Silencio.

Y llegas a casa un día, pensando en que la vida es jodida, jodida. Un día de estos que ha resultado uno de estos días en que todo sale mal, y todo es malo.

Un día de estos, cansado de luchar, cansado de escuchar gilipolleces.

Uno de estos días en que no ves a nadie coherente a tu alrededor, y puesto que no lo ves, ni a uno siquiera, al final piensas que el que está pa’llá, es uno mismo, o sea en este caso yo mismo.

Qué pocas ganas de hacer nada, pocas ganas. Ninguna.

Qué pocas ganas de hablar con nadie, ninguna.

Un día para olvidar, precursor de muchos otros días para olvidar.

Un día en que hablar es cansado, suena a inútil.

Un día en que cerraría los ojos para no abrirlos nunca más.

Silencio, silencio…

Silencio.