Sergio.

Había una historia por Burgos que me rondaba, pero inconscientemente la alejaba de mí. Es una historia de esas que me gustan, de esas que sé que me va a entrar por cada poro de mi pobre corazón.

Y lo había conseguido: mantenerme alejado de ella. Oía cosas pero… como si lloviera en Japón.

El otro día, llegó la tragedia: fui a comprar el periódico en una librería cercana a mi casa, y me encontré fuera una caja de cartón con un cartel:

“Tapones para Sergio”

Entré en la farmacia de al lado, y otra caja en una esquina, tenía un cartel que decía:

“Tapones para Sergio”.

Y las murallas se derrumbaron sin apenas estruendo, pero con efectos devastadores.

Sergio.

¿Quién es? Preguntaréis seguro.

Venga, venga… preguntad: ¿Quién es el Sergio de los tapones?

Ya os ha costado… desde luego…

Os contesto muy gustoso:

Sergio es un chico de 19 años. De Burgos. Una noche, el año pasado, el 26 de diciembre, si no me equivoco, fue a dar una vuelta por las Llanas, con unos amigos. Las Llanas es una de las zonas de copas de Burgos, que todos sois de fuera y no conocéis. Él y sus amigos, se cruzaron con unos chicos muy majetes ellos, que decidieron, quizás por un empujón al salir de un pub, un tropiezo o por alguna otra causa de estas de enjundia, que esos chicos que parece ser pretendía salir del local por dónde estaba ellos, no se podían ir de rositas, ante semejante ofensa. Y salieron detrás a discutir y a dejar las cosas claras, y tal, y empujando, y alguna torta se perdía por ahí…

A un amigo de Sergio, le hicieron una herida en la cara.

A Sergio le empujaron, cayó al suelo, y se golpeó la cabeza.

Sergio lleva desde entonces en coma. Si algún día despierta, lo más probable es que tenga graves secuelas.

Lo de los tapones para Sergio, es la forma que han encontrado sus amigos y familiares para intentar conseguir el dinero suficiente para adaptar su casa lo mejor posible para recibir a Sergio, porque toda la vida no puede estar en un hospital. Y si despierta, ojalá que sí, necesitará mucha terapia y ayuda especializada.

Y claro, pues… yo como soy así de bobo, pues sin quererlo, me encuentro pensando en lo que deben sentir sus amigos; sus padres, sus hermanas o hermanos. He buscado estos días información, pero no he encontrado gran cosa. O una foto y estudiar su mirada. Quizás esto último sea lo mejor, porque observar su mirada, quizás para siempre perdida… ¡ufffffff! He encontrado, eso sí,  debates sobre si los que le agredieron, eran de un grupo radical o no. O de si le pegaron en el suelo patadas, o no. De si el Diario de Burgos miente debido a oscuros motivos, o de si las cámaras de seguridad que van a instalar en esas zonas a raíz de este caso y otros anteriores, son útiles o no. A mí no me importan, ni esas ni las que hay en la zona de la Plaza Mayor de Madrid, o de otros muchos puntos de la capital. Yo no hago nada por lo que pueda tener reparos que me graven. Una pena. No he encontrado tampoco demasiados debates sobre si hay que hacer algo con la educación de las personas para intentar evitar que salir de copas, sea una actividad de riesgo, más allá de que te rechace el amor de tu vida y te rompa el corazón.

Pero a mí, soy raro, ya lo sé, me interesa más saber como era él, no si van a poner cámaras, o si los agresores eran de extrema derecha o de extrema izquierda. Eran agresores y punto. Eran extremos, y no necesariamente en política. Prefiero saber si Sergio era alegre, o melancólico. Si le gustaba leer, o ir al cine, o jugaba al tenis, o al baloncesto. Si era socio del Burgos, o del Autocid de baloncesto. Si tenía muchos amigos. Si tenía novia, o amaba en silencio a su amiga de toda la vida porque no se creía digno de su amor. O le amaba alguien también en silencio, y ahora, esa persona tiene doble tragedia: amarle en secreto y que le duela el alma también en secreto. A lo mejor tenía un blog… a lo mejor leía mi blog… sería bonito ¿eh?

Pobre.

Tiene que ser duro ser uno de sus amigos, y estar acostumbrado a bromear con él, a contarse sus secretos, y saber que está ahí, verle en la cama lleno de tubos, sin poder hacer nada, sin que te pueda escuchar, sin que te pueda contar como se siente. Sin poder hacerle cosquillas. Verle… y no poder tomarle el pelo como siempre, o que él te lo tome. Su madre… que sentimiento de impotencia, de rabia tendrá dentro de ella… las madres son fuertes… es cierto, pero aunque tire para adelante, por dentro se estará desangrando de dolor, de impotencia, de rabia. Y el padre. Siempre nos olvidamos del padre. Parece que los hombres no sufrimos de igual forma… otro tópico. No sé.

Soy raro y bobo, ahora mismo tengo los ojos empañados. ¿Por qué vería esa caja? Llevo días imaginándome historias, sintiéndolas como si fueran propias…

Ahora guardo los tapones de plástico aparte. Y los llevo una vez por semana a la caja del kiosko o de la farmacia. Que poca cosa es, unos tapones. Los echo en la caja, y no aprecias casi que hayas hecho nada. Es lo que se puede hacer… es lo que puedo hacer…

La Televisión de la UBU hizo este vídeo para promocionar la campaña.

 

Hagamos una cosa. A ver si se os ocurren canciones. Sip. Canciones que sirvan para animar, o para sentir. No sé. ¿qué banda sonora podríamos poner a Sergio, o a sus amigos, o a su familia?

Venga, va, a ver que se os ocurre.