Sobre conocer, y las leches que te dieron.

He quedado con muchas de las personas que he interactuado en los blogs. Recuerdo que empecé hace ya cuatro… no cinco años… me lo recordaba Canalla hace unos días paseando por Serrano en Madrid… cinco años. Manu fue el primero… también en Madrid. ¡Que tiempos aquellos! Luego siguieron Ismael y su churri, Canalla, LuisM (Hola Luis), Rubén (Hola Rubén), Luis… pasando por Saiz, Rem, sonia (hola a los tres)…

Es un riesgo a veces quedar con personas que no conoces. Porque como muchos repiten y repiten, en realidad, ni en los blogs, ni en otro tipo de redes sociales acabas de conocer a nadie. Si el concepto de amigo a veces ya está demasiado degradado  en el plano tradicional, no te quiero ni contar en estos Faces, o tuentis, y demás. Podría ser el estrangulador de Estocolmo, y tú sin enterarte. Y vas, sonríes, das dos besos, charlas, tomas un café, y luego te estrangulan, y hasta luego. Eso sí, cinco minutos de gloria al día siguiente siendo portada de “El Caso”. Por cierto… ¿Se sigue publicando “El Caso”?

Es cierto, no os riáis. Porque primero, en un blog enseñas lo que quieres. Hay mucha literatura en los blogs, aunque sean personales. Yo tengo un blog lleno de literatura, por ejemplo. No hablo de mí normalmente. Menudo aburrimiento. Un lector con tiempo, y reflexivo, puede descubrir muchas cosas con la literatura que escribe cada uno. Pero… no tenemos tiempo. Y eso nos lleva a engaños. Y pensamos: “Huy que majo es fulanito”. Y luego resulta que lo conoces, y acabas entendiendo la actitud que dice tienen sus amigos con él. Porque es un desequilibrado mental, le falta un tornillo, y además es alguien que aunque de boquilla diga que se preocupa de la gente, en lo único que piensa es en él mismo. Esto tiene un post. Me lo recordáis si eso.

Es como… en las páginas de ligoteo. Nadie pone una foto en la que no salga favorecido. Y si saca su miembro viril, que es la forma de asegurarte más visitas, según me cuentan, lo hará de la forma en que se vea más grande. O directamente cogerá una foto del de un actor porno. Y si saca una foto de su cara, ya se habrá preocupado de ponerse de todas las poses posibles, la luz, el fondo, la barba de dos días, o la no barba, la depilación… y poner la foto en la que salga menos feo. Algunos incluso han llegado también a coger la de algún modelo poco conocido por lo que pensó que nadie lo descubriría. En los blogs es igual, pero con palabras.

Entiendo el reparo a quedar con las personas conocidas a través de Internet. Yo he tenido suerte: no he protagonizado la portada de “El Caso”, y alguno se ha convertido en pieza importante de mi vida.

Pongamos otra situación que se puede dar para conocer gente:

Barra de bar.

Noche de sábado.

Dos de la madrugada.

Música a tope. Chunda, chunda.

Un chico se pone a tu lado. Os miráis. Una sonrisa, otra sonrisa.

– ¿Tomamos una? Pregunta el más lanzado.

– ¿Por qué no?, contesta el menos atrevido.

Música a tope.

Chunda, chunda.

“¡Guays! Qué chico más majo”, piensa el uno.

– ¿Cambiamos de sitio?

– Huy, no tengo dinero.

– Huy, yo tampoco.

– Voy a un cajero.

– Te acompaño.

El tímido, pongamos por ejemplo, va a un cajero. Tú por ejemplo. El lanzado espera fuera. Saca euritos para pagar las siguientes copas.

Sale del cajero.

Y el “lanzado”… se salta sobre él y le da un puñetazo en los morros. El otro cae al suelo con la cartera en una mano, y la tarjeta en otra. Y cara de bobo. Una patada, y el “Lanzado” le agarra la pasta que acaba de sacar, y le coge la tarjeta. Otra patada, y el tímido canta el pin.

