Estamos en sus manos.

Suele decirme Edgard que ahora el BDSM está de moda. Es cierto, cada vez hay más sitios en los que se habla de él, y portales específicos, con miles de perfiles, y decenas de relatos, miles de fotos, cientos de vídeos, con fiestas ad hoc. Tuamo.net, es un buen ejemplo de ello.

Pero si lo miráis bien, y circunscribiéndonos a este mundo de Internet, aunque en el resto es igual, a mi no me extraña, porque la mayoría tienen, tenemos un cierto gusto, o regusto incluso por sentirse esclavos, por sentirse dominado, controlados.

El otro día volví a poner en marcha “Y… vuelven mis dedos a volar sobre el teclado”, con la URL de siempre. ¿Te han devuelto el blog? Me preguntaréis muy atinadamente. Pregúntalo, hombre.

Pues no, te respondo. Resulta que cuando ya me cansé de dar a un botoncito para recuperar el blog, pues desapareció por completo.

Os explico.

Un día desaparece “Y… vuelven mis dedos a volar sobre el teclado”. Sigo los pasos que se me indican, tales como dar un teléfono móvil al que me envían una clave. La introduzco, y el siguiente paso es darle a un botón que dice: “Restaurar”. Una leyenda parecida a “Lo sentimos, seguro que ha sido un error de nuestros robots. En dos días, nuestro equipo verificará el error.”.

A los diez días, debías volver a hacer el proceso, porque quedaba en agua de borrajas.

Eso durante 5 meses, al final te hartas. Porque nadie te dice nada.

Y cuando dejas de hacerlo, un buen día por equivocación le das a un enlace, y resulta que ha desaparecido el blog, y es más, la dirección está libre.

Mi reflexión no va por el blog antiguo que es nuevo, y que no creo que haga nada con él, o a lo mejor lo dedico al Sado directamente. Mis pensamientos van en relación a cómo estamos todos dejándonos comer el tarro, y poniendo en manos de 4 empresas toda nuestra vida. Y esas empresas nos desprecian, nos tratan como a basura.

Google ó Facebook saben toda nuestra vida. Google nos trata como a basura. Y todos estamos tan contentos. No escucho por ningún lado los ataques que recibía Microsoft, por ejemplo. ¿De qué sirve que Google te de servicios gratis, si te los quita cuando le de la gana? El apartado de “Cosas para compartir” ahora mismo ya es imposible: Han eliminado esa posibilidad del Reader. Presume de liberal, de defensor de los gays, pero luego cualquier vídeo en el que se besen dos chicos, y no te digo nada si tienen el pecho descubierto, lo declaran como “inadecuado”. El vídeo de aquella sesión de fotos de Andrey Vishniakov, está calificado como inadecuado, y tienes que demostrar que eres mayor de edad para ver como sacan fotos a un chico sin camiseta, que ni siquiera se toca el paquete.

Por no hablar de los colaboradores esos que moderan los foros. Los “voluntarios”. He leído verdaderas atrocidades y estupideces en boca de alguno de ellos. Son sectarios, y muchos de ellos tremendamente retrógrados, muy distinta esa postura con la que parece que defiende Google de cara a la opinión pública.

Pero ahí estamos todos, utilizando sus buscadores, o sus blogs, yendo a youtube a ver vídeos, a colgarlos en los blogs, ahora utilizando el google+, una copia de Facebook.

Y además no nos damos cuenta que, cada vez que damos a +1, o a “me gusta”, nos estamos retratando. Saben de nosotros hasta si vamos regularmente al servicio. Saben que somos gays, o heteros, y el tipo de chica o chico que nos gusta. Incluso saben si somos tranquilos, o discutimos mucho, o si estamos satisfechos con nuestra vida, o no. Saben hasta el tamaño de nuestro miembro, para luego poder ofrecernos preservativos talla mini o talla XXXXXL. Porque no nos damos cuenta, pero cuando ligamos por un chat, todo eso queda ahí. Y puede quedar hasta en varios sitios. Incluso saben si tú, Pepe, te pones un par de centímetros más de polla, o son 5, porque luego tu follamigo, se lo cuenta a su marilientres por el chat de Tuenti. Así que pregunta antes a tu futuro amante, si trabaja en alguna de esas emrpesas, más que nada para que no pierdas el tiempo inventándote una historia sobre si eres abogado y trabajas en un importante bufete internacional, o en realidad trabajas en el Mcdonal’s de Gran Vía con Montera, porque no pasaste de primaria. Y no presumas de que has hecho el amor con 547 hombres, porque el otro sabe perfectamente que te tiraste con tu primer novio 897 años, que te humilló y pisó lo que quiso, y que luego te dejó tirado en la alcantarilla.

Saben si nos gusta el pollo, o si preferimos la cocina portuguesa a la australiana. Y lo que es peor, saben en cada momento dónde estamos. Y no, no es por esos que twitean a cada momento en dónde están, o si se comen un bocadillo de patatas fritas, o de callos a la riojana. Qué también. Lo saben porque tu móvil te sitúa perfectamente a cada momento. O tu ordenador. Y saben hasta desde que máquina exacta te conectas. Incluso de qué color es, y que resolución de pantalla usas.

Y con la escusa de que son servicios gratis, y de que algunos de sus servicios son buenos, dejamos que nos toreen, que nos escupan, y que nos pisen.

Esto tiene una historia. Una gran historia del tamaño de una novela de Tom Clancy, o de Ken Follet. Según lo escribía, me estaba angustiando yo mismo con lo que se me iba ocurriendo. Me lo recordáis si eso. Va a ser una gran novela. Sip. Lo malo es que todos pensarán que es ciencia ficción.