Pensando en 128 caracteres.

Las ideas surgen de la manera más inopinada. Incluso en ocasiones, no tienen nada que ver con lo que hacías en ese momento o sobre lo que estabas pensando.
En ocasiones no pensabas en nada.
Pensar en nada no es imposible, lo que es imposible es no pensar.
Es posible estar en un estado de neutralidad en el pensamiento. En realidad estás pensando en no pensar en nada, o a dónde dirigir tus pensamientos. Y a veces, en ese momento, surge la chispa, el fogonazo, todo depende de la magnitud del hecho, y ¡zas! ¡¡Una idea!!
Debería dejar esto ya, ha quedado muy bien. Son casi 3 twits de esos que ahora se llevan tanto. O un estado de Face. Hasta para eso es muy largo.
¿Cuantos caracteres son en twiter? ¿Y en Facebook?
Estamos en la era de la comunicación, de las redes sociales. ¿y que hacemos en ellas? Damos a un botón para decir “me gusta”. Mi primer día en Facebook intenté escribir un pensamiento un poco desarrollado, y me quedé a medias: tenía límite de caracteres. Tus amigos te piden opinión… y casi debes decir un no o un sí. ¿Y los grises?
No volví a intentar expresar algo en el Facebook.
En twiter no lo he intentado.
Eso sí, parece que lo que prima es que hay que tener cuantos más amigos mejor. Te enteras de todo, claro. Lo único es que la mayor parte de las veces, ante la rotundidad de las afirmaciones y la falta de concreción, te entra una necesidad perentoria de llamarle por teléfono, y que te cuente, porque no te has enterado de nada. Pero da igual, le damos al botón de “me gusta”, y él te ve, y sus amigos ten ven y todos felices.

Eso sí, muchas veces son frases ingeniosas, estupendas, con un sonido perfecto.
En los blogs algunos seguimos escribiendo. Historias, y cosas que nos pasan, o hablamos de algo que nos interesa. Pero… sobrepasamos el espacio de un sms. Son historias  con matices, de las que se puede hablar, porque un escritor escribe, pero sus lectores pueden o no leer lo mismo que el autor ha querido mostrar.

En los blogs, se corre el riesgo de, debido a la necesidad de visitar todos los blogs de las personas que vienen al tuyo y te aplauden (hay que mantener a los comentaristas que te dan empaque), vas y lees la primera frase, la segunda, y la última. A veces una perdida en medio. Una frase más o menos, y al siguiente.
Lo mismo pasa con un libro.
Hace ya un tiempo, quizás influido por los blogs me di cuenta de que estaba devorando un libro, para acabarlo cuanto antes, y empezar otro, y luego otro… ¡es que tengo muchos pendientes! Pero esto es un disfrute ¿no? “Lo hago porque me gusta”. “Claro”…, me respondí al instante, “nadie me paga por hacer una reseña de los libros, ni por nada de eso”. Entonces ¿por qué leer en diagonal el libro? si no lo vas a disfrutar, mejor lo dejas…
Uno tiene 1. 298 amigos. ¿A cuantos conoce de verdad? Vale, es cierto, no se conoce ni a él mismo.
Parece que cuantos más amigos tenemos, menos los conocemos. Un día vamos a quedar a charlar con alguien, y haremos frases de 128 caracteres, y punto: nos quedaremos en stand by esperando la respuesta de 128 caracteres. ¿os imagináis como sería una declaración de amor? Casi quedaría mejor estilo telegrama:
Te amo
Stop.
Yo también.
Stop.
¿Nos casamos?
Stop
Vale
Stop.
¿En tu juzgado o en mi Ayuntamiento?
Stop.
Donde quieras, mi amor
Stop.
No, elige tú.
Stop.

¿Sabrán estos chicos mirarse a los ojos? Claro, en foto sí…
Esta mañana, al salir de trabajar, me crucé con dos chicos que me llamaron la atención. No, no eran guapos, pero tenían un algo. Entre ese algo que tenía uno de ellos, era una música que salía de su oreja. Y parecía que a la vez hablaba con su amigo.
A mí no se me ocurriría llevar los cascos puestos mientras hablo con un amigo.
Aunque a lo mejor la conversación era así:
– ¿Qué escuchas?
– Sidonie.
– Me gusta.
– A ti y a 2387 amigos más.
Y con todos esos amigos, y resulta que estamos más solos que nunca.
¿Charlamos? Pero las frases deben ser de al menos 674 caracteres. Y no se permite decir me gusta. Me cuentas el por qué, y yo te cuento. Tu dices, yo escucho, tu me miras, y yo te miro. Y también escucharé tus silencios, si tú escuchas los míos. Pero no me hables en titulares. No me hables en blanco y negro, utiliza los grises, el amarillo, el naranja, el azul, el rojo, el verde azulado, o el bermellón. Qué bonita palabra, bermellón.
Y tú, sí tú, declárame tu amor, por favor. Pero no me digas “me gustas”; dime:

“que nadarías en las tranquilas aguas de mis ojos, para sumergirte en la inmensidad de mi espíritu, porque sabes que serás feliz conmigo, porque echarás de menos mis manos sobre las tuyas cuando nos tengamos que separar, porque vibrarás recordando el roce de nuestros cuerpos, esta noche, bajo el edredón de las estrellas y con la suave música del aire revoloteando entre las hojas del árbol de la vida. Dime que me quieres, amor mío, dime que buscaremos la forma de poder vivir nuestro amor, pese a las trabas que nos pone la vida, pese a mis muchos defectos y tus muchas virtudes. Llámame y hablamos.”

Esta declaración son al menos 6 twits. Y dos estados de Facebook. ¿se puede rozar la piel, o besar a ese amor? ¿En 140 caracteres?
¿Y qué decía en el oído de ese chico Sidonie?
Escuchemos a Sidonie.