Diego… ¿Estás bien? ¿te…?

– Vale, vale – pero la cara de Joan indicaba que no estaba convencido de las explicaciones que le daba Diego.

– Venga, anda, descansa… oye, por cierto, ¿Has cenado?

– No seas bobo, tienes en el frigo y en los armarios montones de cosas. Tienes embutido en el cajón del frigo, tienes huevos, y tienes filetes en el congelador… coge lo que quieras, estás en tu casa…

– Joan ponía cara de resignación – vale, vale, como quieras. Mañana hablamos mientras comemos… ¿Te parece?

– Venga… hasta luego.

– De nada, hombre. No…

– Agur. Agur…

Joan colgó. Y se quedó mirando la pantalla durante unos instantes. Jaime le observaba expectante. Se acercó a él y lo abrazó por delante. Le quitó con una mano el móvil de sus manos, dejándolo de nuevo en la mesa del salón, mientras con la otra le apretaba el culo.

– ¿Qué pasa?

Joan le miró por primera vez desde que cogió la llamada.

– Era Diego.

– ¿El chico… ?

– Sí, el chico que… Es que no sé, me ha dejado un poco…

Jaime le hizo un gesto con los ojos, para que acabara la frase…

– Quería darme las gracias.

– Mira que bien. Un tío agradecido. El viernes podías invitarle al cine, y vamos todos, y luego comemos un bocata.

– ¿Y sí…?

– ¿Te sorprende tanto que te de las gracias?

– Pues sí, me sorprende que me llame a las 12 de la noche, solo para decirme eso. Va, dejémoslo, voy a preparar el bizcocho y a recalentar la pasta y…

– Yo me vuelvo a la cama… aunque si cocinas desnudo, a lo mejor me quedo a mirarte – Jaime le guiñó un ojo, mientras le daba una palmada en el culo.

– No, a mirarme no… – Joan se dio la vuelta moviendo exageradamente el índice de lado a lado. – a ayudarme. Ven, ven, y empieza batiendo huevos.

– Hummmmmmm, ¿Los tuyos, mi amor? – dijo Jaime imprimiendo a su voz el tono de un narrador de cine porno, mientras pasaba su lengua humedeciendo lentamente sus labios.

– Anda, tira para la cocina… no me toques las narices… que anda, a quién le cuentes que vamos a hacer una tarta a las 12 de la noche de un miércoles…

– Martes

– Bueno, lo que sea. ¿Seguro que no es miércoles?

– Bueno, da igual.

– No, no da igual – dijo Joan abriendo el frigo y sacando media docena de huevos – Porque si mañana es jueves, tengo que presentar un…

– Deja de…

– Oye, que te repito que…

– ¡Qué cansino con lo de que si yo soy profesor! Da igual, si…

– No puedo contigo, no puedo – dijo fingiendo Joan desesperación, mientras sacaba la leche, el azúcar y la harina – No puedo. ¿Y la nocilla?

– En el frigo.

– Joder, pues… habrá que sacarla, sino la va a extender en el bizcocho quién yo te diga.

– Tengo hambre, ¿sabes? – afirmó Jaime mientras pasaba por detrás de Joan y le pellizcaba el culo.

– ¡Ay! Deja ya de pellizcarme, capullo. ¿Hambre? ¿Hambre dices? Serás capullo y antes no has comido casi ni una miaja de lo que te he preparado con tanto esmero. Casi me lo tiras…

– ¿Que te tiro? ¿Deliras?

– No deliro, solo recuerdo.

Jaime cogió un pequeño puñado de harina y se lo tiró a Joan. Este soltó el bol que había sacado del armario, y empezó a perseguir a Jaime por toda la cocina. Al final lo acorraló en una esquina, y empezaron una guerra de cosquillas.

Reían.

Jugaban.

Reían… y acabaron en un largo beso.

– ¿No nos arrepentiremos mañana de esto?

Era Joan quien por un momento tenía remordimientos de lo que estaban haciendo.

Jaime se puso serio. Se encogió de hombros.

– ¿No es el teléfono?

Jaime fue al salón y le llevó a Joan el móvil.

– ¿Sí? – contestó Joan sin mirar siquiera la pantalla.

– …

– ¿Ricardo? ¡Qué…!

Jaime se sentó en una de las sillas de la cocina.

– …

– ¿Carlos? ¿Que me has llamado? Pues no he oído, te lo juro…

– …

– Oye no te pongas…

– …

– ¿Qué? ¿No exageras?

– …

– Mira creo que estás exagerando. No estoy en casa, y no creo… y mira, tampoco soy su guardián. Ni el de nadie.

– …

– Venga, anda, vete si quieres. Tienes las llaves. Y…

– …

– Llámame si pasa algo. Aunque creo que…

– …

– Venga, llama si necesitas algo.

– …

– Agur.

Joan se quedó otra vez mirando la pantalla del móvil.

– ¿Qué pasa?

– Pues que, Carlos piensa… Nada da igual. Está paranoico.

Joan volvió a sus preparativos para el bizcocho. Pero no podía apartar de su mente la conversación que acababa de tener con Carlos. ¿Y si tenía razón?… no dejaba de hacerse esa pregunta…

Jaime seguía sentado en la silla. No apartaba la mirada de Joan. Hizo un gesto con la mano, como si estuviera despidiéndose de él mientras se alejaba en el tren, pero Joan ni se inmutó.

De repente Joan tomó una decisión.

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Historia completa seguida. (capítulos 1 al 75)

Historia completa seguida (capítulos 76 a final)

Historia por capítulos.