Una buena mañana para correr (59).

Hola Fermín.

Tengo ganas de contarte unas cosas, y no me atrevo a hacerlo por teléfono. A parte, creo que las 3 de la madrugada no es una hora adecuada para llamarte. Y si pierdo la idea, o la decisión, quizás me arrepienta.

El último día acabamos un poco enfadados. No sé explicarte todo lo que me pasa, y los problemas que tengo para arreglar las cosas. Crees que voy a intentar darte largas, y alejarme de ti otra vez. Y no es así. Quiero hacer todo lo contrario. Quiero intentar arreglar mis cosas de tal forma que pueda pasar todo el tiempo posible contigo. Pero tampoco puedo dejarlo todo. No sería justo.

Siento que hayas pillado conmigo. Las cosas son muy complicadas, y lo seguirán siendo. Me casé con Rosa y tuvimos hijos. Y eso no puedo cambiarlo. A Rosa la quise, y creo que la sigo queriendo. A mi forma, pero la quiero. Y mis hijas son… son mis hijas. Creo que con eso lo digo todo. Y no seré el padre perfecto, pero, intentaré ser un buen padre. Al menos ser padre, y darles lo mejor de lo que tengo. Y quererlas, y comprenderlas, como no han sabido hacer los míos conmigo.

Por eso no puedo irme sin más. El tema de la empresa, me imagino que se acabará arreglando. Mi suegro al fin y al cabo, es un hombre de negocios, y es abierto y comprensivo. Por eso se lleva tan mal con su hija. Me pregunto, Fermín. ¿Por qué mi suegro no hubiera podido ser mi padre, y mi padre, el padre de Rosa? Las cosas hubieran ido estupendo para todos. Y no hubiera tenido la infancia tan frustrante que he tenido. Ni me hubiera empujado a hacer tonterías como las que he hecho.

Sabes, cuando Joan me contaba lo mal que lo pasabas, que te encontraba por ahí y te veía como progresivamente ibas degradándote, al principio, intentaba no pensar en ello. Yo me justificaba con Joan, diciéndole que no había nada entre nosotros, y que todo eso eran fantasías tuyas. Que yo no sentía nada por ti, ni nada te debía. Discutimos mucho Joan y yo por el tema. Siempre salía en defensa tuya. Por eso nos distanciamos. No me gustaba que me echara en cara lo mal que me estaba comportando. Sabía las historias mías en otros sitios, y como iba picoteando, pero dejando siempre a un lado, el aspecto romántico de las relaciones. Siempre sexo, y nada más.

Pero contigo era distinto. Esto creo que ya te lo he contado alguna vez, pero creo que estaría bien que lo pusiera por escrito, y que te convencieras de que es verdad. Tú te me colaste por la puerta de atrás. Yo siempre utilizo perfiles de esas páginas de contactos, y dejo bien claro desde el principio que, solo quiero “follar”. Y lo he llevado siempre a rajatabla. Follar y ya. A veces repito con el mismo, pero solo follar. Y en cuanto percibo que el otro pueda haber caído en la tentación de empezar a encariñarse de mí, cortaba de raíz nuestros encuentros, y cualquier otro tipo de contactos.

Pero tu entraste por otras vías y me pillaste con el pie cambiado. Nos fuimos conociendo, un día se escapó un beso, otro día otro. Acabamos un día en la cama… y seguimos viéndonos, conociéndonos… Llegó el día en que me tenía que ir… y me fui.

La noche anterior la pasé casi en blanco. Apenas dormí una hora o así. Me levanté todo sudoroso, con un pequeño ataque de ansiedad… te veía a ti en mi imaginación, Fermín… y ahí fui consciente de que te quería.

Pero no podía ser. Las circunstancias de la vida y mis equivocaciones me habían llevado a tener una familia en otro sitio, y a estar casado con una persona del otro sexo. Y a tener hijos, y las responsabilidades y obligaciones que eso conllevan. Una vida que no podía dejar sin más. Y por algo que, bien mirado, no sabía dónde me iba a llevar. Sí, es egoísta y muy conservador. Pero así lo vi en esos momentos. Y también es muy racional. La racionalidad ha sido el método más acertado a la hora de alejarme de los sentimientos.

Porque sabes, en esto del amor, en realidad soy un perfecto analfabeto. No sabía lo que se sentía, ni si ese torbellino de sensaciones que tenía era debido a que te quería, o a que tenía una necesidad que tú satisfacías. A que eras el único que había traspasado esa coraza sentimental de la que me recubrí ya a los 16 años. ¿Y si no era nada? Me preguntaba todas las noches, cuando me acostaba con mi mujer. ¿Y si son imaginaciones mías, o esperanzas en lugar de realidades? ¿Y si tú al final, al cabo de unas semanas te aburrías de mí, y no querías saber nada? ¿Cómo podría entonces superar romper con todo, y quedarme sin nada?

