Angelines fue de compras.

No es un día especialmente dichoso. Los días deberían ser todos dichosos, la vida maravillosa, sudando felicidad por cada poro de la piel.

Hace sol. Calor.

Ayer también hacía sol. Pero con aire frío.

Estoy apoyado en mi coche. Fumo despreocupadamente. Miro la gente pasar. La miro por nada especial, sino porque pasa y estoy ahí, y no he cerrado los ojos.

La señora gorda, con las piernas hinchadas; un evidente problema de circulación. Camina cargada de bolsas, patatas y un poco de fruta. Mirada de asco. Nada que ver con una mujer coqueta que fue en su juventud, orgullosa de unas piernas que levantaban los ánimos de los albañiles en cualquier obra por la que pasara. “¡Qué cosas me decían!”, cuenta a su nieta Libertad, embelesada en los recuerdos de tiempos mejores. Y se ruboriza ella sola recordando…

Se casó con un desalmado. No era malo, solo egoísta. NO era malo, era solo un hombre en un tiempo en que debían ser “hombres”. Pudo hacerlo con cualquiera, pero lo hizo con él. “El amor”, pensó. “El amor” justificaba a su amiga Edelmira. “El amor”, dijo a su madre, que la miraba resignada. “El amor” repitió a su padre que salió de casa dando un sonoro portazo.

No es un buen día para Angelines.

Todo hubiera sido distinto si aquel día no hubiera ido por la calle de Santander. No lo iba a hacer, pero lo hizo. Allí estaba “el amor”.

Miradas, caída de ojos, una sonrisa que se caía al suelo, y el galán se agachaba para recogerla, y entregarla a su dueña.

Repetimos:

Una sonrisa en el suelo, que había caído como descuidada. Y él que se agacha, la recoge y se la entrega a su dueña.

Una mirada.

“El amor”, le dijo al cura que les iba a casar.

“El amor es ciego”, le contestó el cura, resignado a consagrar ante Dios una nueva equivocación en nombre de “El amor”. “Con lo que tú vales”, se dijo persignándose mientras Angelines salía de la sacristía.

¿Y si hubiera ido por la calle Almirante? ¿Y si hubiera acompañado a su madre a la droguería a comprar jabón Lagarto?

Él no volvió a agacharse a recoger nada. La hizo cuatro hijos, y no se agachó nunca ni siquiera para levantar a alguno de ellos cuando se tropezaba.

¿Y si ese día ella hubiera ido al cine con su amiga Juana y su novio? Quizás el que se hubiera agachado a coger sus sonrisas hubiera sido Julián, el amigo de éste. Julián, buen chico… un poco triste, pero apañado. Sabía hasta cocinar, lo decía hasta su madre. Aunque de las madres nunca hay que fiarse.

Pero fue por la calle Santander. Y ahora arrastra la compra bajo el sol, con calor, porque hoy hace sol, calor, aunque ayer hacía frío.

A Angelines ya no se le cae ninguna sonrisa. En todo caso, se le cae el alma a los pies.

No me doy cuenta, y la colilla casi me quema los dedos. La tiro al suelo. Durante un segundo pienso que no debería haberla tirado al suelo, que está feo. Pero solo es un segundo.

Quisiera meter la mano en los bolsillos, subirme el cuello del abrigo, y caminar pensativo. Es lo que mejor le venía a estas líneas. Y un fundido en negro con mi figura encogida, caminando por la calle, hacia ningún sitio en concreto. Pero hace calor. Sol. No tengo cuello, porque no tengo abrigo. Así que camino, sencillamente.

No es un buen día, ya no recuerdo cuando fue el último buen día. Eso sí, hace calor. Sol.

Pero el fundido en negro vale igual.

“Camino calle abajo, o arriba, dependiendo de la relatividad, porque la calle es plana. Y acabamos con un fundido en negro, con mi imagen en el centro, caminando despacio, moviendo las manos al ritmo de mis pasos, sobrepasando a Angelines, cargada con sus compras: patatas y un poco de fruta.”

Fin.

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13 pensamientos en “Angelines fue de compras.

  1. Vidas robadas, vidas cedidas, vidas perdidas…: tentaciones de la mente al juzgar. Al fin y al cabo lo que hay es vidas, vidas diferentes.

    Hay quien cree modelarse la suya por su esfuerzo. Hay quien cree dejarse modelar por su entorno, o no poder evitarlo. Y la vida sigue mostrando, tantas facetas como posibilidades. Y ninguna explicación la explica. Creamos lo que creamos, el caleidoscopio sigue mostrando figuras y cada una es una vida propia, incomprensible sin todas las demás, que son la vida fluyendo…

    Yo también soy Angelines y el observador que no tiene un cuello de tejido para cubrir su cuello de piel.

    Un abrazo.

