Una prenda: “Los reflejos”.

Toc… toc…

Algunos aún recuerdan el sonido del agua; del agua que corría por los torrentes y del agua remansada en pequeños estanques llenos de vegetación. Recuerdan el verde de las hojas, el rojo de las amapolas, el blanco y el amarillo de las margaritas, la luz del sol abriéndose paso entre la espesura de un bosque… sus sonidos…

Toc…

Toc…

… un joven pensativo tiraba piedras en el agua. Miraba fascinado las ondas que producían en la misma y como rompían el reflejo colorido de los árboles, de las flores… como tomaban movimiento a la vez que se distorsionaban. Y mientras, pensaba en la vida, en el amor, o en todo lo contrario… Y si el joven hubiera prestado atención, podría incluso haber escuchado el sonido de las suaves ondulaciones del agua camino de la orilla…

Recuerdos que ya pocos pueden tener.

Toc, toc…

Algunos aún recuerdan el sonido de la música llenando el vacío de los espíritus. Aún recuerdan a un director de orquesta estudiando la partitura en clave de sol, sol como el que refleja el agua en el estanque, o como reflejan las verdes hojas de la vegetación sin nombre, porque pocos recuerdan ya el nombre de las plantas… los libros quizás…

La orquesta se calla y observa al director, que con su batuta golpeando suavemente al atril, llama su atención. Miles de cristalitos lanzan sus destellos sobre ellos… destellos azules, rojos, blancos… dependiendo de los ojos y de los objetos y de la luz.

– ¡Sentid! – dice el director – Sentid la luz, sentid la vida, el agua, las plantas… sentid las lágrimas. La música os guiará.

Cierra los ojos, y levanta la batuta.

El viento ronronea entre las hojas. El agua se encabrita, los cielos se cubren… la vida corre, las plantas sienten…un golpe de música retumba en el auditorio vacío… el director bajó la batuta con un movimiento contundente, seguro… la música le respondió… dos por cuatro… el piano, violines, tubas, flautas, clarinetes… y los corazones… todos eran uno… pocos pueden recordar…

Un día, nadie sabe cómo, la vida cambió. Los estanques desaparecieron, los árboles murieron, la música fue abolida. El hombre hizo de hombre y destruyó todo lo que le mantenía en el mundo de los humanos. Los hombres y las máquinas se confundieron. Todos tenían esa mirada perdida, sin alma, esa mirada que no busca ni encuentra emociones, porque dejaron de sentirlas. Algunos las recuerdan, pero casi como pesadillas. Porque pesadillas son los recuerdos de la felicidad que se es consciente que nunca puede repetirse.

El director para de repente. Los músicos sorprendidos retienen a sus instrumentos que se habían lanzado desbocados en pos de la vida… sintiendo… Las miradas se cruzaban perdidas, solo iluminadas por el reflejo de una lámpara sempiterna llena de miles de cristales… destellos azules, rojos, verdes… dependiendo de los ojos… y un vacío que apenas podía llenar el silencio… duro, opresivo… depresivo…

Toc… toc…

Una piedra en el agua… agua hasta entonces límpida y tranquila llena solo de reflejos, de luz, de vida, de sol… llena de los sonidos de las ranas, llena del sonido del batir de las alas de las mariposas… del sonido de los abejorros posándose sobre los peristilos de las flores… del canturreo de los gorriones y del pájaro carpintero repiqueteando en los troncos de los árboles…

Toc… toc…

La puerta se entreabre.

– Sr. Director, es la hora. La orquesta espera.

Abre los ojos, y mira desenfocado hacia la abertura de la puerta.

– El ensayo – insisten desde la abertura

Silencio.

– ¿Está Vd. bien, Sr. Director?

El Director asiente despacio, mientras paladea el sabor amargo de la pesadilla.

– ¡Matilde! – la puerta se abre ahora con mayor decisión, negando rápidamente el gesto de cerrarla.

– ¿Sí? Sr. Director.

– ¿Algún día desaparecerá la música?

Matilde mira impertérrita al Director mientras piensa una respuesta. Ya lo conoce desde hace tiempo, y nada puede sorprenderla.

– Acabo de ver el reflejo de la lámpara sobre la tapa del piano, Sr. Director

Éste enarcó las cejas, sorprendido por la respuesta, pero calló. Ella tras una pausa siguió.

– Esta mañana fui al parque, el agua reflejaba los árboles, los animalillos… vi un pato y su reflejo navegando por el agua…

El director de levantó del diván en el que estaba recostado. Seguía sin entender.

– La música es el reflejo de los humanos… mientras sigamos siendo mujeres y hombres, existirá la música. Es nuestro reflejo en la vida. Es una de las pocas formas que nos quedan ya de ver nuestros sentimientos.

