Epílogo: Navidad.

Antecedentes:

Navidad: prólogo.

Historia de Navidad (23).

________

– Niños, a lavarse las manos.

– Jo, queremos más… – se quejó Juan

– Niños, haced caso de la abuela. Además, ya hemos acabado las 24 historias que habíamos quedado – dijo el abuelo.

– Pero…

– ¡¡Mamá!!

Candela entró en ese momento en la casa, y aunque intentó hacerlo sin llamar la atención, a Pablo, el pequeño de sus hijos, no se le escapaba nada. Él y sus hermanos corrieron y se abrazaron a ella, para su asombro. Sobre todo el mayor ya rehuía un poco ese contacto afectivo.

– Pero niños… vale… vale… que parece que no nos hemos visto en años, y hace apenas un par de horas me habéis hecho enfadar.

– Nosotros te cuidaremos por Nerea – le dijo solícito Pablo, con los ojos muy abiertos y brillantes, como si hubiera llorado.

– ¿Nerea? – Candela miraba a su padre preguntándole con la mirada.

– Tía tienes unos hijos que les falta un tornillo. Se deben creer que alguna de las historias del abuelo, eras tú la protagonista.

– Mar, no hace falta que seas tan despectiva con tus primos – Beto, el hermano de Candela, salía de la cocina con una fuente de calamares a la romana – Rodrigo, venga, siempre te quedas ahí parado. A lavarte las manos, que si no tu hermana y tus primos se van a comer todos los calamares, con lo que te gustan.

Los niños se fueron corriendo al baño a lavarse las manos. Mientras, Candela se quitaba el abrigo.

– Papa, ¿Qué les has contado?

– Historias, como siempre.

– ¿Y porqué los niños…?

– Ya sabes que tienen mucha imaginación – contestó su padre – ¿Has ido al parque de Rocío? – preguntó a su vez.

Candela lo miró confundida. Nunca le había dicho nada, y eso que ella sabía, que él sabía. Él siempre sabía. Como su madre.

– ¿Tía, entonces te vas a divorciar del tío Tomás?

Candela antes de contestar miró durante un buen rato a su padre. Esta vez él le mantuvo la mirada. Él siempre le había dejado tomar sus decisiones, sin interferir, ni siquiera mostrar su opinión, salvo que ella le preguntara. Pero esta vez parecía que había tomado partido, y le mostraba el camino. Como siempre, había sido de la forma más imaginativa e indirecta que se pudiera concebir.

– Claro, ¿no lo has oído? – Vicente su hijo mayor, se había adelantado a su posible respuesta.

– Dejad esas cosas, niños, y tú Matías, parece mentira, la cena se va a enfriar. Y sabes que no me gusta…

– Vale, vale, Tere. Vamos a la mesa.

– Abu, no te has lavado las manos.

– Touché – le chinchó Beto, su hijo.

– Cría cuervos… – y se fue meneando la cabeza hacía el baño.

– Pues yo te veo muy bien los ojos – le gritó Beto siguiendo con la broma.

Candela lo siguió y se puso a su lado en el lavabo a lavarse las manos.

– ¿Es lo mejor? – pregunto con apenas un hilillo de voz.

Él la miró. Solo la miró. Pero con eso bastó. Candela abrazó a su padre, y le dio un beso.

– No sabría como habérselo dicho a los niños. ¡Gracias!

Iba a salir hacia el salón…

– ¿No les habrás contado lo del muñeco que guiñaba el ojo…? Papá… no me has dejado ningún secreto con mis hijos y mis sobrinos… al menos espero que hayas cambiado los nombres…

– Huy, Candela… contigo y con Beto, podría escribir varios libros con vuestras historias. Y eso que Beto, ha abandonado nuestro bando. Y me ofendes con la duda sobre los nombres – y la sonrió de esa forma especial.

– Sí, Beto era más divertido antes – Candela sonreía al decir eso de su hermano – desde que se casó se ha vuelto un soso.

Mientras avanzaban por el pasillo, se oyó en el salón una pequeña explosión. Le siguieron los gritos alborozados de todos los niños.

– ¡Beto! ¿Te has vuelto loco?

Su mujer lo miraba descolocada. Elvira era una mujer muy formal y seria. Y no estaba acostumbrada a esas “locuras”. Beto había hecho explotar una especie de bomba de confeti sobre los niños, antes de sentarse a la mesa.

– Huy, Elvira querida, no sabes tú las cosas que han hecho estos dos. – su madre vino en su ayuda.

Candela se acercó a su hermano, y le rodeo con sus brazos por la cintura. Se sonrieron como hacía años que no lo hacían, y se fundieron en un abrazo.

– Creía que nunca ibas a volver – le dijo Candela, sonriendo.

– Dale recuerdos a Rocío.

Y la besó en la frente.

– Me pido el padrino de mi nuevo sobrino.

– Hecho – le contestó su hermana – ¿Y si le llamo como tú?

– Se enfrían los calamares – gritó Juanito sentándose a la mesa.

