Un poco de gracias. A vosotros, que me habéis dado tanto.

Me cuesta encontrar las letras en el teclado. Escribo palabras inexistentes, frases inconexas. Tengo el corazón seco. Lo estrujé tanto con esos relatos de navidad, con el cuento… que estoy para que me lleven en silla de ruedas. Y mis dedos, después del desaforado ejercicio hecho sobre los teclados en las últimas semanas, están con agujetas; torpes y entumecidos. Y mi pobre neurona, esa que me quedó en la debacle de mi nacimiento, da órdenes contradictorias, tardías.
Pero no ha estado mal. ¿No? Confesad que os ha gustado.



Estoy esperando que confeséis…


Bueno, venga, os lo dejo para los comentarios. ¡Ah! ¿qué tú no has leído todo? Pues no sé a qué esperas…
En realidad este post es  para agradecer a los participantes sus desvelos. Es justo. Iba a hacerme el despistado y tal, pero al final, un amigo me ha reconvenido: “Jaime, da las gracias, póstrate en hinojos y besa los pies de tus colaboradores.”
Y en estas estoy, a vuestros pies.

Empezamos con Sáiz. Qué majo es. Y él tiene la culpa de todo, ya sabéis. A él se le ocurrió el tema, y se puso el mono para escribir dos relatos. Algunos dicen (sonia sobre todo) que el chico de la cabecera se le da un aire. De vez en cuando me echa la bronca porque dice que le debo alguna historia, pero… como él también me la debe; así pues estamos empates.
Borja Rivero es el siguiente. No le perdono que se fuera a París, pero bueno. Y aunque no es muy navideño, y tiene fama de no darle al corazón lo suficiente, nos ha escrito tres relatos llenos de romanticismo, de espíritu navideño. De sentimiento. ¡Tres relatos! ¡¡Tres!! Y unas cuantas canciones. Lo estrujaría si no se hubiera ido. Sisisisi.
Los anónimos. Juraban que no habían escrito desde primaria.  Pero yo no se lo noté. Decían que no se atrevían, pero al final, se lanzaron. A ellos, debería agradecerles el doble su complicidad, porque con Sáiz y con Borja puedo hacerles chantajes emocionales, ponerles caritas de pena, llorarles por teléfono, darle a mi dramatismo natural a la hora de hacerme la víctima. Pero con los anónimos no tengo esos recursos. ¡Qué majos!
Virginia y pucho enviaron sus canciones. Como los anónimos, protestando porque a lo mejor eran tal y cual… pero a mí me gustaron. Grandes pucho y Virginia.
Peace for ever. Es su turno. Es el más fiel. Me debe unas cuantas comidas cuando vaya a Barcelona, que las tengo apuntadas. Y aunque anda liado, y con muchas cosas que atender, y un novio que requiere de cariño, y el cual me pasa por los morros en cuanto tiene ocasión, sacó un momento para escribir su relato. Y eso que el no es de navidad, sino de solsticio.
Didac cerró la tanda. Y lo hizo con doble aportación; doble no, triple: un relato, una música interpretada por él  y su amiga Evelyn, y luego tuvo el humor de hacer un vídeo con la música y el relato. ¿Y qué le digo yo a Didac? Tampoco con él puedo usar el chantaje emocional, ni llamarle por teléfono y decirle con voz llorosa: “Jo, Didac, escríbeme un relato, y ponte ahí a darle al violín” … pero también quiso ser mi cómplice, nuestro cómplice.
Estoy en deuda con vosotros. No sé como pagaros.
Aunque ahora que lo pienso, podríamos hacer algo por aumentar la deuda, y hacer parecido dentro de unos meses. Sip. Así os debo más… jijijiji. Venga, a ver qué se os ocurre.  Podía ser escribir sobre un tema, o algo así. Y cada uno le da su visión, su historia. Además a lo mejor se lanza alguna o alguno más. Sí, sí, me refiero a ti…
Y claro, estáis los que leéis, generalmente en silencio. Pero sin vosotros, esto no tiene, tendría  sentido.
Chicas, chicos, muchas gracias.
Os dejo con Mercedes Sosa. Seguro que a uno de los que lee en silencio, le gusta mucho.