Quiero escribir, y al final… escribo.

Llevo ya unos días queriendo escribir, pero no sé por donde empezar, o mejor dicho, no sé de qué hacerlo.

Podría desnudar mi alma y hablar del dolor latente y a la vez lacerante que la llena. Del dolor que está ahí dentro, dispuesto a salir en cualquier momento, aunque contenido en la mayor parte de los momentos de cada jornada. Dolor inesperado por la intensidad y por su razón de ser. No me esperaba esto ni este desconcierto que me invade. Pero no sé si estoy preparado para hacerlo, y no sé hasta que punto puede ser bueno o malo, cansino, aburrido, incomprensible hasta para mí mismo.

Preguntas, preguntas y más preguntas que me rondan la cabeza. Ahora hasta tengo pesadillas por las noches. Sueño con arañas gigantes, con cucarachas enormes caminando por entre mis ropas, avispas dispuestas a aguijonearme que no hacen más que dar vueltas sobre mí, cual buitre esperando que el vaquero se muera en medio de la pradera del Oeste, lejano, siempre lejano.

Dudas y más dudas que me desasosiegan. Dudo sobre la vida, sobre aquello, sobre esto, sobre si hice o si callé y debería… dudo sobre la muerte… dudo sobre lo que es ficción y lo que es vida verdadera. Dudo sobre si hay vida verdadera.

Agradecimiento a todas esas personas que se han acordado de mí y que han perdido unos minutos en escribirme, o en llamarme o mandarme un sms. Palabras llenas de cariño, de amor, y posiblemente injustas por demasiado complacientes conmigo. No me lo merezco. Pero sientan bien y os las agradezco. Sois grandes.

Quizás deba escribir sobre ello, y hacerlo de las mil formas que se me ocurren cuando voy a trabajar. A veces alguna de esas formas de contar, de sentir en el papel se mezclan con otras historias de otras gentes que se cruzan en el camino.

No sé lo que es mejor, o peor. No sé lo que debo hacer, ni lo que quiero escribir, ni lo que quiero sentir.

Se trata de sentir yo creo. Es… bueno es algo que la mayor parte de las veces intentamos soslayar. Hay tanto bruto por ahí que en realidad esconde un mar de sentimientos que brotan de su corazón pero que debe reprimir, o sencillamente lo reprime, porque no conviene, porque duele, por el qué dirán, por si… por tantas razones, cada uno tiene las suyas… las tiene o se las inventa, qué más da.

Se trata quizás de conocer a la gente, a los demás. Es una pena porque no conocemos una mierda al que tenemos al lado. A veces no nos conocemos ni nosotros mismos, porque ponemos tanto empeño en ser distintos a lo que somos, que nos olvidamos de nuestra esencia. Nos olvidamos de que nos gusta la poesía, de que nos gusta escribir, de que nos gusta querer a la gente, de que amamos el ajedrez, o las carreras de canicas… perdemos el norte, perdemos el conocimiento de lo que es primordial para nosotros. La importancia de las cosas, como dice el título de una novela de Marta Rivera de la Cruz, gran novela para mi gusto. Lo sé, me repito.

El caso es que al final he escrito algo y no he dicho nada apenas. No he llegado a ninguna conclusión, ni he desarrollado un tema, ni siquiera he desarrollado varios, como suelo hacer.

No sé como acabar esto; vale, tampoco sabía como empezarlo.

Quizás podría imaginarme como lo haría alguno de mis personajes. Quizás podría llamar a Ebro para que me ayudara. Ebro, un chaval lleno de vida, de ganas de sentir, de amar, que atrae a los seres mágicos que sí, están en cada esquina. No, ya sé que muchos no podemos verlos, o que lo hacemos solo en contadas ocasiones. Pero existen. El abuelo de Ebro lo sabe, lo siente, los ve. Él es viejo pero no ha perdido la magia, aunque algunos días piense que sí.

Ebro sonreiría. Nos miraría a todos, de esa forma especial que tiene de mirar, con esos ojos grandes y abiertos, profundos. Y quizás escribiría una obra de teatro, de títeres, como la que hizo por Navidad. Y traería al paje perdido del Rey mago, y traería el recuerdo de su tío Ernesto, el que murió, y vería a su hermano Enrique disfrutar por primera vez del amor de otro chico, rodeados de un grupo de música que tocaría un bello vals, o una bonita canción de amor… “bailar pegados es bailar”, porque bailarían pegados… y todos los personajes, y su magia, harían una reverencia al público, al final de la obra, y nos recordarían que pese a todo, pese a todos, todo va a ir bien.

– La magia existe, Jaime – me diría Ebro con esa voz que le está cambiando y esos ojos que ojalá no cambien nunca.

Y yo quizás suspiraría y sonreiría con tristeza, porque a lo mejor ese día, hoy, incluso mañana, no sería capaz de ver la magia. Aunque ahora que lo pienso, todo esto, se lo debo a la magia. Si no la pudiera sentir, quizás todo sería más sencillo, más llevadero. Pero sabes, mi amor, sin esa magia creo que no sería capaz de vivir.