Todas estas cosas atormentaban mi cabeza una y otra vez. Soy un cobarde, ya lo sé. Quizás lo he sido toda la vida. Iba de vez en cuando a Burgos, y pasaba un día contigo. “Para probarme”, me decía. Y era maravilloso. Pero no podía quedarme, y tampoco podía dar la cara. No sabía qué decirte, no sabía como despedirme, ni hasta cuando. Así que siempre me iba de madrugada, para no tener que enfrentarme a ti, y a lo mejor que algún gesto mío delatara lo que quería ocultar: que me estaba enamorando de ti, pero no podía ofrecerte nada.

Pero todo este juego mío, tenía un riesgo: que me pillaran. Y Rosa me pilló. Me imagino que me descubrió con ayuda, pero eso es otro tema, y ya me enteraré tarde o temprano. Mi primera reacción fue de furia. Todo se derrumbaba, pensé. Luego, me vino a la cabeza la idea de que a lo mejor, era un principio. Quizás era mi oportunidad para echarle un poco de valentía al tema, y acabar con esta doble vida. Y por primera vez querer a alguien de verdad, a ti.

Ahora solo falta arreglar todo, y que tú me perdones lo que te he hecho pasar. Y que a pesar de eso, confíes un poco en mí, y me apoyes. Es un poco ridículo, ya lo sé, pero lo necesito. No sabes lo duro que es todo esto.

Sabes, ayer estuve soñando. Tengo una cama enorme. Estoy en casa de un amigo, que tiene un pedazo de apartamento de soltero impresionante. Está de viaje en Brasil, trabaja para una multinacional, y me ha dejado su casa. Tiene una cama enorme, no sé como se llaman… y estaba yo todo ancho, tirado sobre el edredón, mirando al techo… y soñaba con los ojos abiertos en que estábamos tú y yo jugando con mis hijos. Y todos hacíais piña en contra de mí, y me hacíais rabiar… y acabábamos riendo en el suelo, y yo me rendía en la pelea, porque cuatro contra mí ya podríais… y luego íbamos a esa cafetería que tiene esas tartas maravillosas, y pedíamos un poco de todas, y chocolate, y merendábamos todos…

Gervasio cerró los ojos. Se le habían empañado imaginándose esa escena. Se los frotó con decisión para intentar evitar la emoción y a la vez, despejarse un poco.

Miró el reloj, eran casi las 5 de la mañana. Había dado tantas vueltas a cada línea que había escrito, que se le había pasado el tiempo sin darse cuenta.

Suspiró y se levantó de la silla. Intentó estirar los músculos para desperezarse, pero no consiguió nada. Estaba agotado, y pensó que era mejor irse a dormir aunque fuera un par de horas.

Guardó el mail, y se prometió acabarlo nada más despertarse para enviárselo en cuanto antes a Fermín.

Se metió en esa cama enorme que acababa de describir, y apagó la luz.
Mañana mandaría ese correo, pensó de nuevo. Y esperaba poder convencer con él a Fermín de que quería intentar algo con él. Pero todo era tan complicado… Desde que volvió de Burgos el día anterior, había sentido por primera vez miedo a perderlo.

– Verdaderamente, Gerva, amas a alguien por primera vez en tu vida.

Sin darse cuenta lo había dicho en voz alta. Y le gustó como sonaba.

________

Historia completa seguida.

Historia por capítulos.

6 pensamientos en “Una buena mañana para correr (59).

    • Orfeo, pues sí, deja huella. Lo malo es que a veces no es buena… no sé.
      Yo de todas formas, no me acuerdo de nada… 😉

      besos.
      muchos.
      envueltos.

  1. solo habla de él, pero Fermin tiene su propia vida que ha ido llevando para superar lo de gervasio para que ahora llegue y se la vuelva a poner patas arriba. ¡a buenas horas! vamos que si no le pilla nunca la mujer…..
    Un besito

    • sonia, pero es normal que hable solo de él, ya que los problemas vienen por su parte. Es el que debe arreglar su vida… no sé.

      besos.
      muchos.
      envueltos.

  2. Me ha sorprendido esa carta, hay cosas en esa carta que forman parte de mi vida… Espero que Fermín sepa aceptar esa situación, sepa perdonarle y especialmente sepa aceptarle,

    Me has tocado el alma.

    Un abrazo.

    • PFE, no sé si alegrarme o preocuparme, por tocarte el alma…
      Veremos lo que pasa con los personajes… a ver que sorpresas nos dan…

      besos.
      muchos.
      envueltos.

Sería interesante que nos dijeras algo. ¡Comenta!

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