Unas fotos de la Noche Blanca.

He hecho un esfuerzo supino, para prepararos este post sobre las fotos de “La noche blanca” de Burgos. Porque no sabéis el cuerpo que me ha dejado. ¿Os conté que estuve más de 6 horas seguidas viendo todo lo que pude? Andando, de pie, yendo de acá para allá, sin apenass parar para tomar un algo… vale, un algo tomé… pero casi na…

Así han salido las fotos… soy muy crítico conmigo mismo. Voy a empezar a entrenarme para estar más en forma el año que viene, y hacer un reportaje mejor. Ya solo hace falta que alguien me regale otra cámara, con algún objetivo añadido, como angulares, o Zoom en condiciones.


Como siempre podéis pulsar sobre las fotos, y verlas en todo su esplendor. Algunas mejoran mucho en grande…

Iba a haceros una crónica, pero es un estilo que no me suele salir bien. Soy un rollo, plano sin gracia. Así que me ahorro el leer luego, dentro de unas semanas, y querer cortarme las venas por lo cursi y mal que ha quedado.

Deciros solo unos apuntes, para situar algunas fotos. Empezamos con un taller con pintores que estaban trabajando al lado del Instituto López de Méndoza.  Luego, seguimos con unos globos que perlaban los márgenes del río Arlanzón, y el jugueteo que tenían con el aire y con la catedral al fondo. Tenemos también unas lanchas fantasmagóricas que “navegaron” por el río Arlanzón. De noche daban una sensación extraordinaria.

Miguelón. Miguelón es el actor protagonista de Atapuerca. Y una recreación gigante de su esqueleto, se paseó esa noche por Burgos. Le acompañaban unos miles de animales coetáneos: dinosaurios, aves, peces…  En las últimas semanas voluntarios de la fundación Burgos 2016, recorrieron los colegios, las asociaciones, los centros cívicos, y ayudaron a miles de niños a hacer su animal de gomaespuma.  Y luego, esos niños acompañaron a Miguelón a pasearse por Burgos.

Esos esqueletos se convirtieron en la insignia de la Noche Blanca. No solo en ese desfile, sino en todo Burgos, Era fácil ver a esos animales, moviéndose en el aire, en manos de niños y no tan niños.

Por lo demás, la catedral y sus montajes audio visuales, el Arco Santa María, el Teatro Principal, la Diputación, el Monasterio de San Juan.  Las colas en el Museo de la Evolución, en Capitanía, en la Catedral, en el Museo del Libro. La Catedral por cierto, estrenaba iluminación interior. Y la Feria del Libro. Y la exposición de fotografía del templete del Espolón. Y la magia, y la música, y la luz del montaje de la Plaza Mayor. La danza al lado del Museo de la Evolución. El concierto del coro en la Merced. La exposición de Egipto en la Casa del Cordón… El CAB, no nos olvidemos de ese Museo que si no lo habéis visto, no sé a qué esperáis…

Hacía tiempo que no sentía esas vibraciones que yo al menos tengo, cuando algo me toca la fibra del arte. Y esa noche, al menos la sentí un par de veces. Y eso me gusta.

Me perdí muchas cosas. Pero el año que viene, espero ver más y disfrutar de más. Y si alguien se apunta, ya sabéis. Reservad con tiempo, que los hoteles casi estuvieron al completo. Es que había gente… ufffff, la de gente que había en la calle. Qué bonito es eso.

Burgos 2016