Semana del libro: “Castillos de cartón” de Almudena Grandes.

Castillos de cartón de Almudena Grandes.

Después intenté sentirme culpable.

Cuando salí a la calle, hacía mucho frío. La gente andaba deprisa, con las solapas de los abrigos levantadas, la nariz enrojecida por el viento, y sin embargo, algunos peatones se paraban a mirarme, porque yo caminaba despacio y me reía sola, sentía una euforia extraña, difícil de explicar, nos habíamos fumado otro canuto entre el primer polvo de Jaime y el segundo, Marcos no había podido pero estaba contento, los tres estábamos contentos, y no era solo el hachís, no podía serlo, había algo más, algo distinto, diferente a todo lo que yo había probado antes. Hasta que llegué a casa. Y me encontré a mis padres viendo la televisión. Mi padre comentó que había habido un terremoto en Centroamérica, mi madre me pidió que la ayudara a poner la mesa, y entonces llegó mi hermano, y nos sentamos a cenar, y cada uno contó cómo le había ido, qué había hecho durante el día, y yo solté la bola que tenía preparada, y mientras les explicaba que había estado aprendiendo a modelar con un amigo de la facultad que era escultor, y asturiano, muy buen chico, muy paciente, la película de las últimas horas que había vivido se instaló en mi cabeza sin pedir permiso, y me pregunté qué cara habría puesto cualquiera de ellos si me hubiera visto desnuda, borracha, drogada, y sobre todo desnuda, entre dos hombres desnudos, en una cama pequeña, y tan contenta. Mis padres eran de izquierdas, un matrimonio progresista, entre sus amigos había parejas homosexuales, heterosexuales que nunca se había casado y ya se habían separado varias veces, y hasta una madre soltera. Lo mío habría sido demasiado. Eso pensé, y el contraste entre la agitación de la cama de Jaime y la placidez de la cena familiar, generó una burbuja que explotó de pronto, sin avisar. Esto ha sido una monstruosidad, pensé entonces, pero qué he hecho, me he vuelto loca o qué, qué horror, qué pasada.

 

Está de moda el tema de la novela. Más que nada por esa película que se ha estrenado en estos días en España, “El sexo de los ángeles”. No, no he ido a verla así que no os puedo decir. Pero sí os puedo comentar un par de cosas de “Castillos de Cartón”. De esta novela también hay película, por cierto,  con Nilo Mur y Biel Durán, en el papel de chicos de la historia (guapos ellos), y Adriana Ugarte (guapa ella), en el papel de la chica de la historia.

Hay una frase en la novela que se repite mucho, y que creo representa muy bien el espíritu de esta historia: “El tres es un número par”. Hablamos de un triángulo. No, no es un triángulo. Es una pareja de tres, una pareja atípica. Pero pareja. No es una chica que está con dos hombres, que se debate entre el amor de uno u otro, y mientras se lo piensa disfruta de los dos. Jose, la protagonista, quiere a los dos, y tiene sexo con los dos a la vez. Es una perfecta pareja. Pero ellos, los chicos, no se tocan entre sí, que conste. Aunque hubiera estado interesante desarrollar también esa faceta. Pero entonces, sería otra historia distinta.

Y todo esto ocurre en los años 80.

¿Es posible una relación así? ¿Es posible una pareja de tres, iguales entre ellos? Hablamos a veces de que la pareja es un convencionalismo cultural-religioso. Que sería posible vivir con un núcleo de tres, o de cuatro. Iguales. Con los mismos derechos, con la misma intensidad de sentimientos entre todos los que conformen ese núcleo. Basado no solo en el sexo, sino en la convivencia, en la complicidad, en el amor.

En esta historia, ella está por un lado, y ellos por el otro. Quiero decir que el objeto de sus desvelos es ella, porque ellos entre sí, repito, no sienten más que mucho cariño, sí, pero de amigos. Ella está en el centro, como objeto de sus desvelos, repartida y repartiendo su cariño.

La historia de Almudena Grandes, nos la cuenta Jose. Al cabo de muchos años de que todo acabara. Marcos se ha suicidado. Así empieza el libro. El único de los tres que había triunfado de verdad en el mundo de la pintura. Los tres estudiaban Bellas Artes. Y a partir de ahí ella vuelve al pasado, rememorando cada momento, su evolución,  como se da cuenta de cuándo se ha equivocado, como disfruta, como sufre… y como al cabo de los años, se da cuenta de que aquella historia la marcó de tal forma que le ha sido imposible volver a tener una historia de amor. Porque en realidad, a lo mejor busca en sus posibles parejas, lo mejor de Jaime y lo mejor de Marcos, todo eso que los convertía en el hombre perfecto para ella. Porque eran dos, pero desde el punto de vista de ella, eran uno. ¿O no?

No es morbosa la novela, para nada. Pero tampoco es pacata, que es Almudena Grandes. Es muy introspectiva. Radiografía minuciosamente la transformación de la chica desde dentro, y de ellos, desde fuera. Como cambian, como evoluciona sus sentimientos y su visión y respeto por las cualidades de cada uno respecto a su pasión, la pintura.

Y el párrafo que he reproducido, plantean otra cuestión y es si cada uno de nosotros resistimos que nuestra intimidad, nuestro sexo, nuestros sueños, sean expuestos en otros ámbitos de los que se han producido. ¿Os imagináis en ese ambiente de cena familiar, que la película que tiene Jose en la cabeza, se exponga en la pared del salón de su casa, con su padre y su hermano mirando atentamente?

Temas para hablar… se me ocurren muchas cosas… y todos parten de “Castillos de Cartón”, novela de Almudena Grandes.

 Resumiendo datos:

Título: Castillos de cartón.

Autora: Almudena Grandes.

Editorial: Tusquets.

Edición de bolsillo colección Maxi Tusquets año 2009.

PD.  Como complemento, os pongo el tráiler de la película.