Ya no quiero café “con los dioses del Olimpo”.

Sip.

El otro día me hizo pensar Peace for ever. Me hizo un comentario en algún sitio. Prometió darme explicaciones alrededor de una buena mesa llena de viandas maravillosas (esto creo que me lo acabo de inventar), pero como posiblemente tardará en llegar esa oportunidad, me puse a cavilar. Sí, es cierto, a veces pienso. Pensar, sabéis no es algo que la gente no haga normalmente. Lo que pasa es que muchos pensamos mal: ese es el problema. Pensamos sandeces, llegamos a conclusiones vulgares y llenas de errores de percepción y de elaboración… pero pensar, pensamos.

Decía que me puse a pensar un ratito, y me di cuenta de que Peace for ever tenía razón, sin conocer sus argumentos. Parece que estoy aquí como esperando que los dioses del olimpo me llamen y se paguen un café. Esperando que bajen el dedo y decidan dedicarme un minuto de su tiempo. Como si por ser guapos y jóvenes, y tener una profesión guay, o ser ellos muy guays, los pobres mortales debamos esperar un amable gesto de ellos y honrarnos con su atención.  Unos se creen guays por su belleza, y otros por otras cosas… en fin.

Así que se acabó. Ya no espero el café de estos chicos monos. Aquí yo soy el Rey, y no me apetece tomar café con ellos. A partir de ahora yo elijo la compañía.

¡Hala!

Otro día me recordáis que hable de la belleza, de la dictadura que ejerce.