    • Y en el fondo, Orfeo, creo que todos tenemos algo de Angelines. Unos más, otros menos… unos creen que son libres y toman todas sus decisiones, que no se dejan influir por los demás.
      A lo mejor Angelines vio en su decisión la forma de librarse de su familia a la que detestaba. Y creyó que lo hacía libre, como el viento, libre, pero… en realidad lo hizo esclavizada por sus ascos.
      O a lo mejor solo vio amor.
      Vidas robadas, expuestas en cualquier calle de nuestras ciudades, pueblos, aldeas. Vidas perdidas… aunque aquí entraríamos en una bonita disquisición sobre lo que es una vida perdida, y una vida encontrada.
      Me lo apunto.

      besos.
      muchos.
      envueltos.

  2. Entiendo a Angelines, pero no comparto esa pasividad y esa moral de derrota. Las cosas son de una forma u otra según el camino que elijas, pero siendo siempre sujetos activos en nuestras vidas. Cuando nos dejamos llevar, dejando que todo suceda sin más y que sean siempre los demás los que elijan, casi nunca es la vida lo que uno hubiera querido.

    Un abrazo

    • Pero Pucho, hay gente que no puede hacer eso. Que no puede más que dejarse llevar. Angelines además es una mujer de otra época, en que las mujeres no eran en su mayor parte como las de ahora. Y tampoco era una mujer con estudios, que a lo mejor la hubiera cambiado la perspectiva.
      Entiendo a Angelines.
      Incluso como he dicho antes a Orfeo, soy un poco Angelines.

      besos.
      muchos.
      envueltos.

      • Pues ya lo siento pero no estoy de acuerdo. No es que crea que siempre se puedan tomar las decisiones que uno quiera, libre como el viento, y aunque se pudiera tampoco sería lo más importante, porque podemos equivocarnos, una y mil veces. La propia Angelines podría haber elegido otra de sus posibilidades y haber salido aún peor parada. En realidad las cosas pueden salir mal, tanto las que elegimos como las que nos vienen impuestas, esa no es la diferencia. La diferencia

        • (perdón) La diferencia está en la actitud ante lo que nos pasa. Existen personas capaces de mantener la dignidad pase lo que pase, otros no pueden. No veo dignidad en Angelines, y lo primero que dije es que la comprendo, no todas las personas tienen ese carácter, esa fuerza. Pero no lo puedo dar por bueno, porque el tiempo por si solo no cambia nada. Si las cosas mejoran, si en algo estamos mejor que antes, es porque otros lucharon por mantener esa dignidad a pesar de todo. Asi que, yo no se si seré un poco Angelines, lo que creo es que no quiero serlo.

          Un abrazo y disculpas por lo del comentario cortado ( pifias del movil…)

        • Yo es que Pucho… no se trata de dar por bueno o no a Angelines y su forma de ser. Es su forma de ser. No se trata del marido, o de la sumisión de la mujer… se trata de una forma de vivir, de ser. ¿Qué podría ser de otra forma? Sí… y yo también, y tú… y todos… pero somos como somos.

          besos.
          muchos.
          envueltos.

  3. También Angelines se podría haber plantado en algún momento y decir ¡Hasta aquí hemos llegado! el amor no puede usarse como excusa para toda una vida de desdichas…

    • Sergio, yo creo que Angelines dejó de amar a su marido 15 días después de casarse. Pero… eran otros tiempos y muchas mujeres no sabían hacer otra cosa que tirar con lo que se suponía que era su papel en la vida.
      A parte, son formas de ser… bueno…

      besos
      muchos.
      envueltos.

  4. Esta si es una de esas historias que le dejan a uno con el alma encogida. Es como haber desperdiciado la vida, haberlas tirado al suelo como esa colilla que casi te quema los dedos, y haberla pisoteado… Algunos errores se pagan muy caros.

    Un abrazo.

    • PFE, algunos errores se pagan caros, sí.
      me ha gustado lo de la colilla, quemarse los dedos, y pisotearla en el suelo.

      besos.
      muchos.
      envueltos.

  5. ¡Pobre Angelines! Lo peor es que hay muchas Angelines. Indudablemente nadie quiere verse reflejado en ella. Nadie quiere ser sumiso, ni pasivo, pero las cosas desde fuera se ven diferentes que desde dentro. Una cosa es la teoría y otra la práctica, y lo último que necesitan estas personas es que las juzguen, porque eso lo hacen ellas mismas todos los días y de peor manera posible. Y comparto lo que he leído por ahí arriba, todos tenemos un poco de Angelines. Si no es en el amor, tal vez sea en el trabajo o en otro ámbito de nuestra vida. Seguimos una rutina que no nos hace felices y no sabemos salir de ella.

Sería interesante que nos dijeras algo. ¡Comenta!

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