Semana del libro: “Yo confieso” de Jaume Cabré, por Peace for ever.

Yo confieso, un libro de Jaume Cabré.

 Cabré no es un escritor prolífico, su anterior novela Las voces de Pamano se publicó en el 2004 aunque la versión en castellano no apareció hasta el 2007. En esta ocasión, a finales del 2011, no ha fue así, ya que salieron ambas versiones a la vez.

 Aunque a mí me entusiasmó sé que es un libro difícil que muchos lectores han abandonado habiendo leído una pequeña parte de sus casi mil páginas. Puede que eso se justifique porque el libro tenga la forma aparente de una carta de amor escrita por Adriá Ardévol, un profesor de filosofía de la Universidad de Barcelona al que le ha sido diagnosticada la enfermedad de Alzheimer, a su amada Sara, y que en realidad sea bastante más complejo.

 Ambientada en la Barcelona posterior a la Guerra civil nos va llevando a distintos lugares de Europa y a distintas épocas siguiendo el recorrido del violín cuyo trayecto, entre un punto y otro, es tortuoso y accidentado. Adrià, nacido en Barcelona en 1946, es un individuo singular, un superdotado en todo lo relacionado con los estudios y la adopción de nuevos conocimientos: habla diez idiomas, toca el violín, escribe libros eruditos y ha heredado de su padre un afán, más que de coleccionista, de recolector. Desde las primeras páginas de su confesión sabremos, además, que es también un hombre solitario, poco querido desde la infancia y cargado con un fuerte sentido de la responsabilidad que en algún momento le hace exclamar: “Creo que soy culpable de la deriva poco estimulante de la humanidad”. Un hombre al que su madre, de pequeño, le dice que “no hemos venido al mundo a ser felices”, que en una de las primeras frases de la novela asume como si fuera culpa suya el error de haber nacido en una familia como la que tocó en liza y que, por si fuera poco, arrastra un considerable complejo de culpabilidad por la muerte de su padre.

 Junto a la figura de Adrià Ardèvol hay otro protagonista: un violín construido en Cremona en 1764 por Lorenzo Storioni. Un instrumento de valor histórico (y económico) incalculable del que es poseedor Adrià y que desde el momento en que alguien selecciona la madera para construirlo, lleva asociada a su existencia como objeto una turbia trayectoria de robos y crímenes.

 La evolución intelectual del protagonista le lleva a escribir y publicar varios textos de reflexión sobre la historia del mundo y de las ideas que lo han ido prefigurando que le otorgan un reconocimiento académico internacional. Hasta el momento en que las circunstancias de su vida le llevan a afrontar la aventura de escribir una Historia del Mal, a la que no se ve capaz de dar una redacción definitiva. Significativamente, Adrià escribe el texto del relato de esa novela a mano en el reverso de las hojas que contienen su frustrada reflexión sobre el Mal.

 Esta recensión del libro está inspirada y en gran parte copiada de un análisis del crítico literario Joan Josep Isern, que también dice que trata de una novela cocinada a fuego lento, marca de la casa, que ha mantenido ocupado a su autor durante ocho años, un libro del que se hablará mucho y durante mucho tiempo. Y yo estoy totalmente de acuerdo con él.