Carta de amor imaginaria: Álvar.

Hola Álvar:

He tardado mucho en escribirte. ¿3 años? Y todavía no sé si debo hacerlo. Pero hoy estaba pensando en mi vida, en el pasado, y soñando distintas posibilidades de futuro, y has aparecido tú. Igual que aquel día apareciste en la habitación de ese hospital, en dónde te habían operado de una pierna. ¿Era la rodilla? No recuerdo ya. Es mentira, me acuerdo perfectamente: era la rodilla.

Recuerdo cuando entré en la habitación y te vi. El nuevo compañero de mi padre. Recuerdo esa mirada intensa, alegre. Recuerdo tu buen humor, y tu sonrisa.

Es curioso, porque siempre creemos que nos fijamos primero en el físico, pero en ti, lo primero que llamaba la atención era esa forma de ser tan vital, con ese aura especial que con solo mirarte a la cara, hacías sentir bien a quien lo hiciera. Ese empuje. Ese buen humor. Y eso que ya era la tercera vez que te operaban, y que como eras de un pueblo, no venia a verte casi nadie. Pero sí, el segundo día caí que encima eras guapo. Y con un cuerpo bonito, atractivo… esas piernas duras, de deportista… eran perfectas, aun operadas.

Ya han pasado tres años sí. Y no te he olvidado. He pensado mil veces en qué hubiera pasado si nos hubiéramos conocido en otras circunstancias. Pero mi padre es egocéntrico, y egoísta. Y requería toda la atención de todos los que pasábamos por allí. No había forma de dedicarte mi atención en exclusiva y charlar de todo. O de nada.

Sabes, el día que me contabas que tenías una botella de Vega Sicilia, que te había regalado tu padre para que la bebieras un día señalado, y que pensabas abrirla al volver a casa, para celebrar tu salida del hospital, y que la ibas a beber con alguien importante en tu vida… y, perdóname mi atrevimiento, me imaginé que yo fuera esa persona especial. Me imaginé que cenábamos tranquilamente, algo que habías hecho tú con mi ayuda, porque no podías moverte mucho. Que poníamos algo de música, y que abrías esa botella de vino. Servías la primera copa, para mí, para ti, y brindábamos por ti, por tu recuperación. Y nos mirábamos. Y algo aparecía en el fondo de tus ojos. Y me gustaba. Me gustaba porque lo que veía era muy parecido a lo que yo sentía en el fondo de los míos.

Hubiera estado bien bailar, pero todavía tenías la pierna mal, y no podías. Pero eso quedaba quizás para un día más adelante. Me quedaba a dormir en tu casa, porque después de disfrutar de ese vino maravilloso y carísimo, por cierto, no era cuestión de viajar a Burgos. Porque tú vives en un pueblo a 40 km. de mi casa.

Cuando encuentras a alguien así, hermoso en todas las facetas, es fácil echar a andar la imaginación. Sabes, un día te vi caminar con tus muletas a todo correr hacia la habitación. Habías estado en la terraza, pasando un rato mirando el paisaje. Ese hospital, el Divino Vallés, tiene unas vistas extraordinarias. Puedes ver todo Burgos casi. Y tú ibas a pasar ratos allí. Me imaginé que me habías visto aparcar el coche, y que ibas a la habitación para esta conmigo mientras estuviera allí. Soñar es libre ¿verdad Álvar? Y allí te encontré, en la habitación, tirado en la cama. Sonriendo. Qué bonita tu sonrisa…

No sabes la de cartas que he roto antes de ésta. Nada de lo que escribo me satisface lo suficiente. No soy capaz de decirte las cosas que quiero, sin parecer cursi, o demasiado seco y serio. No encuentro el tono para decirte lo mucho que te hubiera querido. Lo que he sentido que nos encontráramos en ese momento, y no en otro. Quizás todo hubiera sido distinto, y ahora tendríamos una bonita historia, que nos haría volar…

No quiero aburrirte, Álvar, amor. Déjame que te llame así. Creo que por hoy, no escribiré más. Otro día, si eso, a lo mejor te cuento más cosas. Mis sueños contigo… los deseos que tengo de acariciar suavemente tu pecho, de recorrer tus piernas con mis manos, despacio, sintiendo su dureza… Pero sobre todo, me gustaría reposar mi cabeza en tu pecho, y que juguetearas con mi pelo. Y dejar que la tarde pase en silencio.

Álvar, te quiero. Te echo de menos.

Jaime.

PD. Releo esta carta, y compruebo una vez más que he sido tosco, nada poético, lleno de divagaciones, y sin ser capaz de expresarte los sentimientos que en esos pocos días, produjiste en mí. Pero no voy a romperla… aunque esta quizás sea la peor de todas. Y es la que te voy a enviar.