Allí estaba…

… sentado, esperando.

Entré en la habitación, y se me quedó mirando. Tenía la camisa medio caída, dejando al descubierto uno de sus pezones. Sus ojos estaban clavados en los míos. Me abrumaba.

Eché a andar con paso decidido hacia él. Le tendí la mano para saludarle, pero él no se movió. Solo torció su cabeza lo suficiente para no dejar de mirarme. Al cabo de unos instantes, que me parecieron siglos, me señaló una silla que había en una esquina. fui hacia ella, y la acerqué a dónde él se encontraba. Aunque entraba aire fresco por la puerta de la terraza abierta, yo no dejaba de sudar.

Nos quedamos en silencio. él me seguía mirando, yo me entretuve en mirar el paisaje. Hasta que en un momento determinado, él se levantó, se dirigió hacia mí, dejó caer su camisa y se sentó a horcajadas sobre mis piernas.

Y me besó.

 

8 pensamientos en “Allí estaba…

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