Semana del libro: “La meva Cristina y altres contes” de Mercé Rodoreda, por Blanca.

La meva Cristina i altres contes

(Mi Cristina y otros cuentos)

AUTORA: Mercè Rodoreda

 

No tengo dudas en afirmar, que Mercè Rodoreda es sin duda una de las escritoras que más me han impactado, he tenido la suerte de conocer su obra siempre en lengua catalana, y para mí transporta una sensibilidad y sobre todo una fuerza narrativa fuera de lo común, quizás una fuerza que se adquiere cuando la vida propia es protagonista de idas y venidas, exilios y lejanías, con evocaciones continuas a lo propio. Títulos como La plaza del Diamante o Mirall Trencat (Espejos rotos) nos acercan a entendimientos de melancolía y vidas no muy distintas ni lejanas.

En lo que a la obra se refiere, “Mi Cristina y otros cuentos” es un libro de una gran unidad no solo de estilo también de contenido; dieciséis cuentos que no siguen las normas habituales, más bien deambulan entre lo narrativo, la evocación y en cierta manera la explicación, recorre caminos de melancolía y sentidos quebradizos. Cruda realidad frente a fantasía llena de prodigio, aunque el poder de la realidad en ocasiones devore la fantasía.

Y como hilo conductor y protagonista las más de las veces, El mar, donde muchos de los sueños y aspiraciones de los protagonistas flotan y naufragan.

 “Si li agrada remar, darrera el bosc hi ha el riu i la barca, va dir la muller del meu amic. M’havien invitat a passar el final de sermana a la seva finca y tothom sabia que m’agradava l’aigua. Recordo la mamà, excplicant,amb una mena de precipitació angoixosa, que, de molt petit, quan em banyaven reia; i que quan m’escorrien l’esponja per sobre obría la boca con un peix. La primera sensació viva de la pluja la vaig tenir a la torre on passávem els estius. Una nit va ploure sense parar i jo em vaig llevar a mirar l’aigua. La fosca m’esporuguia, però vaig sortir a la terrassa, em vaig estirar a terra, la pluja em queia a la boca, jo bevia i la por em va passar. Aquella aigua era l’aigua que omplia les fonts, pensava. I cada dia amb una canya burxava la font perquè l’aigua se li acabés de pressa i demanès mès pluja als núvols”

 “Si le gusta remar, detrás el bosque está el río y la barca, dijo la mujer de mi amigo. Me habían invitado a pasar el final de semana en su finca y todo el mundo sabía que me gustaba el agua. Recuerdo a mamá, explicando, con un tipo de precipitación angustiosa, que, de muy pequeño, cuando me bañaban reía; y que cuando me escurrían la esponja sobre mí abría la boca como un pez. La primera sensación viva de la lluvia la tuve en la torre donde pasábamos los veranos. Una noche llovió sin cesar y yo me levanté a mirar el agua. La oscuridad me retenía, pero salí a la terraza, me estiré en tierra, la lluvia me caía en la boca, yo bebía y el miedo me pasó. Aquel agua era el agua que llenaba las fuentes, pensaba. Y cada día con una caña purgaba la fuente porque el agua se le acabara deprisa y pidiera más lluvia a las nubes.

Nos encontramos con dieciséis cuentos, con una estructura libre, y con una narrativa que nos permite, hacer volar la imaginación, lectura agradable y pensamientos libres; un libro te hace más libre.