Semana del libro: “La presa” de Kenzaburo Oé, por Pucho.

 LA PRESA (KENZABURO OÉ).

“La presa “, es la primera novela de Kenzaburo Oé. En ella y  a lo largo de poco más de 100 páginas, el autor recrea  un recuerdo de su propia infancia ocurrido durante los años de la guerra del Pacífico.
A pesar de su corta extensión, “La presa” habla de muchas cosas y de ninguna lo hace superficialmente. Con un estilo directo y desapasionado, parece escrita desde el alma de un niño perdido en su propia inocencia. Miramos a través de sus ojos y cuando alzamos la vista vemos un avión enemigo cruzando el cielo de su aldea, una imagen que a sus ojos a penas significa más que  un “pájaro de una especie rara”. Pero el avión se estrella en las montañas y uno de sus ocupantes, un piloto de raza negra es capturado por los habitantes de la aldea convirtiéndose en “la presa”.

El prisionero altera la vida de los niños dotándola de un significado nuevo. Ese ser de piel oscura y proporciones gigantescas, con el que es imposible comunicarse, hace brotar en ellos una marea de sentimientos, en los que  el terror al enemigo desconocido deja paso a la fascinación por lo diferente.

Los niños agrupados en la plaza nos vitorearon y rodearon mientras nosotros corríamos por el camino abrasado por el sol. 
Una vez desnudos como una bandada de pajarillos, despojamos al soldado negro de sus ropas y saltamos todos juntos al estanque, salpicándonos unos a otros y lanzando gritos. El soldado negro era tan alto que, aunque se metiera en el punto más profundo del estanque, el agua sólo le llegaba a la cintura. Cada vez que jugábamos a salpicarle, lanzaba un grito de pollo degollado, hundía la Cabeza bajo el agua y permanecía así hasta que por fin aparecía escupiendo agua con un aullido triunfal. Chorreando y reflejando los rayos violentos del sol, el soldado negro, en su desnudez, era tan deslumbrante como el pelaje de un caballo negro; era de una belleza inigualable. Con un alboroto infernal, nos peleábamos salpicándonos en medio de un gran griterío (…). Nos reímos hasta el punto de que ya no nos sosteníamos sobre nuestras piernas, y acabamos por caer al suelo, agotados. Tan agotados que en nuestros maleables cerebros se insinuó la melancolía.

Finalmente “La presa ” es una de esas historias que habla sobre la guerra, pero no es una guerra de ejércitos y batallas, sino que aparece bajo el rostro del miedo y la crueldad humanas.

No contesté nada y sentí que me faltaba la respiración. Era muy probable que la guerra, aquella interminable y sangrienta batalla de gigantescas dimensiones, aquella especie de maremoto que, en unos países lejanos,  se llevaba los rebaños de corderos y arrasaba la hierba recién segada, siguiera prolongándose. Pero ¿ quien hubiera imaginado jamás que aquella guerra tuviera que llegar hasta nuestra aldea? Sin embargo, lo había hecho (…). Así, de golpe, nuestra aldea se veía envuelta en la guerra; y yo, en medio de aquel tumulto, ya no podía respirar.

Hace muchos años que leí mi primer libro  Kenzaburo Oé, a partir de ese momento  su  obra me cautivó por completo.
Este hombre de semblante amable y escritura serena, profundamente sensible, consigue que sus historias fluyan con  naturalidad, como si fueran la propia vida. Pero Oé es ante todo un creador de personajes. Tanto en sus obras autobiográficas como en las de ficción pura, el verdadero argumento de sus libros no está tanto en lo que sucede, como  en lo que discurre por las almas de sus personajes.  Nada en la complejidad de la sensibilidad humana parece resultarle ajeno, su forma de narrarlo es sencillamente genial. Si leer es sentir, Oé es literatura pura, cada uno de sus libros es un tesoro.
Anuncios

7 pensamientos en “Semana del libro: “La presa” de Kenzaburo Oé, por Pucho.

  1. Suena muy interesante lo que cuentas sobre este libro, también sobre su autor. No lo conocía y te agradezco que me lo descubras. Me encantará leerlo, seguro. Además me gusta la forma en que lo haces, pues creo que te expresas y trasmites muy bien las ideas cuando escribes y eso no es fácil. En realidad no debería ni decirtelo, porque es decir algo que es evidente, ¡no hay más que leerte! Gracias.

  2. Me voy a quedar con esa afirmación última: “Si leer es sentir, Oé es literatura pura, cada uno de sus libros es un tesoro”.
    Aunque no sé si ahora necesito sentir, o todo lo contrario.
    Gracias nuevamente por ser mi cómplice.

    besos.
    muchos.
    envueltos.

    • Bueno, no se si ésto que te voy a decir te va a dar más ganas, o te las va a quitar del todo, pero cuando digo sentir no es en en sentido emotivo, de enternecerse, reir o llorar. Me refiero a que es un escritor puramente humanista al que le gusta indagar en la condición humana, viajar por el alma del otro descubriendo sus luces y sus sombras, y a veces es un viaje incómodo porque igual te sientes un poco reflejado y ese reflejo no es del todo agradable.
      Pero lo que le hace verdaderamente especial es que ese humanismo, por otro lado tan puramente europeo, se expresa bajo la mirada y la sensibilidad de un oriental, eso significa que no existen dramatismos, ni apasionamientos. Es una voz tranquila y serena que sin embargo te acaba arrastrando a un mundo de sentimientos tan profundos, que llegan a rozar la violencia emocional.
      Esto es lo que te encuentras en la literatura de Oé y me consta, porque he prestado libros de este autor varias veces ( incluido éste de “la presa”) y en más de una ocasión me los han devuelto con bastante poco entusiasmo, que no siempre es lo que gusta o lo que apetece encontrar cuando lees.

      Mil abrazos

      • Pues tines razón Pucho, no sé si me has animado a desanimado.
        😛
        me lo pensaré hoy mientras trabajo.

        besos.
        muchos.
        envueltos

  3. Lo que más me ha impactado es esa admiración que tienes por el escritor, realmente me han entrado ganas de leerlo. Además el impacto de un gigantón negro en un pueblecillo japonés visto por los ojos de un niño me parece muy interesante…

    Muchas gracias

    Un abrazo.

  4. Bueno, Peace, verás, todavía hoy, en pleno siglo XXI, desde nuestra mirada urbana, plural, globalizada…hay mucha gente que ante alguien de otra raza, de otra cultura y otras costumbres, es incapaz de quitase la mirada del diferente y ver ante todo una persona, esencialmente igual a cualquier otra. A veces es una mirada en positivo, nos atrae el exotismo de lo desconocido, otras veces es causa de rechazo, esto lo conocemos bajo el lamentable nombre de racismo y xenofóbia. Pues ahora imagínate si trasladamos esta realidad humana al Japón profundo de los años 40, estamos en un rincón remoto habitado por unos aldeanos que en la vida han visto a un extranjero, con un afroamericáno caido del cielo, que viene a ser la posibilidad más antagónica posible en cuanto a rasgos físicos y culturales, y encima están en guerra. Todo esto lo plantea Oé para entrar hasta el fondo en esa mirada del diferente, y desde ahí nos sumerge en las dos caras de esta realidad , por un lado esa fascinación por lo exótico y por lo diferente, aparece bajo la mirada de unos niños que ven en ese ser algo tan atrayente, que les resulta casi sobrehumano. Por otro lado está la mirada de los adultos, es la otra mirada, envenenada además por ese concepto de enemigo y de guerra
    Muchas gracias por el comentario.

    Un abrazo

Sería interesante que nos dijeras algo. ¡Comenta!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s