– ¡Segun! – Gritó Vicente sentándose al lado de su hermano – me encantan los calamares, abuela.

– ¿Quién quiere langostinos? – preguntó el abuelo que venía con una bandeja repleta desde la cocina.

– Abu, ¿me los pelas? – le pidió con voz suplicante Rodrigo.

– Rodrigo, ya sabes pelarlos. Deja al abuelo en paz – le reprendió su madre.

– Elvira, hija, si me gusta hacerlo. Tiene el resto del año para pelarse los langostinos. Además, si los pela el abuelo saben mejor ¿a que si Rodrigo?

Éste movió la cabeza de arriba a abajo muy rápido.

Las bandejas se iban pasando de unos a otros. Las risas de los niños y las bromas de los adultos se imponían a la música que salía del equipo de música. Hasta Elvira y Mar, su hija mayor, parecieron perder la seriedad que eran propias de ellas.

Candela aprovechó que todos parecían ocupados y de buen humor, y se escabulló hacia su antiguo cuarto. Abrió un cajón del escritorio, y sacó su antiguo diario. Entre las páginas había una foto antigua: dos niñas disfrazadas de piratas hacía burla a la cámara.

Candela sonrió, y se la puso sobre su pecho, a la altura del corazón.

– ¡Feliz Navidad Rocío!

_____

Me vais a permitir que dedique este relato a Borja Rivero. ¿Motivo? Hay tantos…

Pero os quiero recordar otra vez que hay una programación de Navidad que creo que ha quedado bastante bien.  Pero queda pendiente el gran Cuento de navidad, para mañana (espero que me de tiempo a acabarlo). Espero que os guste.

Os hago un pequeño esquema de lo que llevamos hasta ahora:

Canciones especiales por Navidad.

Historias de Navidad:

Historias de Navidad: Prólogo.

Historia de Navidad (1): por Saiz.

Historia de Navidad (2).

Historia de Navidad (3): anónimo.

Historia de navidad (4).

Historias de Navidad (5): “Valor” por Borja Rivero.

Historias de Navidad (6).

Historias de Navidad (7): “Solsticio de invierno” por Peace for ever.

Historias de Navidad (8).

Historias de Navidad (9): “El albatros IV”, por Borja Rivero.

Historias de Navidad (10): en vídeo “Campofrío”.

Historias de Navidad (11): “La Navidad Perdida” por anónimo.

Historias de Navidad (12).

Historias de Navidad (13): por anónimo.

Historias de Navidad (14).

Historias de Navidad (15): “La Nochemala” por Saiz.

Historias de Navidad (16).

Historias de Navidad (17).

Historias de Navidad (18).

Historias de Navidad (19).

Historias de Navidad (20): “Cena de Navidad” por Borja Rivero.

Historias de Navidad (21).

Historias de Navidad (22).

Historias de Navidad (23).

Historias de Navidad (24): “Es víspera de Nochebuena” por Didac (incluye vídeo y música en exclusiva del mismo Didac (violín) acompañado al piano por Evelyn Montmoreau.

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6 pensamientos en “Epílogo: Navidad.

    • pero bueno, sonia… mira que eres… el divorcio es un final muy feliz cuando las cosas no funcionan… hummmmmmm

      besos.
      muchos.
      envueltos.

  1. Feliz y próspero Nuevo Año 2012! Y aunque vos no lo creas, largué el blog… La gente de Blogger estaba muy sensibilizada conmigo y q decirte de sus bobos robots y de sus más tontos y reprimidos lectores…!

    Que seguramente te deben estar leyendo, pero entran como ‘Anónimos’ no sea cosa que alguien se de cuenta que ellos también soy gays pero reprimidos y represivos al máximo…!
    Y no los culpo, eh…? Así fueron educados y eso es lo que sienten.
    Lástima que creen en ‘otra’ vida y no saben q no hay más q esta
    .
    Bueno, lo q sea, con blog o sin él yo seguiré pasando por acá y alabándote cuando pones fotos de ‘chicos’ lindos y ‘criticandote’ cuando pones a esos viejos que vaya a saber dios a quien les gusta…! Pero no te enojes, eh…? Sabés que siempre, te lo hago con mucha ‘onda’, porque sos un buen AMIGO.

    Muchos besitos, Tato, como a vos te gustan, envueltos, vaya uno a saber en qué…! jaaaaaaa… chauuuuu…!!!

    • Bueno lucky, yo todavía no me acabo de creer que dentro de un par de semanas no vuelvas a la carga… jijijiji.

      y espero que me sigas visitando, claro. Si no, me quedaría casi solo… jijijijiji.

      Suerte, que te vaya bonito.

      besos.
      muchos.
      envueltos.

    • Muchas gracias PFE. Después de los esfuerzos que me ha costado esta serie, no sabes lo que reconforta que le guste a alguien.
      ains.

      besos.
      muchos.
      envueltos.

Sería interesante que nos dijeras algo. ¡Comenta!

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