Una zapatilla volando sin destino.

Pues estoy aquí, sentado, en silencio. Escuchando casi como mi sangre circula por mis arterias y mis venas. Escuchando el sonido del silencio, y un suave pitido en mis oídos como consecuencia de estar todo el día oyendo ruidos, voces, conversaciones… porque a veces parece que el silencio nos asusta y buscamos la compañía de algún sonido.

Otro día que llego cansado a casa, sin ganas de casi nada…

Sabes, hoy a pocos metro de mi oficina, han atropellado a una persona. Parece que era un chico joven. Mucha gente alrededor, policía, ambulancia… en apenas un instante todo cambia. Tu vida llena de planes y proyectos, se queda tambaleante sobre el abismo.

Sabes, podemos ser todo lo chulo que quieras, tener nuestro orgullo, presumir de nuestro dinero, de nuestra posición social o del de nuestros padres. Podemos presumir de lo listos que somos, de todo lo que sabemos, incluso de los amigos que tenemos. Levantar el mentón orgullosos. Algunos incluso mirar por encima del hombro al que sienten inferior por capacidades, o por posición, o por dinero… Pero llega un momento de esos, un momento fatídico, un momento en que no miras si viene un coche, o incluso un momento en que por “¡mis cojones! que pare el coche”(muchas veces he visto a gente así, de todas las edades). Una llamada de móvil que te despista, o un mensaje, o estás pensando en tu chico, o en el examen de mañana, o en la bronca que te ha echado el jefe. Se te va la cabeza a ese mundo imaginario que casi todos tenemos y que usamos con mayor o menor frecuencia e intensidad, dependiendo de personas o de épocas.

O el despiste lo tiene el o la del coche. Uno que piensa que es de pobres parar en un paso de cebra, o que su acompañante le toca la pierna, y le gusta, o al revés, le incomoda, o que le cuenta que está triste, y le mira un instante para reconfortarle… y cuando quiere frenar, ya tiene encima un cuerpo…

Y ese cuerpo que pertenece a una persona, con esa dignidad, con esa casi chulería, en esa fracción de segundo, da dos vueltas en el aire, y cae unos metros por delante. Una de sus zapatillas vuela sin destino fijado, y su bolsa de deporte se abre desparramando su contenido por el suelo. Esa chulería, esa dignidad, esa pose de “Aquí estoy yo, ¡Qué pasa!” queda grotescamente esparcida por el suelo, a veces con esas posiciones ridículas, sin tus zapatos, a lo mejor tirado sobre un charco, o una mancha de aceite… Y a ese mismo que le levantaste el mentón hacía un par de minutos te observa ahora en el suelo, con las piernas dobladas de forma estrafalaria, descalzo, y quién sabe, tus calzoncillos sucios encima de la bolsa abierta… y te observa otro puñado de curiosos, unos desde el suelo a tu lado, otros desde las ventanas, que salieron al oír el frenazo.

Y quizás alguien se pregunte… ¿Para qué? ¿Qué más da nuestro orgullo, o nuestros planes, si en el fondo, no dependen de nosotros? ¿Para qué preocuparnos de todas esas cosas nimias, sin importancia, que a veces nos quitan la alegría, y la vida, y las ganas de vivir. Que nos quitan horas de sueño…

Y ese conductor, que puede tener la culpa o no, pero que tiene el 90% de posibilidades de que se la echen… que a lo mejor le gusta correr como demostración de que domina el coche, que domina el mundo, la vida. Una persona hoy en día debe dominar el coche, y saber de fútbol y a ser posible que su equipo gane más títulos que los demás. Esto era antes cosa de hombres, pero cada vez más es cosa también de mujeres. Ese hombre, o esa mujer que no frenó a tiempo, porque ¡qué sé yo lo que le distrajo! O quizás el peatón salió entre coches y no lo vio… ese conductor no pagará con lesiones físicas, ni correrá peligro su vida, pero… seguro, seguro que su existencia no será la misma a partir de ese momento.

Estas cosas siempre me emocionan. No los conozco, o a lo mejor sí, vete tú a saber, no les he visto la cara… pero me pone triste que a ese peatón pueda pasarle algo, y me agobia que el conductor se repita una y otra vez si pudo hacer algo, en qué se equivocó…

Puede que en realidad ninguno de los dos se merezca que nadie se preocupe por ellos… que en realidad sean unos cabrones con pintas… aunque no sé, quizás aún así sean merecedores de un minuto de mi preocupación. Y de unos minutos más, los que he gastado contándotelo a ti.

Alberto, este post te lo dedico a ti.

10 pensamientos en “Una zapatilla volando sin destino.

  1. Cuando escribes estos textos me dejas sin palabras. En ese caso por que me has hecho recordar que una vez un chaval de unos 14 años salió corriendo de entre dos coche aparcados y se echó sobre el mío que estaba corriendo, pasó por encima del capó y del parabrisas y cayo al otro lado donde también había también coches aparcados… Por suerte solo se fracturó un brazo. Casi me muero.

    Un abrazo.

