Historia de Navidad (6).

Comprobó que su mujer dormía profundamente y se levantó sigiloso. Fue de puntillas por el pasillo, escuchando en la puerta de cada habitación, que sus hijos y sus nietos estuvieran dormidos. Iba tan pendiente de lo que pasaba en el resto de la casa, que no lo vio y pisó el camión de bomberos de Kike, uno de sus nietos. Genaro apenas tuvo tiempo de agacharse para evitar que el condenado juguete empezara a hacer sonar con toda la estridencia de la que era capaz.

Todavía con el camión agarrado contra su pecho, llegó al salón. Allí, debajo del Belén, estaban los regalos: los de Nicolás, los de Leo, Beatriz, Laura, Enrique el del camión de bomberos, Luis, Fernanda, y Lidia. Y Sandra, la primera.Todos nietos. Enrique, Matilde y Teodoro, sus hijos. Y Claudia, Carlos y Nicolás, sus parejas. Y también estaban los de su mujer, Teresa y los de él.

No podía aguantar las ganas de ver sus regalos a escondidas. Nunca lo había conseguido. Desde que tenía uso de razón, se había levantado por la noche para ver los regalos antes que nadie

Era las 6 de la mañana, y no hacía ni una hora que había dado el beso de buenas noches a su nieta Sandra, la mayor de todos. Los peques se había ido antes a la cama.

Llegó al salón, y encendió la lámpara de la mesita. Se sentó en el suelo, y fue buscando su nombre entre las etiquetas de los paquetes. Dos cajas lo llevaban en una tarjetita que estaba prendida con un poco de cello.

Cogió la primera caja. La agitó. Siempre hacía lo mismo, agitarlas… era como un ritual. Ya sabía que en la caja había un pijama como todos los años impares. Los pares tocaba guantes de piel forrados. Pero le seguía haciendo ilusión verlos, quitarles el papel con cuidado, comprobar los colores, el modelo, y luego volverlo a guardar. Cerrar el paquete como si no hubiera pasado nada, y por la mañana, sonreír ilusionado y mostrar su sorpresa ante los regalos.

Este año tocaba azul oscuro, con unas rayas grises, y con cuello.

Iba a coger el otro paquete, cuando la vio: una rosa.

El tallo estaba envuelto torpemente en papel de aluminio. Estaba ahí, en una esquina, sobre el suelo, medio escondida debajo de la mesa. La cogió despacio, con delicadeza, sin dejar de mirarla. La olió… olía a ella.

Casi no se acordaba de ella. Hacía ya tanto tiempo… eran casi 60 años que murió, cuando él apenas tenía 9. Si cerraba los ojos ya no recordaba su rostro. Pero se acordaba de la rosa que le gustaba, y del olor. Ese olor era lo único que le quedaba de su madre. Se acordaba de como algunos días se colaba en el jardín del vecino, y cortaba una rosa, y la envolvía con torpeza en un papel cualquiera, y se la llevaba a su madre. Ésta la olía, y según aspiraba su rostro se iba iluminando por una sonrisa maravillosa, de felicidad. Y luego le miraba, dejaba la rosa sobre la mesa del cuartito de estar, en donde ella cosía, o hacía punto, con la radio puesta, siempre la radio sonando de fondo… y la ponía las manos en sus mejillas, se agachaba ligeramente y le daba un beso, dos, tres…

Apretó la rosa contra su corazón. Y lloró de felicidad… porque a pesar del tiempo, y de la vida, de no tener su rostro en la cabeza, seguía pudiendo sentirla. Y eso le hacía sentirse dichoso, feliz… su madre…

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9 pensamientos en “Historia de Navidad (6).

  1. Con relatos como este me quedo sin palabras , en realidad creo que no debería leerlos siquiera , porque me hacen sentir demasiadas cosas. Yo perdí a mi padre cuando tenía 18 años , además fue por navidad ,aunque eso no importa . Todos los que hayan perdido a una madre o a un padre y más a edades tempranas sabrán que es algo que te cambia la vida , te cambia como persona y que al final te acompaña siempre , como si hubiera una de esas rosas en cada día del año.

    Muchos abrazos

    • Un día pucho, me gustaría escucharte esas experiencias.
      Por un lado, me alegra haberte llegado al corazón. Por otro, siento haber removido algo dentro de ti.

      besos.
      muchos.
      envueltos.

      • No tienes que sentir nada , o si , deberías sentirte afortunado por tener la sensibilidad y el talento necesarios para escribir algo como esto. En estos relatos navideños hay muchas historias maravillosas , pero yo me voy a guardar ésta para mi como la más especial de todas. Entiendo muy bien al protagonista , porque igual que él con las rosas , yo también tengo mis pequeños tesoros , quizás el mayor de todos son los libros que leía mi padre y que siguen guardados donde estuvieron siempre , libros que de pequeño imaginaba aburridísimos porque los veía muy gordos y no tenían fotos , pero que al cabo de los años he ido descubriendo , y me ha encantado tocarlos y leerlos , me han hecho compañía muchas veces , y me ha faltado poderlos comentar con él , aunque en cierta manera tengo la sensación de haberlo hecho. Y bueno ,decías que te contase , pero ahora estoy teniendo la impresión de que igual esto debe estar sonando rarísimo desde fuera y que se debe entender poco y lo más curioso es que me encantaría que fuera así realmente .

        Abrazos

        • ¿Y por qué va a sonar raro esto que nos cuentas, pucho? Seguro que algunos de los que leerán esto, se sentirán identificados, y podrán recordar esas cosas de sus seres queridos que se fueron, y que los hacen estar cerca.
          Creo que no voy a decir nada más, solo darte las gracias. Y si te apetece, me encantará que sigas contando y escribiendo.

          besos.
          muchos.
          envueltos.

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