Toc, toc…

El director levanta la batuta, los chelos, el arpa, el fagot, el trombón y las trompetas lo miran. El piano le guiña un ojo con su tapa entreabierta…

– ¡Sentid! – les dice brevemente – la vida os guiará.

Levanta la batuta. Clave de sol, dos por cuatro.

Un golpe rotundo… y el auditorio se llena de lágrimas, de risas, de torrenteras, de pájaros locos, de luz y de vida. Se llena del reflejo de la humanidad, perlada de los sutiles matices de la luz y de los cristales sobre ellos.

Y se sintieron vivos, una vez más. Y pudieron verse reflejados a través de ella. Un reflejo que les mejoraba…

Toc… toc… toc… toc…

Cierra los ojos. La luz… el agua, la flor, una mariposa, una hoja verde erguida y rutilante… disfruta.

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10 pensamientos en “Una prenda: “Los reflejos”.

  1. La joven directora de la coral en que canto muchas veces intenta hacernos sentir las emociones que le produce la partitura que debemos cantar, compartirla con nosotros… Entiendo tanto al director de tu narración…

    Un abrazo.

    • PFe, es que creo que la música no es solo técnica. La música hay que dotarla de alma. Como todo, vamos, y más si hablamos de arte.
      No sabía que cantabas en una coral… Que interesante.

      besos.
      muchos.
      envueltos.

  2. Durante mi adolescencia, la música llamada clásica supuso la apertura al mundo como una totalidad, donde lo interior y lo exterior unían todas sus contradicciones…
    Fue tal la riqueza experimentada, que cuando después la vida me iba proporcionando vivencias, podía reconocer sus matices como algo ya saboreado en aquella profunda escuela.
    No hay riesgo de que la música desaparezca… hasta la peor pesadilla es parte de la partitura.

    Un abrazo.

    • Orfeo, que bella reflexión…
      Muchos no llegan a la música clásica hasta mucho después de la adolescencia. Incluso algunos no llegan nunca. Tienes suerte.

      besos.
      muchos.
      envueltos.

  3. Estoy completamente de acuerdo contigo, la música es una forma de sentir y de ver reflejados nuestros propios sentimientos. Hay mucha gente que sólo ve la música como un entretenimiento sin más, lo mismo pasa con la literatura o el cine, pero yo siempre he tenido la sensación de que, si al salir de un cine, de una canción, o de un libro, algo no se me ha movido por dentro, aunque sea un poquito, por muy entretenido que estuviera, no merecía mucho la pena. Ahora bien…aunque la música nos puede hacer sentir hasta el punto de cambiar por completo nuestro estado de ánimo, nunca deja de ser eso, una ilusión de sentimientos o un reflejo de algo que ya teníamos, porque sentir la realidad sólo te lo puede dar la propia vida. De manera que nada visto o escuchado, ni siquiera a través de las experiencias vividas por seres cercanos, es igual que lo que la realidad deposita sobre la piel de cada uno. Esto se hace particularmente evidente en los momentos vitales más rotundos, nada es igual a la experiencia real de entregarse en cuerpo y alma al ser amado, ni a vivir la pérdida de un ser querido. De hecho, sólo cuando antes lo has vivido realmente es cuando de alguna otra manera puedes reconocerlo y revivirlo.
    Gracias por el relato, me ha gustado mucho
    Un abrazo

    • Pucho, yo creo que cualquier manifestación artística debe movernos algo por dentro. Es lo que tiene el arte representar los sentimientos, la belleza, hacer que el espectador se solace en su disfrute.
      Yo no creo que necesariamente debamos vivir una sensación, una experiencia para poder sentir lo que eso supone. Si fuera así, los actores no serían capaces de meterse en un papel de drogadictos, sin serlo, o de asesinos, sin serlo. Un músico no podría describir una guerra, ni el amor, ni el desprecio o el odio, si no lo siente. Y lo mismo pasa con los que disfrutan de esas manifestaciones artísticas y lloran con un aria de “Rigoletto”, o de Don Giovanni, o de “La dama de picas”.
      Yo no he vivido nada sobre lo que escribo. Si consigo transmitir algo de lo que sienten mis personajes, es porque me lo he imaginado.. o porque incluso he sido capaz de sentir lo que siente él… y eso a veces es jodido…
      Quizás cada vez olvidamos más nuestra capacidad de sentir como otros. Muchas veces no lo hacemos ni con los amigos. Pero eso es creo más debido al camino que estamos cogiendo todos como sociedad.
      ¿La música puede cambiar a las personas? Yo creo que sí, que si consigue cambiar tu estado de ánimo, cambia la forma de actuar a partir de ese momento. ¿Cambiar el mundo? A veces pequeñas cosas en apariencia, han dado un giro importante a las cosas. Si cambia a las personas… puede hacerlo con las personas que tienen algo que decir en el devenir de las cosas.
      Pero como todas las generalizaciones, encontraremos que sí y que no, e incluso encontraremos medio-pensionistas.
      Disfrutemos de la música, del cine, de los libros… de la pintura, de los arboles, de los lagos, de las mariposas y… de las personas.

      besos.
      muchos.
      envueltos.

