De la justicia o de todo lo contrario.

Una mujer iraní quedó desfigurada y tiene problemas de visión desde hace ya unos años, por la acción de un hombre que no supo aceptar que la mujer le diera calabazas. La ley en Irán, es algo parecido a la ley del Talión, y el hombre ha sido condenado a quedar ciego.

La primera reacción es decir: ¡Qué barbaridad!

Pero la mujer agredida, que vive ahora creo en algún país de Europa, pide la aplicación de la pena.

Aquí ya tenemos reacciones divididas. Una primera es decir: ¡Qué barbaridad! Otra es pensar en que esta mujer tiene un cierto derecho a la venganza. ¿Tenemos derecho a la venganza? A la justicia sí, claro, por lo menos en los países occidentales o medianamente serios. Esta es una venganza además institucional; no se trata de que vayas tú y le tires ácido al fulano en la cara, sino que lo hacen con ceremonia otros…

Eso sí, esto no vale para los gays, que no es que como castigo les hagan practicar más el amor, o besarse, o ser más gays, sino que les ahorcan. Y a las adúlteras, no es que empujen al marido a ponerle los cuernos con otra mujer, y que ella lo vea, sino que las lapidan…

Pero luego, después de decir que eso es propio de esos países tan al oriente, pues nos vamos a occidente y en USA hay unos cuentos estados que si matas, te matan. Y aquí, cada vez que hay un crimen horrendo, que los hay, y lo son, siempre surgen voces a favor de la pena de muerte, o a favor de la cadena perpetua. Y cada vez tiene más adeptos.

Pero todo esto es complicado. Justicia. ¿Qué compensa la muerte de un ser querido? O una violación, la de un niño por ejemplo. Un niño que queda varado en ese episodio de su vida para los restos. La justicia debe castigar, y reeducar… ¿O esto último lo olvidamos, y lo convertimos simplemente en una forma de venganza? ¿Un castigo es igual que una venganza?

Todo esto visto desde aquí, desde la distancia, desde un lugar, mi propia realidad en la que… vaya, se me había olvidado. Iba a decir que nunca me había sentido concernido y cercano a un caso así, pero miento. Y encima escribí algo sobre ello… mi amiga Marta… un día de estos recupero lo que escribí un día sobre Marta, una amiga que tuvo la mala suerte de encontrarse con un fulano un día, que la intentó violar y como no pudo, la asesinó.

Decía que si nos pusiéramos en la piel de su gente cercana, de la de la víctima, la lapidación sería poco, o el ácido. Preguntemos a cualquiera que esté cercano al caso de Marta del Castillo. O la pena de muerte. Pero claro, ¿os imagináis por cualquier motivo, alguien se equivoca, y hace mal su trabajo, y se ejecuta a un inocente? El primer juicio sobre este caso ya ha quedado demostrado que algo se ha hecho mal, o que por mucho que la televisión, los periódicos y demás, digan lo contrario, no se ha podido probar que el chico este participara en lo que se le acusaba. ¿Os imagináis que después de todo, estos chicos no fueran los culpables? Pero ya les hemos lapidado… por mucho que queramos, sean o no sean culpables, ya están condenados.

Marta Dominguez. Atleta. Una de nuestras campeonas. Un buen día, con mucho despliegue mediático, la acusan de doparse y de traficar. El presidente de la federación de atletismo hace una rueda de prensa para machacarla. Como casi todo el mundo. Ella es puesta como mentirosa, y como una decepción, como un mal ejemplo para la juventud. Como casi una traidora a la patria.

Primero la jueza le quita un par de cargos por aquí. Después, sobresee otros cargos por allá. Al final, anula la mitad de las pruebas. Quizás dentro de unas semanas, esta mujer quede limpia de todo cargo. Pero… ¿Quién le devuelve su honor? ¿El Secretario de Estado para el deporte, va a salir a pedirla perdón? ¿Los medios de comunicación van a darle tanta importancia a esta noticia como a la de su acusación? ¿Cuántos seguirán diciendo eso de “cuando el río suena…” “algo habrá”?

Cuantas formas de hacer justicia, y de lo contrario.

¿Es lícito buscar venganza?

Yo antes pensaba que no, pero tengo unas ganas de vengarme de unos cuantos, y de pisarles la cabeza… que no os hacéis idea. Quizás me estoy convirtiendo poco a poco en un amargado.

Que mal ¿no?

Una vez más ya no me acuerdo de por qué empecé a escribir. El caso es que he acabado de hacerlo. Por hoy… no te asustes… que ya sé que no puedes estar sin leerme.

Recordadme que un día hable de la ironía.