Historias de Navidad (21).

No encontraba la forma de atarse el abrigo. Y el calor que arrastraba de la casa o el calor del alcohol de la cena, no duraría eternamente. No había pensado en ello al coger las cajas de plástico, o de madera, o del corcho ese blanco que se desmenuzaba en trozitos que semejaban la nieve, y que no hacían más que estorbar en casa.

“Podría haber nevado”, pensó Miguel.

– Lo que hacía falta.

Llegó a los contenedores cuando ya el frío penetraba irremisiblemente en cada célula de su cuerpo. Soltó los bultos y se ató los botones, la cremallera, se subió los cuellos.

Miró hacia arriba, al 6º. Había luz. Esa misma luz que él había encendido cuando empezó a oscurecer. Lo de tirar los plásticos o cartones a los contenedores era solo una excusa. Necesitaba respirar.

No entendía por qué siempre acababan con mal ambiente en esos días. O sí lo entendía, pero no acababa de acostumbrarse a ello. Anhelaba unas fiestas estupendas, en las que no dominaran las malas caras, en las que todo trascurriera en paz y armonía. No hacía falta grandes declaraciones de amor, ni siquiera de cariño o comprensión. Solo con no sacar las ganas de mandar, de dominar al resto, bastaba.

Pero eso era imposible. El uno que sabía más que el Mundo con mayúsculas, el otro que no le iba a la zaga, la otra que “para cojones los suyos”, el otro que… daba igual, solo eran variaciones sobre la misma partitura.

El frío le daba en cara. Hacía una suave brisa de aire helado. No sabía si le molestaba o al contrario, le despejaba las turbulencias de su espíritu.

Una explosión a sus espaldas le hizo dar un pequeño brinco. Se giró con rapidez para ver el origen de la deflagración, y lo hizo a tiempo para ver la siguiente figura de los fuegos artificiales que, al otro lado del río, algún padre había comprado a sus hijos, como fin de fiesta familiar. Quizás solo fuera un ensayo general de las sesiones del día de Nochevieja.

Nochevieja. Se sonrió pensando que le quedaban pocos días para hacer la lista de sus buenos deseos para el año nuevo. Esa lista que era igual de efectiva que la carta a Papá Noel, o a los Reyes Magos. Él era más de Reyes Magos, aunque su fidelidad a esos señores, rara vez se había visto recompensada, al menos desde que cumplió los quince. Y eso que no había pedido un Audi de verdad, o un Mercedes. O una primitiva de 34 millones de euros. Solo pedía cariño, alguien que le cogiera de la mano, que le besara en los labios. Ni eso… borraba mentalmente lo de los labios… un roce en la mano sería suficiente… una mirada si acaso… alguien que le hiciera compañía sin juzgarlo, sin… daba igual.

Pero sí, intentaría de nuevo pedir, como deseo de año nuevo, que las cosas cambiaran. Que pudiera tener unas fiestas llenas de alegría, de buen rollo, de amigos, de… de todas esas cosas que se suponía que en esos días, y en el resto también, deberían llenar la bandolera de todo ser humano. Más allá de regalos, de compras en los centros comerciales, o de cenas pantagruélicas.

Pero nada sería posible. Cada vez se sentía más ajeno a su familia. Cada vez tenía menos ganas de pasar un rato con ninguno de ellos. Quizás lo dejara correr, pero no por otra cosa, sino porque sabía que no tenía plan alternativo. Algo fallaba en él, en su vida. Algo fallaba que hacía que se sintiera cada vez más solo. Y no veía remedio.

No se entendía a sí mismo. Ni a los demás. Pensaba que con el tiempo iría aprendiendo, conociendo. Pero según trascurrían los años, todo le parecía más triste e insondable. Empezando por él mismo. Pero el resto de las personas que conocía, no le iban a la zaga.

Uno, dos tres… ¡Pum!

Más… otra detonación más… y otra y otra… multitud de colores a través de las ramas desnudas de los árboles. Otra… ¡Esa que buena! Un ¡Ohhhhhhhhh! Sin premeditación se escapó de su garganta.

Al menos le quedaban los fuegos artificiales. Artificial… como la vida misma.

– ¡Cojones, qué frío hace!

Y se abrochó el cuello del abrigo. Y mirando de reojo al 6º, se encaminó con fingido entusiasmo hacia el portal.

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10 pensamientos en “Historias de Navidad (21).

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  3. Este es uno de esos personajes que despierta simpatía . Todos ( o casi todos ) hemos sido así alguna vez , hemos disimulado nuestros verdaderos sentimientos para facilitarnos ( o facilitarle a otros ) el día a día , igual no ha sido en todo , pero si al menos en algún ámbito de nuestra vida . Con todo…, a ver , hay algo que falla en este personaje , no se le ve una actitud positiva , una cosa es ser complaciente y otra afrontar la vida de forma tan pasiva . ¿Que ha puesto él de su parte para encontrar ese plan alternativo ?, porque da la sensación de que si apareciese ese alguien dispuesto a cogerle la mano , lo encontraría tan apegado a sus carencias , tan acomodado en su rutina que difícilmente encontraría sitio.

    Un abrazo

    • pucho es que todos los personajes que nos encontramos, no tiene por qué tener ese poso positivo, de arranque. Y esta es la historia de uno de esos personajes abandonados a sí mismos. Yo les entiendo… sip.

      besos.
      muchos.
      envueltos.

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