      • Bueno, yo creo que sin estar deacuerdo, lo estamos al mismo tiempo. Hablas de actores que interpretan vidas ajenas, yo hablaba más desde el punto de vista del espectador, pero, aun así, si conocer no fuese tan importante, por qué sería tan frecuente que esos actores antes de la interpretación estuviesen primero un tiempo conociendo a sus personajes reales o conviviendo en los ambientes que después recrean.
        Por supuesto que el arte es sentir, y sentimos cosas que no conocemos. Todos ( o casi todos ) lloramos de niños viendo la famosa escena de la mamá de Bambi, pero no supimos lo que de verdad era la muerte hasta que alguien que teníamos al lado se fue. Esto es así.
        Que te pongas de ejemplo…bueno, esto es hacer trampa para que no te pueda llevar la contraria 😛 . No dudo que tus relatos y tus personajes sean completamente imaginarios, pero estoy seguro de que cuando hablas de amor, sabes de lo que hablas porque lo has sentido antes, aunque después tus historias reales no hayan tenido que ver con lo que cuentas.
        En cuanto a la capacidad de sentir como sienten los otros, creo que seguramente hay una buena parte que tiene que ver con actitudes y decisiones personales, pero también existe otra parte que tiene que ver con la propia naturaleza de cada uno, no todo el mundo tiene tanta facilidad para ponerse en el lugar del otro, y sentir lo que los otros sienten, es más, muchas veces quieres y no puedes.

        Un abrazo

        • Pucho, Pucho… desenfundemos nuestros floretes y batámonos en duelo.
          ¡¡en guardia!!
          hablo de actores, cierto. Hablo de actores que representan un papel que no han sido ellos. Pueden documentarse, pero no vivirlo. Puede recabar como otros lo sienten, pero… no vivirlo. y sin capaces de mostrarlo. Eso si sin buenos, claro. 😛
          Pero también hablo de público que se emociona con un aria de ópera. Y sí, lloras por la madre de Bambi, y no has pasado por perder a tu padre… pero lo sientes… luego, muchas veces, cuando esas cosas ocurren si tienes la desgracia de que sea así, no vas a sentir lo mismo que aquella primera vez que lo viste representado en la pantalla. Posiblemente porque cada vez que tenemos una experiencia, la sentimos de otra forma. Eso nos pasa por ejemplo, cuando nos imaginamos acabando la carrera, o encontrando trabajo, o haciendo el amor por primera vez, o enamorándonos… nos podemos enamorar 8 veces y casa una nos moverá sentimientos diferentes. Lo malo es que busquemos siempre sentir lo mismo en cada repetición de una experiencia, porque eso quizás, nos lleve a no disfrutarlo, nos lleve a la frustración.
          No todos saben sentir ni empatizar, eso es cierto. Pero creo que mucho de ese problema, es la falta de interés. Yo conozco a mucha gente que es capaz de entender siquiera mínimamente a quien no piensa como él… a quién no se enamora de la misma forma que él, a quién no vota al mismo partido que él… Unos es por falta de práctica, por falta de capacidad, y otros por un desinterés manifiesto.
          Y no, no te creas que hay algo en lo que escribo de realidad. Querer… es cierto, quiero mucho y creo que de verdad. Y soy de achuchar, y de besar… pero sabes, tengo la buena puntería de que ni amigos ni demás, sean del mismo parecer. Son todos unos sosos, que me causan severas frustraciones por tener que guardarme mis besos y mis abrazos.
          En fin.
          Y lo siento, pero me has picado…: “¡¡Nadie me quiere!!”.
          😉

          besos.
          muchos.
          envueltos.

  4. Me encanta como lo desarrollas en instantes y ritmos, y que capacidad de envolvernos con música y sensaciones ¡Precioso!. Ayer un músico que queremos mucho me decía que la música es el torrente que te inunda pero no te ahoga, cuanta razón.

    Por cierto, yo voto al director de orquesta, pero ya sabes que no soy imparcial, un besazo enorme.

    • Blanca, muchas gracias, no sabes cuanto me alegra que te haya gustado este escrito. Ese músico que dice esas cosas, parece majo y con la cabeza bien puesta, y sintiendo su pasión…
      Siento Blanca no haber podido contabilizar tu voto, no porque no seas imparcial, sino porque no cumple los requisitos de disponibilidad para el cargo y tal, ¿sabes? Además le consulté para incluirle en la votación, y declinó el ofrecimiento y tal. A lo mejor yo también le hubiera votado… pero… no ha podido ser.
      Una lástima.
      😛
      besos.
      muchos.
      envueltos.

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