El 5º retazo de la vida de Álvaro.

Todos los rechazos. Pincha.

5º retazo.

Hacía frío. Vaya qué sí. Cuando le echaron de la casa, ya podría haber cogido algo más de abrigo. De abrigo, y algunos calzoncillos, o calcetines, o quizás… pero no estaba acostumbrado a pensar en esas cosas.

Se arrancó del pómulo la última lágrima que se había quedado helada.

Intentó cerrar los ojos, por si así evitaba que se escaparan más, pero sintió una torta en su mejilla, un buen sopapo en realidad, y no le quedó más remedio que abrirlos. Y mucho, por la sorpresa y el canguelo.

– Estúpido, va a llover, ¿no lo ves?

Un señor enjuto, con barba de ni se sabe, rasca, rasca, y mirada libidinosa, se inclinaba sobre él con cara de malas pulgas. Y daba miedo… la mirada y su apostura. Y en realidad no tenía ni media hostia, pensó Álvaro.

– Mierda de crío, la palmarás y luego vendrá la pasma y su puta madre a tocar los cojones.

– Yo… – balbuceaba Álvaro sin sentido.

– ¿Me haces una mamada?

El hombre lo miraba con la cabeza de medio lado y una sonrisa socarrona en los labios.

Álvaro se echó hacia atrás, acurrucándose más si cabe, apretando sus piernas sobre su pecho y cerrando con sus pies descalzos.

– No soy de esos – murmuró con pánico.

– Yo tampoco niñato, pero cojo el sueño mejor.

Y se rió a carcajadas.

Nota:

Que esto queda ahí por el finde. Pero que otro día, el lunes por ejemplo, llegará el 6º retazo. Quizás lo vas a escribir tú.

O tú.

Venga.

Recuerdo de nuevo la semana del libro. Y pensando la del cine.

Se os acumula el trabajo… y no me vengáis con timideces tontas.

hummmmmmm.

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2 pensamientos en “El 5º retazo de la vida de Álvaro.

  1. Notó unos dedos cálidos sobre su yugular y como le cubrían con una manta. Recordó la sensación que le producía cuando su madre le arropaba por las noches cuando empezaba a conciliar el sueño. Esperó la dulce sensación del beso que le daba su madre en la frente antes de irse, los que sintió era que alguien le sacudía suavemente el hombro. Abrió los ojos.

    – ¿Estás bien? -Le pregunto un hombre de uniforme.

    – Tengo mucho frío.

    – ¿Quieres que te llevemos a un albergue municipal?

    – ¿Y eso qué es?

    – Un centro donde te pueden acoger mientras no encuentras un techo, però tiene unas normas muy estrictas…

    – Te obligaran a ducharte y cambiarte de ropa…

    Se quedó con aquellas palabras, ropa limpia, una ducha ¿con agua caliente? preguntó

    – Sí claro.

    – Pues ¿a qué esperamos?

    El policía municipal le ayudó a incorporarse y lo acompañó hasta el coche patrulla.

Sería interesante que nos dijeras algo. ¡Comenta!

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