Ebro sonríe. ¿No lo veis? Aunque él y yo sabemos que lo peor está aún por llegar. Aunque espero que me coja de la mano y me mire con esos ojos enormes, para que me sirva de báculo y evite que me estrompe en cualquier pequeño desnivel del camino que me toca andar cada día.

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8 pensamientos en “Quiero escribir, y al final… escribo.

  1. Dolor, preguntas, dudas… cierto caos vital que parece abarcarlo todo, con su vértigo consiguiente… y sin embargo, aunque lo parezca, aunque uno lo necesite, la vida no se detiene ni un instante y, menos aún, las emociones…

    Sí, sentir es una gran clave, porque el sentir es una percepción del estado de nuestro mundo, un mundo que hemos arreglado de acuerdo a muchos parámetros condicionados, hasta el punto de crear uno cada vez más ajeno y distante de nuestras cualidades reales. Y esa percepción, a base de lentes artificiales, termina cubriendo más que desvelando…

    Cuando llegan estos terremotos, con su posterior tsunami asociado, junto al dolor sucede algo extraordinario: las lentes se descolocan y, durante un tiempo, la percepción puede observar aquellas reservas ocultas que son, sin embargo, lo más nuestro. La inercia lleva a reconstruir el sistema de lentes para recuperar lo conocido y superar el vértigo… pero si podemos aguantar un poco esa náusea y centrar nuestra atención en lo que solíamos mantener oculto, quizás y sólo quizás, encontremos las fuerzas para afirmar quienes somos, más allá de correcciones o conveniencias sociales. Y si ese es el caso, el dolor será vehículo de autoconocimiento y renovación. Si no, quedamos a expensas del lento camino del anestésico temporal.

    Lo siento, Jaime. Sé que las palabras aportan poco o nada en ciertas circunstancias, pero ahí están. Yo tampoco sabía qué iba a decirte y esto es lo que salió. Fruto de mis vivencias, sin duda, que tras diversos dolores que te dejan vacío y exhausto, me llevaron a poder mirar un poco más allá del dolor y a descubrir auténticos nuevos mundos…

    Sigo animándote a expresar lo que tu sentir te dicte y, si te parece, contar con nosotros, cuya escucha crea un paisaje afectivo por el que puedes caminar en confianza. Y eso es magia, la magia siempre activa del mundo de la amistad.

    Un abrazo cariñoso.

    • Me ha gustado especialmente ese punto que dedicas al final a la amistad: “La magia de la amistad”.
      Ojala sirva todo esto para hacer descubrimientos positivos. Para descubrir una mirada nueva hacia el futuro, campos nuevos, nuevas aventuras. De momento estoy un poco atascado, pero… confiemos en la Magia.
      Sentir, es una caca. Ya, sé que es poco poético pero… es lo que hay.
      Muchas gracias por tu amistad, tu apoyo y tu tiempo. Y por tu inspiración.

      besos.
      muchos.
      envueltos.

  2. A pesar de los pesares la vida sigue i hay que vivirla sabiendo aceptar como viene… Aunque dicen que uno no ha aceptado un hecho hasta que no lo sueña, y a mi estos hechos me ha costado a veces meses que apareciera de alguna forma en uno de mis sueños.

    Esperemos que vayas recuperando poco a poco ese ánimo que te intenta transmitir Ebro.

    Un abrazo.

    • Peace for ever, quizás a mi me ha pasado al revés: lo soñé antes de que ocurriera, y quizás por eso, todavía pienso que todo es un sueño, que no ha ocurrido en realidad, o que es uno de mis relatos pendientes de escribir.

      Me agarraré a Ebro. Es un chico genial.

      Gracias por todo, PFE.

      besos.
      muchos.
      envueltos.

  3. Sabes que soy práctico y prefiero decir que soy realista mas que pesimista. Veo las realidades como son, no como me gustaría que fuesen. Y acepto reglas de juego de la vida, del destino, de las circunstancias.

    Sucede que si alguien normalmente anda con pasos inseguros y vacilantes, ¡cuánto mas le costaría continuar su camino si tuviese que andar entre tembladerales!. Y esto es lo que está aconteciendo en los tiempos que nos está tocando vivir.

    Por supuesto que cuesta, que se sufre mucho mas que de costumbre, que todas las palabras de aliento y consuelo resultan insuficientes. Y a veces hasta nos parecen tonterías. Nos dan ganas de contestar “Dices eso porque no estás en mi lugar. ¡Ya te quisiera ver si tuvieses que pasar la que estoy pasando yo!”

    Así es, Tato. Solamente queda por desearte muy profundamente que puedas ir encontrando alivio. El destino nos quita, y solamente el destino ,puede volver a darnos.

    Te envío un abrazo virtual con mis mejores deseos.

Sería interesante que nos dijeras algo. ¡Comenta!

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