Él.

Siempre estaba en su cabeza. No podía olvidarlo. ¿Quería? ¿Quería pasar página?

Era una pregunta que no estaba en la lista de preguntas a realizarse. Otras preguntas sí estaban:

¿Por qué?

¿A dónde?

¿Quién?

Ese día en que Bruno hizo las maletas y se fue sin decirle siquiera a dónde iba. Sin darle una explicación. Sin decirle si acaso que le había dejado de querer.

Esas preguntas sí las hacía.

Pero no hoy, ahora. Ahora tocaba recordar. Sentir.

Apartaba la sábana de su cuerpo, para sentirse libre, para sentir el contacto del aire directamente sobre su piel. Cerraba los ojos y solo con ese gesto, ya se le ponía dura. Dura, dura.

Se retorcía en la cama restregando sus muslos, su espalada, su culo sobre la cama. Así hacía con él. Él le iba rozando con sus dedos, aquí, allí, un poco más abajo, y él se retorcía. Luego le echaba una gota de vino en el ombligo, y bebía, otra gota en el pecho, y bebía, una más en la frente “No te muevas que te va a los ojos”, y él esperaba y esperaba, y desesperaba: le notaba a su lado, notaba su respiración, podía sentir su sonrisa aunque tuviera los ojos cerrados. Y cuando la gota empezaba a moverse camino de uno de los ojos el se abalanzaba con su lengua fuera para recogerla en su caída. Y aprovechaba y besaba los ojos que seguían cerrados, y… ya empezaba a recorrer su cuerpo. Daniel no se movía, o mejor dicho, no hacía nada, mantenía los brazos hacia arriba, dejando expuestas sus axilas, sus manos hacia arriba mientras Bruno buscaba respuestas en su cuerpo, buscaba sabores con la nata, con el sirope de chocolate, con el vinagre en la ensalada, con su miembro palpitante… duro, duro y Daniel restregándose para aumentar el placer… los ojos cerrados… sintiendo la respiración de Bruno…

No podía olvidarlo. Es más, le gustaba recordar. Ahora debía cambiar un poco la rutina, esa rutina tantas veces repetida y gozada. Ahora era él quien debía bajar uno de sus brazos hasta su miembro y masajearlo suavemente. Y bajar la otra mano, y rozar su pecho, los párpados, las orejas, sus pezones, juguetear con su ombligo…

Pero todavía era pronto. Tenía toda la tarde.

¿Por qué Bruno?

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5 pensamientos en “Él.

  1. Esas historias rompen el corazón ¿Cómo puede alguien irse sin la menor explicación cuando ha habido una vida amorosa intensa?

    Me encanta como escribes. Ya se que me repito, pero no lo puedo evitar.

    Un abrazo.

  2. Tu historia hace que me plantee muchas preguntas. Esa incógnita entre si quería o podía olvidar ha hecho que me pregunte si realmente el olvido es un acto voluntario, si de verdad podemos evitar recordar, o si muchas veces en las que aseguramos haber olvidado algo o a alguien, tan sólo estamos jugando a esconder los recuerdos.
    Me pregunto que hace que unas personas pasen por nuestra vida sin más y el recuerdo de otros se vuelva eterno.
    Con este chico he tenido la sensación de que por mucho que sus preguntas encontraran respuesta, no dejaría de recorrer una y mil veces el mismo camino intentando entender el por qué, ni dejaría de buscar refugio en el recuerdo de esos instantes de felicidad que vivieron juntos.
    Esto me recuerda algo que leí hace poco, decía: ” La primera persona de la que me enamoré marcó mi vida, los que vinieron después fueron actores secundarios en una función ya escrita”.

    Gracias por el relato

    Un abrazo

    • Pucho, yo creo que a veces podemos olvidar y olvidamos, a veces decimos que queremos, pero en realidad nos aferramos a esos recuerdos, porque pensamos que nada mejor va a llegar nunca… eso enlaza con la frase que citas, que yo también he escuchado en algún sitio.
      ¿Por qué nos marca alguien? a lo mejor porque era una persona extraordinaria, porque conseguimos una relación que nos llenaba, o porque nos aferramos a él y su recuerdo como tabla de salvación, o como excusa para no afrontar nuevos riesgos. Quizás es una cuestión de momentos, cada uno tendrá una respuesta distinta, quizás una diferente proporción de los distintos ingredientes; como siempre, los grises y sus gamas.
      Yo creo que este chico no quiere olvidar, aunque se mienta a sí mismo. No quiere dejarle marchar, ni siquiera posiblemente quiera saber el por qué, aunque lo proclame a los 4 vientos. No quiere respuestas en realidad porque le asustan.

      besos.
      muchos.
      envueltos.

  3. Pingback: Propuestas de Pucho para el recopilatorio del 4º aniversario. | el rincón de tatojimmy v.2.0

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