Total encuentro en la noche: 600,00 €, dos patadas, y la nariz rota. Y cara de bobo.

Pongamos otra situación:

Eres feliz cual perdiz: has salido de casa para estudiar. ¡Padres fuera! ¡Independencia!

Gritas: “¡Soy el Rey del mundo!”

Segundo año, y pisito. Con compis.

Guays.

Fiestas en casa, diversión, compañerismo…

Un día te fijas cuando vas al cajero y tienes menos pasta de la que creías. Sacas un extracto y… ¡¡Oh sorpresa!! Alguien ha sacado euritos de tu cuenta.

Primer pensamiento: ¡He perdido la tarjeta!

Pero no… la tienes en la otra mano.

Crees que a lo mejor, el 4º cubata te sentó mal. O esa chica que se acercó tan despampanante… (vale, sí, este chico es hetero… los pobres también tienen derecho a vivir… )

Lo dejas aparcado en tu cabeza. Como no te acuerdas muy bien de como acabó la noche…

Pero a la semana siguiente, repetimos escena.

“¡No puede ser!”, te gritas desesperado.

Das una vuelta al coco… no llegas a ninguna conclusión.

Y te pasa otra… y otra…

Al final, un día, te decides. Lo comentas en el piso, y tus compañeros de idem, se ofrecen a acompañarte a comisaría. “Hay que denunciar”, te dicen a coro.

Vas a comisaría. Piensas que te van a tomar por tonto. Y que no te harán ni caso… total solo te han desaparecido 1.700,00 € de tu cuenta.

“¡Seguro que alguien ha duplicado tu tarjeta al pagar en un restaurante!”, piensas, incluso la policía te indica esa posibilidad.

Te atienden muy amablemente. Al final solo ha ido Eustaquio. Tampoco era cuestión de ir a comisaría los cuatro del piso. No fuera a ser que os confundan con una manifestación de indignados o así.

Firmas la denuncia.

Y te vas a casa.

A los dos días te llaman de comisaría: “Ya está resuelto”, te dicen.

Vas a todo correr… ¡¡Yupi!!

Llegas.

Te recibe el comisario.

“Pase por aquí, para que conozca al que le ha robado”

¡¡Yupi!!

El comisario señala a un chico. Y tu sonrisa se te queda helada.

– ¡Eustaquio! – dices con cara de bobo.

Sí, sí… es tu compañero de piso, que te pispaba la tarjeta cuando la dejabas en la cómoda de tu habitación. Y sacaba para sus gastos. Eso sí, luego te invitaba a un cubata, y eso sí, te acompañó solícito a poner la denuncia.

Ains.

Si es que… ¿Qué nos queda ya? ¿Quién se va a atrever a ligar ya en la barra de un bar? ¿Y ligar con tu compañero de piso?

¿En quién podremos confiar para ligar? ¿Para hacer amiguitos? ¿Para pasear por la ciudad? ¿Eh?

Yo si me perdonáis, estoy preparando el petate para hacerme anacoreta. Huy, si esto ya os lo había dicho. Estoy mirando cuevas en las montañas próximas a Burgos, para alejarme de todos estos peligros. Me haré amigo de los lobos, y compartiremos anécdotas.

Sip.

Ya no se puede confiar en nadie.

Ains.

Bueno, en mí sí. Yo soy muy majo, estupendo y todas esas cosas. Y soy comprensivo y escucho, y soy cariñoso y… coño que parece un anuncio. Borra lo que he escrito en ese párrafo.

PD. estos dos casos que cuento, han pasado en Burgos, en el intervalo de una semana hace ya unos meses. Los nombres eso sí, son ficticios. Bueno, y tienen unos toquecitos de literatura, para darles sabor.

PD2: me falta tu relato de Navidad Y el tuyo también. No tiene por qué ser largos, ni siquiera relatos. Pueden ser pensamientos o sentimientos, o momentos. Y puedes enviarme también una canción especial. Y fotos de la Navidad de tu ciudad. No me como a nadie, ni nadie de los que pasan por aquí. Y tú… especialmente tú… me falta el tuyo.