    • PFE, la verdad es que cualquiera que conduzca ha tenidos sustos así. A mí una vez me salió un chaval de entre los coches. Suerte que yo iba muy despacio, y pude frenar, y ni siquiera le toqué. Pero tarde en recuperar el sosiego.

      besos.
      muchos.
      envueltos.

    • sonia, cierto. Todo puede cambiar en un segundo.
      Me hubiera gustado verte con los pelos de punta… jijijijijiji.

      besos.
      muchos.
      envueltos.

  2. Generalmente vivimos como si fueramos a hacerlo siempre, hasta que te topas con cosas como las que describes y te das cuenta que en realidad la vida pende de un hilo, y de que nos preocupamos de un motón de cosas que en realidad tampoco son tan importantes.
    Yo siempre recuerdo a un chaval que murió haciendo puenting en un campamento de verano donde yo también participaba. Lo vimos saltar y caer hasta el suelo, pero lo que nunca se me olvidará es cuando llegaron sus padres para recoger su mochila y sus cosas. Este chico tenía sólo 18 años y esto sucedió hace casi 20, pero lo recuerdo como si fuera ayer.
    Todavía recuerdo su nombre. Se llamaba Gabriel.
    Me quedé tan impresionada que durante años cada vez que veía una cuerda de escalada o un mosquetón se me ponían los pelos de punta.

    Un saludo afectuoso.

    • Pero sabes, virginia, creo que si no hiciéramos eso, si no viviéramos como si nada nos fuera a pasar, salvo teniendo un poco de criterio al elegir los riesgos que asumimos en nuestro deambular por la vida, yo creo que nos volveríamos locos.
      No sé.

      Besos.
      muchos.
      envueltos.

  3. Hace un mes, mas o menos, iba en el coche detràs de una furgoneta , amanecia y casi no habia nadie, al llegar a un semáforo en rojo, la furgoneta siguió como si nada y acabó empotrandose contra un camión que estaba parado delante, me quedé tan alucinado que tardé varios segundos en darme cuenta de lo que de verdad habia pasado, por un momento creo que esperaba ver salir a un tio de la furgoneta para evaluar los daños , pero en lugar de eso comenzaron a escucharse unos gritos de angustia como en mi vida he oido gritar a nadie, salí volado y el del camión ya estaba fuera llamando, entonces me di cuenta de que la furgoneta tenia todo el frontal destrozado , dentro a penas se podia ver nada, era como un revoltijo de cosas, y yo tampoco queria fijarme, durante los minutos que tardaron en llegar los bomberos y la ambulancia , aquella mujer siguió gritando desesperada , al principio traté de hablarle para tranquilizarla, pero yo creo que ni me escuchaba , hubo un momento en el que gritó ” por dios ayudadme “, y no tengo palabras para expresar lo que sentí alli delante sin poder hacer nada, me acuerdo que temblaba. Por fin llegó la ayuda y entonces me di cuenta de que en la acera de enfrente se habia congregado un montón de gente mirando , y me dió bastante asco, nunca he entendido estos circos humanos que se generan entorno a las desgracias, igual fué por eso que le di mi número de teléfono al del camión y me fuí antes de que la sacaran, despues me arrepentí, porque me hubiera gustado saber a que hospital la llevaban, saber que fué de ella, y porque, ( y se que esto que voy a decir es una estupidez, porque no la conocía de nada ), porque se me quedó dentro como la necesidad de darle un abrazo. Supongo que es lo único positivo que puedes encontrar en tragedias como esta, que te despojan de todas tus miserias , y te dejan lo que en esencia eres, un ser humano.
    Un abrazo.

    • pucho, tremendo lo que cuentas.
      Te entiendo perfectamente lo del abrazo a esa mujer. Ese sentimiento lo he tenido, y lo tengo muchas veces. en algún momento, por ejemplo, he pensado en ayudar por ejemplo a los chicos que pasan por el cáncer, u otros casos parecidos. Pero creo que me implicaría tanto, que al final el que necesitaría ayuda, sería yo.
      Y es que no puedo pasar por una experiencia así, ni aunque sea algo visto en televisión, sin ponerme en la piel de la víctima. Y eso a veces llega a cambiarme el humor durante varios días.

      besos.
      muchos.
      envueltos.

  4. En menos de un segundo, ¿verdad? Un día te quieres morir, y al siguiente lo unico que pretendes en vovler a ver la luz del sol. Pero en esto creo que estamos la mayoría de las personas, que nos dejamos llevar por ese momento tan fatídico de nuestra vida, en la que no encontramos una razón de ser, donde no emos salida a nada de lo que nos esta pasando.. y luego, luego vuelve a brillar la luz.

    Un beso

  5. Kotei, en general, no sé, nada suele ser tan tremendo como pensamos o sentimos en algunos momentos. Las personas sensibles suelen ser una montaña rusa emocional, que se deja influir por cada pequeña cosa, o grande que viven o ven en la vida de los demás.
    Pero siempre, creo, hay que buscar la luz, auqneu a veces cueste.

    besos.
    muchos.
    envueltos.

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