In time – la película.

Ya lo sé… llego tarde… perdón. Es para llevar la contraria al título de la película… (jijijiji).

Vale, ha sido malo el chiste… si es que no se me dan bien… jo.

El tiempo es dinero.

El fontanero nos apunta en su factura 50 minutos. Y nos cobra a 18 euros la hora. El informático hace lo mismo. Pero éste lo hace a 30 euros. Y encima lo hace por especular, porque apenas tiene ni idea de lo que le pasa al ordenador.

Todos estamos marcados por nuestro tiempo, y lo que cuesta. Tu madre te pregunta sobre tu novio: ¿En qué trabaja? Si dices que es Director de Banco, echa cuentas de lo que cuesta su hora, y de lo beneficiado que tú, su hijo vas a salir. Si dices que es escritor, seguro que encoje el morro, no porque sea mala persona, que puede que también, sino porque no cobra a nada la hora.

El tiempo es oro, decía aquél.

El otro se queja de que no tiene tiempo.

¿Por qué hablamos de dinero, si en realidad lo que nos interesa muchas veces es a cuánto sale el tiempo? Un café vale 0,01 % de tu sueldo. Y la hipoteca vale un 60 % de tu tiempo. Esto con suerte. Y ese jersey vale un 8% de tu tiempo. Entonces… ¿Por qué no decimos que esto nos cuesta dos horas, o 15 minutos?

Eso es lo que propone In Time.

Justin Timberlake dando la cara. Es este chico que cantaba y que un día descubrió la teta de una Jackson en el intermedio de un partido de baseball.

La propuesta es que la gente, a partir de los 25 años, se les concede un año. Si trabaja, le pagarán en tiempo. Si compra verduras para la comida, pagará en tiempo. Un café valía una hora, aunque de repente subió a dos horas. Si no tienes tiempo, si el reloj de tu muñeca se pone a cero, mueres. Es una muerte repentina, nada como ahora que te quedas sin blanca y te vas consumiendo cuando no tienes dinero: primero la casa, dejas de comprar ropa, reciclas los calzoncillos que habías dejado para trapos, y los vuelves a usar como calzoncillos, los cafés por la tarde dejan de ser imprescindibles y necesarios, cambias el marisco fresco por el pescado congelado, y luego dejas de comer pescado. La carne por el pollo, para abandonar el pollo al final. Patatas… patatas con patatas. Hasta que las patatas dejan de ser accesibles. Vas bajando… hasta que un día, dejas de comer. En In Time, no: radical, mueres.

Al protagonista, un rico le cede su tiempo una noche. Él no quiere vivir. Es lo que les pasa a los ricos que dicen que el dinero no da la felicidad, y bla, bla bla… y arrugan el morro cuando el contable les ha dicho que el último año han ganado otros 5485 millones de euros y acaban preguntándose impotentes. ¿En que me lo voy a gastar, Edelmiro?. Impotentes y con cara de ansiedad… mis pobres.

Pero lo que parecía un regalo, y la solución a sus problemas, se convierte en un verdadero problema, porque empieza a ser sospechoso de asesinato. El tira adelante, sale de su gueto, y se adentra en el mundo de los ricos. Y claro, aparece una chica subyugada por su porte distinto y distinguido. Vamos que el Justin le hace tilín, porque está bueno… o al menos al personaje de la ricachona rebelde le gusta. ¿Bonnie and Clyde? Sin comentarios. Ahí lo dejo.

La película plantea un mundo interesante. No, no es un mundo irreal: es un mundo como el nuestro en realidad, lo que pasa es que los relojes digitales en el antebrazo, nos despista. Los ricos son ricos a rabiar. Tienen 150 años en la muñeca para gominolas, y tiene guardados Trillones de años en sus cajas fuertes, para cuando fueran necesarios. Eso sí, todos físicamente, aparentan 25. Así puedes ver a la bisabuela, a la abuela, a la madre y a la hija con la misma apariencia. Los ladrones atracan buscando el dinero.. esto, perdón, me equivoqué, el dinero, otra vez me colé, el tiempo, joder.

Es como hablábamos el otro día de los “tapones para Sergio”. En realidad son tapones para darle más tiempo a Sergio.

Interesante.

Pero, sabes, la película solo tiene eso, un planteamiento interesante. Pero los actores no están en forma. Timberlake me gustó en aquella película de Facebook, pero aquí… no. Para mí, naufraga aparatosamente en las escenas en las que es preciso un actor, no un tío paseando su palmito por la pantalla. Los demás prácticamente igual. Me gustó solo ver de nuevo a Vince Kartheiser, un joven actor siempre abonado a papeles duros, de chico conflictivo, al que le había perdido la pista.

Y lo demás es inexistente. La película para mi gusto es plana, sin alma. El mundo que crea es igual de anodino, la fotografía es fría, sin matices. La historia no emociona: los recursos dramáticos son desperdiciados por la poca maestría en sacarles jugo. Ni la emoción de la historia. Personajes sin definir, sin nada dentro, rutinarios, que solo se dejan ver para recitar su parte, sin que haya nada debajo, ni encima. Sin un pasado al que rendir tributo, porque marque su forma de ser.

Lo único que queda, es la intriga de cómo acabará la película. Pero os aseguro, sin desvelar nada, que el final elegido es el de que se elige cuando no se sabe como acabarlo.

Pero ha tenido algo bueno: inspirarme esta reflexión, que termino aquí, mirando el reloj: 14:23 h. Luego llegarán las correcciones otro día.

Lo publicaré… huy, no sé… ahora que lo pienso, podría ser las 14:23, pero de otro día, claro. ¿qué os parece? Huy… si es que en realidad no os puedo pedir opinión al respecto, porque entonces significaría que ya estaría publicado, y ya no haría falta… venga, va, 14:23 h. Hora Zulú.

Los datos completos de la peli, en La Butaca, como siempre.

Venga, va, el tráiler.

PD. Pues al final, van a ser las 18:34 h. hora zulú. Y es que wordpress funciona fatal últimamente. Así que hoy, no estoy “in time”, pero tengo disculpa.