Historias de Navidad (17).

– Gracias Ricardo por abrirme para…

– Nada, mujer, si todavía no había bajado la verja…

– Pero ha sido, si es que tendrás que llegar a la cena, y…

– Tranquila, Elvira, tranquila. Si paso la noche en casa… tranquila…

– ¿Pero no vas…?

Elvira le miró con cara de sorpresa. No podía concebir que nadie pasara esa noche solo. De repente se decidió:

– Vente a casa, si…

Pero Ricardo la interrumpió con rapidez.

– No, no Elvira. Muchas gracias pero no. Es mi noche. No te lo tomes a mal, y eso, pero… de verdad…

Ricardo acabó de bajar la verja y se quedó mirando durante unos instante como se alejaba su clienta. No la había convencido, se lo notó en la cara.

Caminó despacio, relajado hacia su casa. Había sido un duro día de trabajo. Tenía una delicatessen, y en Nochebuena era el día que más vendía. Había estado en la tienda desde las ocho de la mañana, y ya eran las nueve y media.

Pero todo estaba bien. Era su noche. Sonreía mientras abría la puerta del portal, y saludaba a Juan, un buen cliente que pasaba por delante. Y sonreía cuando abrió la puerta de su casa, y vio el Nacimiento enorme que le recibió con las luces parpadeando. Y el árbol al fondo, lleno también de luces que iluminaban la galería.

Y sonreía en la cocina, dando los últimos toques a la langosta que se había preparado, y cortando un buen trozo del rosbeef que acababa de sacar del horno.

Y seguía sonriendo cuando se sentó en la mesa, y encendió un par de velas, y con esa luz, y las del Nacimiento, y las del árbol, se dispuso a cenar.

– ¡La música!

Se levantó, y encendió el equipo. Los violines y las gaitas empezaron a sonar… Luar na Lubre. Se quedó un rato embelesado por la música. Cerró los ojos, y dejó que esta penetrara por su piel.

– ¡Ahora sí! – se dijo en voz alta.

Ya estaba todo.

Sonreía cuando se sentó de nuevo. Y sonreía cuando abrió la botella de Juvé y Camps. Se sirvió una copa, y la levantó. Y brindó.

Y ahí a su lado, entre las luces del Belén estaba su padre. Y al otro lado, estaba su madre. Ámbos sonreían, pero… Ricardo les echaba de menos y no podía evitar que se escapara una lágrima de vez en cuando. Recordaba esas otras Navidades, hacía todavía no demasiados años, en las que las pasaban todos juntos, sus padres, él, y su hermano Javier. Y lo pasaban genial, y se reían, y pasaban luego la noche jugando al Monopoli, o al Trivial, o a la brisca… o al escondite cuando ellos eran pequeños. Javi siempre se enfadaba cuando perdía. Por eso tácitamente, le dejaban ganar casi siempre. Nunca dijeron nada al respecto, pero estaba claro.

Ricardo veía la sonrisa de su madre… y esa forma de mirarle especial. No sabía como explicarlo. Tampoco había intentado explicarlo a nadie. Todas estas cosas no las comentaba con sus amigos, ni con su hermano cuando hablaban por teléfono. Le hubieran tomado por tonto, o por… bueno, por alguien que a lo mejor le faltaba un tornillo. Y no quería dar pena, porque pensaba que eso ocurriría. Y Javi, nunca había sido tan sensible como él. Tampoco lo entendería. Y además estaba lejos.

Siguió cenando. Despacio. Escuchando la música que le gustaba a su padre. Recordando esas Navidades que pasaron juntos, y que se acabaron hacía apenas 7 años. Ese accidente de coche le privó de ellos prematuramente.

Ricardo tenía 31 años. Pero esa noche volvía a tener 15, o 10. Ó 23. Y seguía levantando la copa, con una sonrisa en los labios, y una lágrima en cada ojo, y diciendo:

– ¡Feliz Navidad papá… mamá!

Mañana volvería a tener 31. Volvería a quedar con su novio, con sus amigos. A ir al cine a ver una comedia tonta de esas americanas, o comprar unos churros y comerlos con Pol, su chico, sentados en un banco en cualquier calle, arrejuntados los dos para entrar en calor. Pero esa noche, esa noche, era la que le dedicaba a ellos. Solo a ellos.

8 pensamientos en “Historias de Navidad (17).

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    • Bueno, no sé, PFE, yo creo que el que tenga ese recuerdo en un momento puntual, no está mal. horroroso sería si todo el día, todos los días estuviera obsesionado con el tema.

      besos.
      muchos.
      envueltos.

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